Estudiando
3.Behaalotejá
El Libro de Bamidbar (Números)
+100%-

Estudiando 3 pesukim (versículos) sobresalientes

Behaalotjá VIII 2
2 – «HABLA A AHARON Y DILE: CUANDO ENCENDIERES LAS LIMPARAS, HAN DE ALUMBRAR L4S SIETE LAMPARAS HACIA LA PARTE ANTERIOR DEL CANDELABRO .

2 – CUANDO ENCENDIERES LAS LAMPARAS: Rashí explica por qué el capítulo de los candelabros sigue al de los Príncipes. Cuando Aharón vio las ofrendas inaugurales de los Príncipes se entristeció por no haber participado en eso con ellos, ni él ni su tribu. Pero el Santo, Bendito Sea El, le dijo: «¡Por tu vida, tu función es más importante que la de ellos, porque a ti te corresponde encender y mantener las lámparas!» Najmánides se sorprende de esta explicación de Rashí. » ¿No era ésta una consolación suficiente para Aharón, de ofrecer el incienso de mañana y de tarde así como también todos los sacrificios, sobre todo el de Yom Kipúr, en que era el único que podía validarlo? Asimismo Najmánides cita un Medrásh de donde se deduce que el Eterno reservó para Aharón unas Mitzvót que no caducarían por el hecho de la destrucción del Templo, tales como las luces de Janucáh inauguradas por los Sumos Sacerdotes Jashmonaím – o la bendición de los Cohaním.

HACIA LA PARTE ANTERIOR DEL CANDELABRO: Las consideraciones del Medrásh Tanjumáh sobre la Sidrá comienzan por la evocación de las materias autorizadas para las luces del Shabbat, de manera notable para subrayar la excelencia del aceite de oliva, que la Toráh declara apreciar de modo particular repetidas veces; sin duda, otros aceites son también permitidos, pues «¿qué hacían los habitantes de una determinada población si se les prohibiese cualquier otro aceite que no sea el de oliva, y no lo consiguiesen en su región?»; pero el aceite de oliva tiene preferencia (Oraj Chayím 246,6), como se desprende de los diferentes lugares en los que la Toráh habla de ello: Exo. XXVII, 20 y Lev. XXI V, 2.

HAN DE ALUMBRAR LAS SIETE LAMPARAS: Según Rabí A. Ibn Ezrá, esto enseña que la Palabra Divina se dirigía a Moshé incluso de noche puesto que la luz brillaba allí de manera permanente. Pero Najmánides expone que Rabí A. Ibn Ezrá no parece haber comprendido la explicación de nuestros Sabios acerca de las visiones de Moshé, a quien las revelaciones no le habían sido dadas en sueño, lo cual no impide – como lo indica Don L Abarbanel – que las haya tenido en la noche sino en estado de vigilia, como ocurrió durante los cuarenta días y cuarenta noches en el Monte Sinái.
Aquí no se hace mención de la Tienda de Reunión, a fin de que no se crea que la luz del candelabro se había hecho necesaria allí por la ausencia de ventanas y que su uso se hacía innecesario dentro del Santuario, que si bien estaba provisto de ventanas, éstas eran angostas (I Reyes VI, 4) en el interior y anchas en el exterior: las mismas disposiciones, tomadas dentro del Tabernáculo, son también válidas para el Santuario.
Las siete lámparas que deben proyectar la luz de la palie anterior del candelabro han suscitado la siguiente explicación en el Medrásh: «Moshé encontró grandes dificultades en la comprensión de las ordenes relativas a la ejecución de la Menoráh. Finalmente, Dios le mostró una Menoráh de fuego que El había elegido sobre el Monte Sinái» (Exo. XXV,40 ver Com. ibíd.).

Los «siete brazos» representan las siete ciencias que formaban a lo largo de la antigüedad el summun de la Sabiduría. Porque está escrito: «La Sabiduría se edificó su casa, esculpió sus siete columnas» (Prov. IX, l). Las siete ramas de la Sabiduría eran la teosofía, la filosofía, la alquimia, la astrología, las matemáticas, la música, y las ciencias naturales. Estas siete ramas brillaban delante del candelabro. Moshé no podía comprender cómo estas siete ciencias, cuyo objeto es material, físico y semi-intelectual, llegaran a alcanzar la cúspide de la metafísica donde se sitúa Dios.

También le fue mostrada la Menoráh de fuego sobre las alturas de la montaña. ¡Quizás tenemos aquí la confirmación de lo que Najmánides ha dicho a propósito de estas ciencias! La Sabiduría está hecha de tal manera que ella llega gradualmente a su propósito. Pues las siete ciencias son como una escalera que se eleva hasta el Eterno para aquel que las sube con persistencia. Entonces, la serie de siete ciencias aparecía frente a la parte anterior del candelabro brillante de luz. (Tratado Torat Hashem Temima pág. 155, Ed. Cheval).


Behaalotjá VIII 7
7 – Y ASI HABRAS DE HACERLES PARA PURIFICARLOS; ROCIA SOBRE ELLOS AGUA EXPIATORIA, QUE PASEN LA NAVAJA POR TODO SU CUERPO, LAVEN SUS VESTIDOS Y SE PURIFIQUEN.

7 – ROCIA SOBRE ELLOS AGUA EXPIATORIA. Rashí precisa: «De las cenizas de la vaca bermeja que se quema para los impuros que tuvieron contacto con muertos». Esta purificación era necesaria porque los Levitas se habían vuelto impuros al obedecer, después del pecado del «becerro de oro», la orden de Moshé que les decía: «¡Poned cada cual su espada sobre su muslo y pasad y volved a pasar de puerta a puerta por entre el campamento, y matad, aunque sea cada uno a su hermano, a su amigo, a su pariente!» (Exo. XXXII, 27). Entonces ellos se volvieron todos impuros, requiriendo por lo tanto el agua expiatorio. Se trata aquí de la primera de las dos aspersiones exigidas; la segunda, la del séptimo día (Núm. XIX, 12), es reemplazada de manera singular por la acción de la navaja sobre todo el cuerpo (ver Rashí y Com. VII, l).

