Analizándose
Enseñanzas Generales
Pirke Avot
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Es posible perfeccionar nuestras cualidades

El hombre, por su propia naturaleza, debe constantemente tratar de perfeccionarse a sí mismo. Cuando no asciende en la perfección, está descendiendo. La persona crece o se estanca; no hay punto medio. La vida es como una escalera eléctrica que baja; si uno se queda parado, baja; si uno camina, se queda en el mismo lugar. Sólo si hace el esfuerzo adicional de correr, ascenderá.

Está escrito en la Guemará: “Dijo Rabí Shimón Bar Yojai: ‘Vi gente que vive en constante superación personal en esta vida (Bené Aliá) y realmente son muy pocos’. Si hay mil, mi hijo y yo estamos dentro de ellos. Si son cien, mi hijo y yo estamos dentro. Y si sólo existieran dos, somos mi hijo y yo”.

Cabe preguntar: ¿qué quiso decir Rabí Shimón Bar Yojai con eso? Y además cabe la pregunta: ¿acaso eso es humildad? Aparentemente eso demuestra orgullo y presunción.

La respuesta es: Rabí Shimón Bar Yojai vivía con ese deseo y voluntad de superarse día a día. Y eso no revela presunción, ya que ellos eran personas que sentían estar todavía en constante trabajo de superación, y alguien que se supera día a día manifiesta que todavía no es perfecto; eso precisamente significa “humildad”.

“Así soy yo…”

Mucha gente vive equivocadamente pensando: “Así soy yo y no puedo cambiar”. Esto es un gran error, ya que vinimos a este mundo a superarnos en todos los sentidos de la palabra: mejores seres humanos, más bondadosos, más amables, mejorar nuestra relación con el prójimo, mejorar nuestra habla, etcétera.

¿Cuál es tu proyecto para este año?

Una de las preguntas más recurrentes que hacemos a nuestros conocidos al comienzo de un año nuevo es: “¿Cuáles son tus proyectos para el próximo año?”.

Generalmente, tenemos proyectos sobre nuestras vacaciones, nuestros asuntos comerciales o algún otro deseo que queremos realizar. Pocas veces vemos personas que proyectan mejorar sus modales o perfeccionar su conducta.

Debemos saber que cada día que pasa y no hay en él alguna mejora de cierta virtud o de determinada cualidad, se considera perdido.

Si a alguien le preguntamos su edad, podrá contestar que tiene 30, 40 o incluso 80 años. Pero esa edad es relativa, pues si dice que tiene 30 años, significa que ya no los tiene; es decir, esos años ya se fueron… Pero si aprovechó esos 30 años de vida, ya sea al mejorar su conducta, perfeccionar alguna cualidad buena o haberse deshecho de alguna negativa, etc., entonces sí tiene realmente 30 años de vida, pues en ese tiempo adquirió algo que vale mucho.

¿Hombre o animal?

Hay una diferencia muy grande entre el animal y el hombre, el ser humano.

La palabra “animal” se traduce al hebreo como Behemá. Nuestros Jajamim (Sabios) explican así la raíz de esta palabra: Ba Má, que significa: “¿Qué hay en él?”. Es decir, un animal nunca tendrá aspiraciones de mejorar sus cualidades o conducta. Lo que tiene es lo que es; nunca será mejor ni más perfecto.

Algunos piensan que el hombre es un animal más, pero que se diferencia del resto por su capacidad racional. Sin embargo, eso es erróneo. La mayor diferencia entre el ser humano y el animal es que el primero puede cambiar y mejorar sus conductas, para el bien o para el mal.

Dice el Talmud que un toro que ha corneado tres veces o más merece la pena de muerte.

Podríamos preguntar: ¿por qué no conversamos con él o le enseñamos cómo tratar a los demás y no dañarlos? Sabemos que no es posible, ya que el animal carece de esa facultad de mejorar y perfeccionar sus cualidades.

Pero el ser humano tiene la fuerza de perfeccionar sus cualidades, virtudes, etc. El problema es que, si intentamos corregir a alguien, inmediatamente nos contesta: “Yo soy así”.

Esto es un error que mucha gente comete. Es verdad que podemos tener virtudes malas o pésimas cualidades; pero con esfuerzo y dedicación podemos cambiar radicalmente esas conductas para bien.

Debemos vivir con la mentalidad de mejorar día a día y perfeccionar nuestras virtudes a cada momento de nuestra vida.

Eres capaz de cambiar tus cualidades

El ser humano nace con características especiales, que pueden ser muy malas o muy buenas. Su trabajo en la vida es aprender a explotarlas para bien.

Así dice la Guemará: “Quien nace bajo la influencia de Marte, será un derramador de sangre”. Es decir, tendrá una influencia que le llevará a sentir gusto por derramar sangre. La persona podría utilizar esa característica para hacer lo malo, o para lo bueno, como convertirse en Shojet (matarife) o Mohel (quien realiza el Brit Milá (la circuncisión). Es nuestro trabajo de todos los días utilizar todo lo que tenemos para bien.

Rab Salomon Michan

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