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Crecimiento Espiritual
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Encontrando Tu Pareja

Extraído del libro Donde la Tierra y el Cielo Se Besan. Por Ozer Bergman

“Nuestro lecho es de flores” (Cantar de los Cantares 1:16).

Más arriba dijimos que es posible que no estés acostumbrado a escuchar las palabras “intenso” y “judío” en una misma frase. Es posible que tampoco estés acostumbrado a decir juntas las palabras “yo”, “amor” y “Dios” en una misma frase. Pero amar a Dios es, en verdad, una mitzvá y parte integral del Shemá. Y las “canciones de amor” definen los Salmos del rey David, el libro de plegarias por antonomasia.

El Rebe Najmán hace notar que el anhelo amoroso por Dios es una manera de conectarse con él, al igual que usar los tzitzit y los tefilín o realizar otras mitzvot (Sabiduría y Enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov #24).

Muchos y diferentes son los tipos de amor a Dios – ellos incluyen todos los diversos amores que sentimos por la gente, tal como nuestros padres, hermanos, esposas, hijos, amantes y nuestros mejores amigos. También incluyen diferentes clases de amor, desde el extático “borracho de amor” hasta el quedarte “despierto toda la noche para cuidar al bebé”. El amor de nuestro patriarca Iaacov por nuestra matriarca Rajel (el paradigma Kabalista del amor de Dios por el pueblo judío) provee un modelo de amor que cubre todo el espectro.

Cuando se encontraron por primera vez, Iaacov reconoció la espectacular belleza de la sabiduría y de la fe de Rajel, al igual que su innato vínculo y el hecho de que estaban designados el uno para el otro. Extático ante su hallazgo, inmediatamente selló su conexión con un beso.

Iaacov no sólo expresó su amor con los labios. Su emoción por haber encontrado a Raquel no quedó satisfecha por su breve encuentro inicial. No se inmutó ante la perspectiva de tener que trabajar siete años para ganar su mano, y su deseo por ella no disminuyó cuando lo engañaron y debió trabajar otros siete años más. El amargo frío de las largas noches de invierno y el calor abrasador de los largos días de verano fueron un precio justo que pagar para llevar a cabo su unión con Rajel.

Incluso la presencia de otras esposas en su vida y el bienvenido agregado de hijos no le quitaron nada a su amor por ella. Rajel era la number one de Iaacov, la dueña de su hogar. Apenas se volvieron “una sola carne” con el nacimiento de su primer hijo, Iaacov y Rajel se dirigieron a la Tierra Prometida.

Puedes construir y nutrir una relación de amor con Dios que tenga la misma intensidad y compromiso que la de Iaacov por Rajel. Puedes experimentar la emoción de un “abrazo”, de un “beso”, del “cortejo” y de la unión con Dios que exceden todo placer terrestre. ¿Cómo? A través del hitbodedut. Cada vez que utilizas el hitbodedut para llevar la conciencia de Dios a tu corazón, “uniendo en matrimonio” unas con otras y de la manera apropiada diversas energías espirituales de la Creación, estás trayendo una nueva y más fuerte conciencia de Dios al mundo. Cada vez que utilizas el hitbodedut para apartar tu corazón de la realización de tus propios deseos para cumplir con los de Dios, la Creación -el “hijo” de Dios- vuelve a nacer.

Tu Pareja te echa de menos. Dios está insatisfecho, si así pudiera decirse. Sus incomprensibles poderes no significan nada para él sin ti. Antes de crear la humanidad, Dios ejercitó Su sabiduría y esculpió un planeta y un universo cuyas profundidades de sabiduría y grandeza aún no han sido adecuadamente descritas. Para darle significado, él creó entonces la humanidad, soplando dentro del primer ser humano la capacidad de hablar y de unirse a él. Su primordial deseo es ser tu Pareja.

Dios confía en ti. él sabe que puedes gobernar Su “casa” y realizar un espléndido trabajo. Tanto confía en ti que te da la capacidad de orarle, de pedirle lo que quieras para poder expresar mejor tu amor por él. La plegaria -hitbodedut– se vuelve la fuerza vibrante y dinámica capaz de juntar a ambos en un abrazo apasionado.