QUE PASEN LA NAVAJA POR TODO SU CUERPO. Rashí declara: Yo encontré dentro de las palabras del Rabí Moshé Hadarshán [el Predicador] que: «Los Levitas se convirtieron en el precio de rescate de los primogénitos que se habían entregado a la idolatría este rescate es designado bajo la expresión: y comieron sacrificios ofrecidos de los muertos» (Salm. CVI,28) y el leproso igualmente es llamado «muerto» (Núm. XIX,12): de donde proviene la obligación para ellos (los Levitas) de rasurarse como si fuesen leprosos «.
Según Rabí S. R. Hirsch, el rasurarse significa el despojo de todo sentimiento egocéntrico en el momento de la ascensión de la personalidad al nivel de la integridad moral. Notamos, sin embargo, que esto ha sido prescrito solo para la investidura y dicho mandato jamás se ha vuelto a renovar.
La teoría de los Maestros del Jasidismo es la siguiente. Uno de los servicios particulares de los Levitas consistía en cantar acompañados de instrumentos musicales. La atracción y el entusiasmo llegaban a ser tan grandes que sus almas gozaban y todo lo que concernía a los órganos del cuerpo [al mundo físico] resplandecía. También sus cabellos fueron completamente rasurados. Pero esta tonsura al ras no fue en su honor, pues, es la barba la que da majestad al hombre. El entusiasmo no debe manifestarse en el exterior, sino abrigarse en el interior del alma.
Nosotros encontramos que rasurarse la cabeza es una Mitzváh en ciertos casos bien definidos: tal es el caso de los tres tipos de personajes nombrados (Negaím XIV,4) el Nazír, el leproso y el Levita.
Hay importantes diferencias entre esta teoría y las razones reveladas por la Cabaláh. La explicación del Zóhar, en efecto, se refiere a la antítesis que hace distinción entre el Sumo Sacerdote y los Levitas. Los Sacerdotes se apoyan sobre la rama del (Jésed, del amor. su cabellera y sus barbas majestuosas son señal de su honor. Los Levitas, por su lado (Dín, eran los ejecutores del castigo Divino sancionador del pecado del «becerro de oro » «los que dijeron a su padre y a su madre: No te conozco; y a sus hermanos no consideraron, y desconocieron a sus hijos, por haber guardado Tus palabras, por haber observado Tu alianza » (Deut. XXXIII,9). Debido a que no hacía siquiera un año, desde que había ocurrido este sangriento episodio, y que por otro lado los Levitas debían ser en el futuro los Maestros de los Judíos; con en el fin de delegarles el servicio de los sacrificios, era necesario transformarles del todo. En el momento de su investidura debían convertirse en otro hombre; de allí la obligación de rasurarse todo el cuerpo y de ofrecer su propio sacrificio de expiación. El Sumo Sacerdote representando al príncipe del amor, debía «mecerlos» delante de Dios, y finalmente, los hijos de Israel debían imponer sus manos sobre ellos [sobre la ofrenda]; esto para protegerles del riesgo de venganza [de los familiares de los muertos (Exodo XXXII, 27)], y para permitirles asumir su papel delante del Eterno. Así se puede comprender que el procedimiento utilizado con respecto a los Levitas sea llamado (Taharáh) que quiere decir «purificación, «y no (Kedushá), que significaría «santificación «, como era el caso con los Sacerdotes.

El Zóhar agrega que cuando Kóraj vio a Aharón y el aspecto de dignidad que le confería su larga barba, aunque él mismo estaba completamente rasurado, le asaltó la envidia y fomentó su rebelión.


Behaalotjá IX 19
19 – Y CUANDO LA NUBE SE DETENIA SOBRE EL TABERNACULO MUCHOS DIAS, LOS HIJOS DE ISRAEL GUARDABAN LO DISPUESTO POR ADONAI Y NO SE MOVIAN.

19 – Y CUANDO LA NUBE SE DETENIA SOBRE EL TABERNACULO MUCHOS DIAS. Rabí S. R. Hirsch comenta: » Esta es la escuela [enseñanza] de la migración en el desierto y de la cual debemos haber adquirido para siempre la devoción que nos hace seguir a Dios a todas partes. Porque los desplazamientos de la columna Divina parecían incomprensibles a nuestros padres; se trataba a veces de abandonar rápidamente un lugar que les era querido, y había que aceptar con valor siempre renovado las órdenes de Dios, dejándole constantemente el cuidado de dirigir su existencia, aunque fuera para ir tras fines absolutamente extraños y por caminos inconcebibles «.
Pero si se observan más de cerca los versículos 17 al 22, uno se da cuenta de que era la espera confiada lo que constituía la prueba más dura: el hecho de permanecer largo tiempo en un mismo lugar es, en efecto, la evidencia de la (shemirát mishmarót Ado-nái – la prueba de una obediencia particular – era la práctica de esta virtud, la tranquila y serena confianza en Dios, de lo que el Pueblo tenía mayor necesidad para emprender las migraciones del Galút (exilio) a través del «desierto de naciones», como lo llama el Profeta (Yejezkél XX,35); tendría necesidad de ella por muchos años, antes de alcanzar el fin sobre el cual dice el Profeta Jabakúc (II, 3) [im yitmahméhah ajaké lo… si se demora lo esperaré]

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