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Erase una vez…bajo un cielo estrellado

La Dra. Laura Shlessinger es Médica y miembro de la facultad de ciencias biológicas de las USC. Graduada en Psicología en la universidad de Perppetime. Ha publicado tres libros, considerados Best-sellers por el New York Times.

Estuve en muchas bodas adorables que unieron a gente adorable en adorables matrimonios con adorables familias. Todos los tenemos ¿Pero estuvieron en una boda en la que ustedes realmente sintieron la magia de una presencia Divina como parte de las nupcias? No quiero parecer exagerada, pero recientemente estuve en una boda en la que, por primera vez en mi vida, realmente sentí que Di-s estaba involucrado.

Soy apasionada con respecto a mi religión, pero para ser honesta, nunca me había sentido amada por D-s, al menos no en la misma manera concreta que un chico que dice “Mamá, te quiero”. Esta boda en particular, llenó en parte este vació dentro de mí.

El matrimonio fue entre un joven rabino jasídico que yo conocía y una jovencita de Brooklyn. Ellos fueron presentados y propuestos el uno al otro. No fueron obligados a nada: se encontraron, hablaron muchas horas, se vieron más, hablaron otra vez muchas horas, hasta que sintieron que valía la pena estar juntos, y entonces tomaron su decisión. Era una pareja hecha en el cielo. Como dijo uno de los rabinos “Son dos almas que fueron designadas en el cielo para unirse”. Y así lo hicieron.

Era mi primera boda jasídica, así que naturalmente formulé un montón de preguntas. Como me fuera explicado, los dos ayunaron en el día de la boda. Es una ocasión feliz pero seria, cuando dos almas son unidas eternamente en una conexión con D-s y toda la humanidad.
Caminé por un pasillo para ver a Dov, el novio, antes de la ceremonia. Lo encontré en una gran cuarto, en medio de un grupo de jasidim. Lo que vi me conmovió profundamente: estaban orando y cantando. El novio no había comido en todo el día, pero estaba concentrado en la plegaria, recitando sus textos. Era una de las más, si es que no era la más importante y relevante transición de su vida. Estaba lo más lejos posible de una “despedida de soltero” de lo que puedan pensar.
Era una verdadera concentración espiritual.

A lo largo de la historia, el pensamiento ortodoxo del judaísmo consideró incompleto al hombre hasta que se casa. Es la mujer la que puede conseguir una conexión más espiritual con D-s. El hombre tiene que trabajar más duramente. Juntos, sus almas están completas.
Otro tema fascinante es el acuerdo pre-nupcial, que no ha variado en los últimos 2300 años, y en el cual el novio le da a la novia todo: su alma, su vida, sus posesiones, todo. ¿Y qué le da ella a camio? Como me gusta decirlo, ella sólo aparece.

Durante este tiempo la novia estaba en un cuarto separado, sentada en una especie de trono. Mis amigos me dijeron que debía felicitarla y darle una bendición. Les contesté que ya la había visto en el ascensor y le había dicho cuan hermosa estaba. “No, no, no” dijeron ellas. “Este es el momento, antes de que la mujer sea desposada, en que ella está más conectada a D-s. Así que si deseas ser bendecida en alguna cosa, el ahora cuando debes pedir que ella te de una bendición. Hoy, ella es una especie de conducto”.

Personalmente, siempre que pienso en pedirle algo a D-s, la primera cosa que viene a mi mente son los niños que he visto en el hospital, enfermos de cáncer. ¡Qué Di-s se apiade de ellos! Por lo demás, no pido nada. Mis amigas se sintieron evidentemente frustradas cuando dije eso, pero no podía pedir nada para mí misma. Así que me acerqué, y sólo conversamos algo en privado.
Al rato el novio fue llevado al cuarto por dos hombres, uno de cada brazo, quienes lo sostenían con firmeza. El novio y yo nos habíamos hecho amigos en Jabad. Cuando lo vi, supe que estaba en un estado totalmente alterado. Era adorable ver la expresión de su rostro, y tenía lágrimas en sus ojos. Evidentemente estaba muy conmovido por lo que significaba ese momento trascendental.
Cuando se aproximó a la novia, cubrió con un velo su cara, con lo cual ella ya no podía ver nada; desde ese momento ella sería llevada, porque de otra manera no podría caminar. Escuchen la interpretación filosófica y espiritual detrás del velo: uno, o una , se casa porque está totalmente atento a la otra persona; el otro, u otra, aparenta ser extactamente lo que queremos. Se ve bien, es esto, es aquello; pero uno realmente no lo conoce. Verdaderamente, no podemos conocer en profundidad tan fácilmente a la gente. Las personas tenemos aspectos ocultos y lleva tiempo que se descubran. Hay lados oscuros en todos nosotros, que no necesariamente mostramos.
Parte del ritual de cubrir el rostro de la novia es que el novio no están viendo a su hermosa novia, sino más bien la totalidad de a lo que él se está comprometiendo de por vida, incluyendo las cosas que no conoce y las que no puede ver.
Ella, a su vez, simbólicamente dejándose llevar sin ver, se está comprometiendo en igual sentido a la misma vida juntos.

La ceremonia es trasladada afuera, con las estrellas brillado arriba. El novio se para bajo la jupá y la novia lo circunda siete veces, como si construyera una fortaleza que es una sólida morada de espiritualidad, de amor y de compromiso. Ese es el poder de la mujer, porque ella está muy conectada con Di-s.
Cuando se une a él bajo la jupá, ella ni siquiera lo besa. Ninguno de los que están mirando arroja nada. Sólo cuando el ritual termina, y ellos entran a un cuarto para estar solos, romperán su ayuno, se tomarán las manos, tal vez se darán un beso. Y será la primera vez que se tocan el uno al otro.

Fue increíble ver cuan especial y sublime es todo el clima que envuelve estas nupcias, realizadas dentro de los antiguos y místicos rituales que son expresados en la Torá, así como en los otros textos sagados, y también es fascinante cuando uno piensa que llevó miles, miles de años crear este profundo y emocionante momento. Allí, bajo las estrellas, realmente sentí la presencia de D-s. Por primera vez supe qué es eso de un hombre y una mujer uniendo sus vidas, a los ojos de D-s. Y yo vi que eso ocurrió


(extraído de la Revista Aieka).
Gentileza gráfico www.kesser.org)


 

Dra. Laura Shlessinger

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