Pero a menudo malinterpretamos la plegaria como un pedido, como una práctica sumisa, dependiente y clásicamente femenina. El Rebe Najmán enseña que nuestras plegarias también son masculinas, proveyéndole a Dios, si así pudiera decirse, de “sustento, vestimenta e intimidad” (éxodo 21:10). Tu hitbodedut, cantado con honestidad, proveerá simultáneamente las tres cosas.

¿Somos una pareja? te preguntas.

Cuando Eliezer le contó a la familia de nuestra matriarca Rivka cómo la había encontrado y cómo se había percatado de que estaba destinada para Itzjak, ellos respondieron, “Esta pareja proviene de Dios” (Génesis 24:50). El Midrash interpreta este diálogo de la siguiente manera: ¿Dónde se originó la pareja? En el Monte Moriá, el sitio del Templo. El Nombre hebreo de Dios utilizado en este versículo es el más sagrado de todos, el Tetragrámaton. El Rebe Najmán relaciona este nombre con la perspectiva matrimonial (Likutey Moharán II, 2:4).

Fue con este mismo Nombre de compasión y de unidad que Dios nos tomó como Su novia en el Monte Sinaí, a nosotros, el pueblo judío. Más tarde nos pidió que construyésemos el Mishkán, el santuario portátil en el desierto. Allí, como en el Santo Templo de Jerusalén, Su Presencia Divina, la Shejiná, habitó entre nosotros. Durante más de 400 años, el pueblo judío demostró en el Santo Templo su afecto y devoción a Dios, y allí él mostró Su afecto y devoción hacia nosotros. Hoy en día, esa misma Unión puede alcanzarse en el hitbodedut.

En un sentido muy real, tu hitbodedut puede ser un Santo Templo, un lugar donde la Tierra besa al Cielo. El Santo Templo cumplía una serie de funciones. Era el lugar en donde Dios era capaz de “extenderse” – es decir, se permitía alcanzar y abrazar a Su pueblo y hacer que Su presencia fuera más fuerte y ampliamente sentida. Era el lugar en donde la Shejiná podía descansar y al cual podía llamar “hogar”. Y era el lugar que traía la bendición de hijos al pueblo judío.

El hitbodedut es el ámbito donde puedes ofrecerle a Dios un lugar donde “extenderse”, permitiéndole llegar hacia las profundidades de tu ser mientras tú te cobijas en Sus brazos. Aquí puedes recostarte cómodo y seguro. Aquí puedes sentir que estás “en casa” – ya no necesitas vagar por otros lados esperando obtener satisfacción o sentido. Y aquí es donde tú y Dios pueden multiplicar su descendencia – tus buenas acciones nacidas de su interacción en la Alcoba.

El Midrash pregunta por qué el lugar del Santo Templo es denominado Monte Moriá (moRiIá en hebreo). Porque ello alude a hiRaIon, el embarazo y la fecundidad que él facilita.

El Santo Templo también cumplía otras funciones parecidas a la alcoba. Allí la gente ofrecía agradecimientos, buscaba el perdón y expresaba su aprecio. En síntesis, el Santo Templo era un lugar de amor, un lugar para Dios, para cada judío y para el pueblo judío. Todo judío, incluso aquél que hubiera cometido los errores más graves, siempre podía “volver a casa”, expiar y reparar y volver a comenzar. Lo mismo ocurría incluso con el pueblo como un todo; sus infracciones comunales podían ser eliminadas.

Tu hitbodedut es un lugar para ese amor. También es un lugar de acercamiento, el lugar adonde puedes ir -y estás invitado a hacerlo- si has perdido tu dedicación y has descuidado los fuegos de la pasión. Tantas cosas pueden ir mal en una pareja, pero aun así ellos vuelven a juntarse, a perdonarse, a hacer borrón y cuenta nueva y a volverse a abrazar. Es por esto que necesitas saber que el hitbodedut es tu Alcoba, donde encuentras a Dios en total privacidad.

El Rebe Najmán recomendaba tener un lugar especial para el hitbodedut. Algunas cosas simplemente necesitan ser hechas en privado. Hasta el solo hecho de pasar tiempo en esa habitación es beneficioso (Sabiduría y Enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov #275).

Ozer Bergman

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