Estudiando
2.Tzav
El Libro de Vaikrá (Levítico)
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Estudiando 3 pesukim (versículos) sobresalientes

Tzav VI-6
El fuego ha de arder perpetuamente sobre al altar; no se apagará

6 – EL FUEGO HA DE ARDER PERPETUAMENTE SOBRE EL ALTAR. Rashí recuerda la interpretación del Talmúd Yomá 45b: Todo fuego (utilizado en el Santuario) debe estar siempre encendido (del brasero del altar), dónde jamás se apagará. Es pues en el brasero del altar exterior que se encenderán las luces del Candelabro de oro (Exo. XXVII,20), asi como los carbones destinados a hacer humear el incienso el día de Kipúr (Lev. XVI,12). La espiritualidad más alta de nuestra vida, concluye Rabí S. R. Hirsch cuyo símbolo son la llama del Candelabro y el incienso del día de Kipúr, tiene su raíz en la devoción a la Ley Divina, cuyo emblema es el altar del Señor. No hay elevación en el espíritu ni exaltación en el amor sin el sacrificio ofrecido en el altar del deber.

NO SE APAGARA (EL FUEGO). El fuego hace alusión a la Palabra Divina, según Yirmiyáhu XXIII,29. Ahora bien, este fuego es inextinguible e incandescente. Ni siquiera un pecado, no podido atenuar la fuerza y la luz de la Toráh, expresiones de la Palabra Divina. Ciertamente, precisa el Zohar, un pecado puede eclipsar una Mitzváh, pero ésta jamás se pierde enteramente en aquellos que obtienen sus fuerzas en las fuentes de la Toráh.

Tzav VII-37
37- TAL ES LA LEY DEL HOLOCAUSTO, Y DE LA OFRENDA VEGETAL, Y DE LA OFRENDA POR EL PECADO, Y DE LA OFRENDA POR LA CULPA, Y DE LAS OFRENDAS DE LAS CONSAGRACIONES, Y DEL SACRIFICIO PACIFICO,

37 – Y DEL SACRIFICIO PACIFICO. El Medrásh acentúa el hecho de que los sacrificios de shelamím colocados aquí al final de la enumeración, y este hecho se reproduce en Números XXIX,39 después de la enumeración de los (korbanót tzibúr), sacrificios ofrecidos por el conjunto de la comunidad. La paz aparece así como el supremo objetivo, dado que los shelamím, cuyo nombre deriva de shalóm, paz, están destinados a restablecer la paz entre la criatura y el Creador, entre el hombre y su prójimo, entre el individuo y su conciencia. Para nuestros Sabios la paz no es un simple don de la creación ni una le de la naturaleza. No es más una doctrina moral del y pacifismo a ultranza, que vuelve a buscar la paz a no importa qué precio, fuera el sacrificio de los principios sagrados y la renuncia categórica al empleo de la fuerza. Ella supone, al contrario, un esfuerzo permanente de parte del hombre para llegar al estado en el cual los antagonismos, los conflictos y las contradicciones de la sociedad, al fin se pasan y cuyos elementos de base, se convierten en los componentes de un vasto sistema de armonía universal, coronada por el Reino de Dios en la tierra. Esto es por lo que la paz aparece en numerosas oraciones nuestras (y principalmente la frase (osé shalóm..EL que hace la paz] al final de la Amidáh, del Kadísh y de la oración después de las comidas), como la última bendición (según el Séfer Ha-Ikatím IV, 51). Rabí Yehoshúa Ben Leví la compara con el fermento en la pasta, la considera como el elemento promotor del movimiento y del progreso en el seno de la sociedad

Después que la paz y la armonía que reinaban en el Paraiso fueron eliminados, como consecuencia del pecado original, los hombres tienen la tarea permanente de reconstituirlos en su esplendor inicial y de consagrar a esta tarea, lo mejor de ellos mismos. La paz continúa siendo el gran ideal universal, cuya realización depende de la voluntad de los hombres y de la bendición Divina.

Tzav VII-38
38 LA CUAL ADONAI PRESCRIBIO A MOSHE EN EL MONTE DEL SINAI, EL DIA EN QUE MANDO A LOS HIJOS DE ISRAEL QUE PRESENTASEN SUS OBLACIONES A ADONAI, EN EL DESIERTO DEL SINAI

38 – LA CUAL ADONAI PRESCRIBIO A MOSHE EN EL MONTE SINAI

EL DIA EN QUE MANDO. (biyóm tzavotó) Esta fórmula nos enseña, concluye la Ley Oral, que el servicio de los sacrificios no debe tener lugar sino de día. No es válido por la noche ( Meguiláh 20b).
El día es el espacio de tiempo en el que el espíritu humano, está plenamente despierto y en el que el hombre despliega libremente sus fuerzas para dedicarse a la lucha por la existencia. Es en esta época de claridad espiritual, de fuerza moral y de libertad de acción, que el hombre está llamado a servir a Dios con toda su devoción. El mundo pagano, por el contrario, concibe el Servicio Divino, en los momentos en que el hombre se siente débil, vulnerable, sometido a los poderes ocultos de la naturaleza, es decir, en las horas en las que el crepúsculo y las tinieblas envuelven la creación. Es entonces cuando él debe ofrecer su tributo a las divinidades y clamar por su protección o apaciguar su cólera. Este contraste es característico de las diferencias «del día y de la noche» entre las dos concepciones opuestas. En la visión del Judaísmo, el Servicio Divino se basa en el temor de Dios, pero está deslumbrante de confianza y de serenidad.

Eso de los mandamientos, se lleva a cabo a partir de la aurora y durante el día y se interrumpe casi enteramente con la llegada del crepúsculo y en las horas lúgubres de la noche que los otros quieren, porque el alma es más accesible a las fórmulas místicas en estos momentos. La religión de Israel aborrece el oscurantismo, la ignorancia y la piedad santurrona, la resignación pesimista, el sentimentalismo y el romanticismo religioso. Ella está ávida de claridad y de alegría y eso es por lo que sus Sinagogas, construidas con líneas rectas y claras, están inundadas de luz, mientras que el claroscuro de las iglesias enclaustra los sentidos y el espítitu. Este concepto específico del Judaísmo se encuentra sucintamente resumido en la prescripcion que limita el culto de los sacrificios al día, con exclusión de la noche (según Rabí S.R. Hirsch)

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