Festejando
Januca
Januca: Significado y reflexiones
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Encender la Luz [Tu Luz]

Extraído de Nosotros y el tiempo del Rab Eliahu Kitov

¡Cuán preciadas son las luces de Janucá que recuerdan a la Menorá; del Beit HaMikdash! ¡Y cuán preciada es la Menorá; del Beit HaMikdash, que el encender sus luces equivalía a todos los sacrificios! ¿Qué hace que estas luces -las de la Menorá; y las de Janucá- sean tan preciadas?

Ellas sirven al pueblo de Israel de testimonio que toda la luz y alegría de la cual goza en este mundo proviene sólo de la luz que Di s provee. Aunque parezca tenue en comparación con la de las demás naciones, el pueblo judío desea ser iluminado únicamente con esta luz que ofrece Di s. Sus ojos se alzan hacia el Beit HaMikdash, de donde emana la luz que ilumina al mundo.

Cuando el Rey Shlomó construyó el Beit HaMikdash, hizo ventanas a la Casa que eran traslúcidas y estaban selladas (I Reyes 6:4) -es decir, era anchas por fuera y estrechas por dentro-, para que la luz interior irradiara hacia afuera desde el Beit HaMikdash, y no desde afuera hacia el Beit HaMikdash. Esto nos enseña que el Beit HaMikdash no requería de una fuente de luz externa. Por el contrario, todo el mundo se mantenía a través de la luz que emanaba desde allí.

De igual manera, la Menorá; que encendía el Kohén Gadol cada tarde no era para iluminar el Beit HaMikdash, sino que irradiaba su luz sagrada hacia todos los hogares y las almas de Israel.

Asimismo, Di s también aprecia enormemente este testimonio del pueblo judío -más que cualquier otra de las obras de Su Creación- pues demuestra cómo se aferra sólo a El y busca beneficiarse únicamente de Su luz.

Así, vemos que Di s deja de lado todas sus huestes y sirvientes celestiales para elegir esta luz [de la Menorá;], como lo evidencia el siguiente Midrash citado por Rabeinu Bajie:

¿Con qué puede compararse ello? Con un rey que tenía un amigo muy preciado a quien dijo: “Quiero que sepas que tengo la intención de cenar contigo. Prepárame un lugar”. Su amigo fue y preparó un lugar de acuerdo a sus posibilidades. Cuando el rey llegó, lo hizo acompañado de sus sirvientes y asistentes que portaban lámparas de oro a ambos lados. El amigo, al ver el fastuoso honor que lo circundaba, sintió vergüenza y ocultó todo lo que había preparado. Le dijo el rey: “¿Acaso no te informé que cenaría contigo? ¿Por qué no has preparado nada para mí?” El amigo respondió: “Mi amo, mi rey, cuando observé la majestuosa gloria que te rodea, sentí vergüenza y escondí todo lo que había preparado”. Dijo entonces el rey: “Te prometo que me despojaré de todo lo que he traído conmigo y utilizaré solamente aquello que es tuyo, por causa de tu gran amor hacia mí”.

De igual modo, Di s es en Sí Mismo todo luz; no obstante, ordenó al pueblo de Israel que hiciera una Menorá; para El y encendiera una luz perpetua. Cuando Moshé construyó el Tabernáculo y la Menorá;, y la Shejiná (Divina Presencia) descendió, el versículo expresa (Exodo 40:35): “Y Moshé no podía entrar en el Mishkán (Tabernáculo) pues la nube reposaba sobre éste, y la gloria de Di s llenaba el Mishkán“. Más adelante, el versículo declara (Números 7:89): “Y cuando Moshé entró en el Mishkán para hablar con El, oyó la voz que le hablaba…”. ¿Qué le decía? “Cuando enciendas las luces…” (ibíd. 8:2).

Los Hijos de Israel dijeron: “Di s creó el sol y la luna, quienes proporcionan luz al mundo entero, ¡pero desea que nosotros encendamos luces para El!”

El hecho de recibir y reconocer que sus acciones son apreciadas ante Di s es lo que ha mantenido la singularidad del pueblo de Israel, y es ello lo que ilumina eternamente su sendero.

Los griegos procuraron despojar a Israel de esta enaltecida fe en todo aquello que trasciende la naturaleza, para que actuara conforme las leyes naturales: respetando al fuerte y despreciando al débil, sometiéndose a la mayoría y subestimando a la minoría.

Es por ello que Antíoco, el principal antagonista griego de los judíos, dijo a su ejército: “Ellos tienen una mitzvá que, de ser anulada, lo haría desaparecer como pueblo”. ¿Cuál? El encendido de la Menorá;, sobre el que está escrito (éxodo 27:21): …para encender una luz perpetua. Mientras continúe encendiendo la Menorá;, el pueblo de Israel sobrevivirá. En consecuencia, profanaron todos los aceites.

Pero dado que no se logró extinguir esta luz [merced al milagro], ésta se eleva iluminando los hogares de todos los judíos dondequiera estén durante ocho días al año, y perdura encendida en las almas del pueblo a lo largo de todo el año. Israel manifiesta ante Di-s: “Prefiero una pequeña luz que provenga de Ti, antes que miles de luces ofrecidas por Tus creaciones”. Y Di s les contesta: “Abandonaré a todos Mis sirvientes, y sólo utilizaré vuestra luz”.

Para el pueblo de Israel no existe “el curso natural de los acontecimientos”, sino sólo la voluntad de Quien establece el orden de la naturaleza. Si la naturaleza llegara a interponerse, es dejada a un lado, pero el amor entre Israel y su Padre Celestial jamás será suspendido. El milagro ocurrirá y volverá a iluminar otra vez el pequeño candil, cuyo resplandor eclipsará a todos los otros.

Rab Eliahu Kitov

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