Estudiando
6. Emor
El Libro de Vaikrá (Levítico)
+100%-

Estudiando 3 pesukim (versículos) sobresalientes

«Di-s le dijo a Moshé; habla a los cohanim, los hijos de Aharon y diles: «Ninguno de ustedes se contaminará por una persona muerta entre su pueblo»» (21:1)

PREGUNTA: Dado que dice «emor el hacohanim» -«habla a los cohanim» -las palabras «veamarta aleihem» -«y diles» -son superfluas.

RESPUESTA: Un jasid de Rabí Shneur Zalmen de Liadi, fundador de Jasidut Jabad, dijo una vez que a través de la jactancia había vencido el deseo de transgredir. Toda vez que su ietzer hará (instinto al mal) se le aproximaba, él gritaba «¿No sabes quien soy? Soy una persona prominente, un jasid de un gran Rebe. ¿Cómo puedes esperar que peque?»
Hashem le está transmitiendo dos mensajes a los cohanim, uno general y uno específico. Primeramente, Hashem le dijo a Moshé «emor el hacohanim» -«habla a los cohanim» –«Bnei Aharon» -«recuerden siempre que son los hijos de Aharon. Como hijos de un padre tan prominente deben conducirse de una manera acorde con su genealogía». En adición, «veamarta aleihem» -«diles las reglas de impureza que se aplican a ellos».


«Cuando nace un buey, un carnero o una cabra, estará siete días bajo su madre y y del octavo día en adelante es aceptado como holocausto a Di-s» (22:27)

PREGUNTA ¿Por qué se debe esperar hasta el octavo día después del nacimiento antes de sacrificar a un animal?

RESPUESTA: Ni bien nace un animal está total y completamente formado. El curso del tiempo sólo le agrega tamaño y fuerza. El hombre, sin embargo, está completamente formado en el momento de nacer pero le falta desarrollo. No camina ni habla y está totalmente sin educar. A lo largo de los años de su vida, madura y crece en su servicio a Hashem.
En consecuencia, uno puede pensar que dado que el tiempo no juega un papel tan relevante en la maduración de un animal, éste es apto para el sacrificio a Hashem ni bien nace. La Torá niega esta teoría y requiere esperar hasta el octavo día antes que pueda ser ofrendado.
El significado del número ocho es que asciende por encima de la esfera de este mundo material y físico y alude a lo exaltado y santo. En el mundo natural, el tiempo está basado en una semana de siete días y todos los sucesos están controlados por sheva kojavei lejet -los siete planetas orbitales. Hashem trasciende todo esto, y por lo tanto el número ocho representa Su elevada Santidad. En consecuencia, una vez que el animal llega a su octavo día, es apto para ser consagrado como un sacrificio para Hashem.


«Cuando nazca un buey, o una oveja, o una cabra, estará durante siete días bajo su madre y desde el octavo día en adelante es aceptado como holocausto para Di-s. Al buey y al carnero no degollarán en el mismo día con su cría. Y cuando ofrendaren un sacrificio de agradecimiento… En el mismo día será comido; no dejarán sobrar nada hasta la mañana; Yo soy Di-s» (22:27-30)

PREGUNTA: ¿Por qué después de esas tres leyes consecutivas, la Torá concluye con las palabras «Ani Hashem» -«Yo soy Di-s»?

RESPUESTA: Estas tres leyes parecen contradecirse una a la otra en cuanto al concepto de día y noche. En la primera ley, que analiza el sacrificio de un buey, o una oveja, o una cabra recién nacidos, se nos dice que no puede ser hecho antes del octavo día. Dado que en la ley de la Torá, el día usualmente comienza con la noche precedente, el animal debe ser degollado sólo a partir de la mañana del octavo día (Zevajim 12 a). Por ello la noche es considerada una extensión del día anterior.
Con respecto a la ley de no degollar a la oveja junto con su cria en el mismo día, la Guemará ( Julín 83 a) dice que también se aplica a la noche previa. Así, en este caso la noche es considerada el comienzo del día siguiente.
En el tercer caso, con respecto a comer los sacrificios, está prohibido dejar algo de ellos hasta la mañana, sino que en la noche anterior deben ser comidos. Así, nuevamente la noche es una extensión del día anterior.
En vista de estas contradicciones, uno podría estar desconcertado y por lo tanto ser negligente en observar estas reglas. Por consiguiente la Torá concluye «Ani Hashem» -«Yo soy Di-s» -«Así es como lo prescribí y ustedes no tienen permiso para cuestionarlo».

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