Estudiando
2.Naso
El Libro de Bamidbar (Números)
+100%-

Estudiando 3 pesukim (versículos) sobresalientes

Naso V-30
30 – O CUANDO PASARE POR LA MENTE DE UN HOMBRE EL ESPIRITU DE LOS CELOS. Nuestros Rabinos decían: «Que una mujer se una a su marido mientras piense en otro hombre que ha visto en el camino, no hay aún adulterio más grave que ese, como está dicho: «Tú eres adúltera que, en vez de tu marido, tomas a extraños» (Yejezkél XVI, 32)».
«Un rey árabe preguntó un día a Rabí «Akivá: «Yo soy de color negro y mi mujer es negra; ahora bien ella me ha dado un hijo blanco; ¿debo matarle por haberme ella traicionado?» Rabí «Akivá indicó: «Seguramente ella miró los muros blancos, en el momento en que tú te ocupabas de ella, de allí el color de su hijo; si ello te sorprende, acuérdate de la historia del rebaño de Ya-akóv, a propósito del cual se ha especificado que era delante de la blancura de las ramas cortadas que las ovejas se excitaban, etc. (Gén. XXX, 3 7-39) «. El rey árabe reconoció la veracidad de las palabras de Rabí «Akivá, y le elogió. El Eterno da hijos justos a la mujer que se une a su marido con pureza de espítitu (Medrásh Tanj. 7)


Naso VI-3
3 – SE ABSTENDRA DE VINO Y DE LICOR FERMENTADO; NO BEBERA VINAGRE DE VINO, NI VINAGRE DE LICOR, NO TOMARA NINGUNA BEBIDA HECHA DE UVAS, NI COMERA UVAS FRESCAS NI SECAS.

3 – NO BEBERA VINAGRE DE VINO, NI VINAGRE DE LICOR. La Toráh (le) prohibe estas bebidas que embriagan; y así mismo toda infusión de uvas; él ya no comerá uvas, ni frescas ni secas. ¿ Y cuál es la razón de todo eso? Para evitar la fealdad y todo lo que se le parezca, tanto de cerca como desde lejos. (Núm Rabbá X).

NI TOMARA NINGUNA BEBIDA HECHA DE UVAS. En el Talmúd (Tratado Nazír 37b) encontramos dos conclusiones salidas de este versículo que tienden a demostrar: la una, que el gusto de un alimento está identificado por el alimento mismo (taam ke-ikár.. el sabor es considerado como lo sustancial); la otra, que la media medida de un artículo prohibido da como resultado una unidad global prohibida para el Nazír. En realidad, la divergencia de conclusiones no da lugar a controversia: ambas tratan de enseñarnos el mismo principio: probar, asociarse aunque sólo sea con el pensamiento a un pecado, es asimilable al pecado mismo. Por otra parte, vemos (en la segunda conclusión) que alguien que lleva a cabo una operación comercial de buena fe, pero que mezcla el dinero legalmente ganado, con el dinero adquirido con deshonestidad, convierte en ilegal el negocio completo; y eso nos demuestra hasta que punto es necesario prestar atención, aún en las obligaciones para con el prójimo: (hetér mitztaréf leísur.. lo permitido se suma a lo prohibido)


Naso VI-26
26 – ¡QUE VUELVA A TI SU ROSTRO Y TE CONCEDA LA PAZ!

26 – QUE VUELVA A TI SU ROSTRO. Rashí comenta: «reprimiendo Su cólera; » aquel que está indignado contra alguien voltea su rostro: elevar los ojos hacia una persona indica que uno no le desea el mal. Este gesto de paz parece entonces una verdadera (berajáh… bendición] la paz puede resultar de dones naturales, pero si un individuo la desea y un mal prójimo le impide adquirirla, entonces la paz no puede ser más que el efecto de un acto providencial
Es posible también que la intervención providencial se manifieste en el sentido del Medrásh citado más abajo. Está dicho aquí. «que el Eterno vuelva a ti Su rostro» – ¿cómo conciliar estos términos con los que se encuentran en el Deut. X, 1 7 dentro de una inscripción de las cualidades Divinas: «Dios no vuelve Su rostro hacia cualquiera? Dios, responde al Medrásh (Núm. Rabbá XI, 14), no sabría permanecer insensible; pero El no vuelve Su rostro hacia Israel más que si éste hace un gesto que Le sea agradable: si en lugar de contentarte con dar gracias a Dios como lo demanda la Toráh «cuando tú hayas comido y te hayas saciado «, tú lo haces después de haber consumido sólo la cantidad de un olivo o de un huevo, entonces Dios se mostrará benévolo a su vez gratificándote con el más bello regalo que se pueda encontrar sobre la tierra – la paz.

Y TE CONCEDA LA PAZ. Esta bendición se aplica tanto a la paz individual como a la que debe reinar dentro de la familia y dentro de la Nación, e incluso a la paz universal. El ejemplo de esta paz nos está dado en el firmamento que nos rodea; («osé shalóm bimromáv… El que hace la paz en las alturas): Dios instituye la paz entre los millares de estrellas que se encuentran en las alturas, e incluso entre los elementos que son adversarios declarados: el fuego y el agua. Nosotros elevamos nuestra vista hacia los cielos; cada día admiramos esta armonía.
Pero entonces se presenta la interrogante: ¿Por qué dentro del dominio humano la paz figura siempre al final de la oración? Porqué, como es el caso aquí, así también lo es en el «Shemonéh Essré, » el Kadísh, en las Acciones de Gracias después de las comidas; es igualmente así en el caso de la enumeración de los sacrificios, donde los shelamím, son citados al final (Lev. VII, 3 7). La paz aparece como el objetivo supremo, puesto que los shelamím, cuyo nombre deriva de shalóm (paz) cifra están destinados a restablecer la paz entre la criatura y su Creador, entre el hombre y su prójimo, entre el individuo y su conciencia. Para nuestros Sabios, la paz no es un simple don de la creación, ni una ley de la naturaleza; tampoco es una doctrina moral de pacifismo exagerado, consistente en su búsqueda a cualquier precio, aunque sea al precio de abandonar los principios sagrados o de renunciar categóricamente al empleo de la fuerza. Al contrario, ésta supone, un esfuerzo permanente de parte del hombre para llegar a una situación donde los antagonismos, los conflictos y las contradicciones de la sociedad sean por fin superados, y donde los elementos que se encuentran en su base lleguen a ser los componentes del vasto sistema de armonía universal, coronado por el Reino de Dios sobre la tierra. Esta es la razón por la cual la paz aparece en muchas de nuestras oraciones como la última bendición (conforme a «Ikarím IVS]). Rabí Yehoshúa Ben Leví la compara a la levadura en la masa; la considera como el elemento promotor del movimiento y del progreso en el seno de la sociedad. Desde que la paz y la armonía que reinaban en el Paraíso, fueron quebradas a consecuencia del pecado original, los hombres tienen la tarea permanente de reconstituirla en todo el esplendor inicial y de consagrar a esta tarea lo mejor de si mismos. La paz sigue siendo el gran ideal universal cuya realización depende de la voluntad de los hombres y de la bendición Divina.

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