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Elecciones de una mujer judía de carrera

Hay un primer plano de Brian Williams mientras dice: “A continuación, Gail Levey con cosas que usted puede no haber sabido sobre la fibra”. Durante el interludio comercial, el equipo de cámaras de News at Noon del Canal 2 se divierten y echan bromas sobre la fibra. “El obtiene el informe sobre los Contras y yo obtengo fibra”, gime Williams. “No me traigas fibra, nunca más…”, canta Jane Velez-Mitchell. Las cámaras giran a su lugar, se encienden las luces, y durante los próximos cinco minutos Gail Levey le cuenta a Nueva York cómo, comiendo las clases correctas de fibra, uno puede mejorar su salud.

Después de culminado el espectáculo, Gail baja a la cafetería de CBS para una rápida comida. Escoge un yogur, una bolsa de patatas fritas y una soda. Pero está más preocupada con si la comida es kasher que por el contenido de fibra.
En la cafetería Gail habla sobre sus apariciones en TV en CBS Morning News, el Today Show, Good Morning America, WABC-TV News, Cable News Network y Lifetime Network. Menciona brevemente que escribe para revistas nacionales como Parade, Seventeen, Self y American Health. Pero se pone totalmente animada cuando describe cómo llegó a ser observante.
“Siempre me sentí muy cerca de mi abuela. En Diciembre de 1988, se enfermó. En Febrero del 89 aterrizó en la Sala de Urgencias del Hospital Mount Sinai. Se sentía terriblemente desconsolada y sólo hablaba en idish.
“Finalmente llegamos a una sala de exámenes y viene el médico para decirle que era el Geriatra Asociado que sigue el caso. Medía 1,90 de alto y era pelirrojo. Gail se ríe, disfrutando obviamente el recuerdo; luego extrae una foto del pelirrojo mientras continúa su historia.

“Se presentó como Judah y comenzó a hablar con mi abuela en idish. Cuanto más habló en idish tanto más cómoda se puso mi abuela… Y noté que comenzó a coquetear con él. ¡Mi abuela de 83 años coqueteando! En medio de todo mi abuela dice, en inglés: `¿Eres soltero?’
“Judah dice: `Si’.
“Entonces mi abuela dice, con tono de conspiración: `Estas son mis dos nietas ¿Cuál de ellas quieres?’
“Miró a mi hermana y a mí, y dijo: `A ninguna’.
“Mi abuela se escandalizó. El se volvió a ella, y le dijo: `¡Yo quiero salir contigo!’
Judah se quedó con la abuela de Gail en la Sala de Urgencias por dos horas, fue con ella a las radiografías, le extrajo sangre y le brindó mucha atención especial.
Mientras tanto, Gail pensaba en dos incidentes que habían tenido lugar hacía cierto tiempo. Uno era una conversación que había tenido con su abuela apenas el Noviembre anterior.
“Dije a mi abuela que no pensaba que me casaría alguna vez, pese a que quería hacerlo. No me había encontrado con alguien con quien querría pasar el resto de mi vida. Por supuesto, quería tener hijos pero supuse simplemente que no era mi destino. Amaba mi carrera, amaba a mis amigos. Eso tendrá que ser suficiente. Mi abuela se horrorizó.
“También, mi abuela nunca había estado realmente enferma antes. No le gustó tener que pasar por toda una serie de médicos. Así que para conseguir que lo hiciera yo solía decirle: `Sabes, bobe, este médico podría ser soltero, podría ser bonito, quizá es el destinado para mí'”. Gail supuso que estas dos cosas deben haber pasado por la cabeza de la abuela cuando preguntó a Judah si era soltero.

Gail vio a Judah al día siguiente en el hospital y recibió un llamado suyo esa noche. “Simplemente llamo para decirte que visité a tu abuela y está descansando confortablemente”, explicó a Gail, quien se sintió conmovida de que se le ocurriera telefonear, especialmente dado que ella no era siquiera el pariente más directo de la paciente.
“Después de unas dos horas en el teléfono”, agregó Gail, “me invitó a salir”.
Inicialmente, cuando la abuela de Gail había preguntado si era soltero, Gail pensó que su abuela estaba actuando un poco incoherentemente. “Este tipo tenía una kipá sobre su cabeza. Bueno, nosotros celebramos las fiestas y yo realmente estaba orgullosa de ser judía. Pero íbamos en auto a la sinagoga en Rosh HaShaná. No es que su kipá me molestara, pero simplemente nunca esperé salir con alguien religioso”.

Entre Judah y la abuela de Gail se desarrolló una interacción muy interesante. Ella solía echar a todos de la habitación y decir: “Ahora, ¿qué piensas de mi Gail?” Y entonces, cuando Gail llegaba, su abuela decía: “Creo que tenemos un joson (novio)”.
Bajo ojos vigilantes, Gail vio a Judah en el hospital cada día y habló con él casi cada noche.
“Pero por supuesto”, dice Gail con una sonrisa, “le dije en el acto que si buscaba una joven religiosa, estaba con la persona equivocada. Dije: `Mi profesión es la nutrición, comida. Como en todos los mejores restaurantes y me encanta ir a los más nuevos. Y en cuanto a observar Shabat, escribo artículos para las revistas el sábado. Así que olvídalo’.
“Un par de días después me tiró encima toda esta idea acerca de gente religiosa no usando control de la natalidad y todas las leyes de la pureza familiar. Yo pensé: `Esto es ridículo. Olvídalo’. Pero yo no lo olvidé. No me sentí amenazada o asustada por ello porque de algún modo sabía que teníamos un futuro. Cada vez que me contaba sobre cosas nuevas éstas sonaban muy raras. Sabía que yo no las haría”.

A medida que pasó la semana, la familia de Gail hizo planes para llevase a la abuela a casa. Muy tarde un jueves por la noche, unas dos semanas después de que Gail y Judah se encontraran por vez primera, estaban hablando por teléfono varias horas. “Realmente me gustaba; sentía que él era una persona simpática, bondadosa, cálida y cariñosa. Pero él me dijo algo así como: `Mira, si no vas a ser observante, olvídalo’. Colgué el teléfono en un mar de lágrimas. Pero también me había dado cuenta que un problema es sólo un problema hasta que encuentras una solución. Y siempre hay una solución, aunque podría no ser la que quieres intentar.

“Así que llamé mi amigo Earl Ubell, el editor de Ciencia y Salud en WCBS; lo llamé a las 2 de la mañana. Es un amigo muy querido”. Después de consolar a Gail por un rato, Earl le dijo que la llamaría en la mañana. A las nueve del viernes le dio a Gail el nombre y número de teléfono de su amiga, Molly Resnick (anteriormente una productora en NBC). “Llámala ahora porque está en su casa”, aconsejó Earl.
Molly invitó a Gail para Shabat, una invitación que ella declinó inmediatamente. Pero con un poco de insistencia, Gail aceptó.
“Tuve un doble temor; no sabía tanto sobre el Shabat y además su esposo [el Dr. Larry Resnick] había hecho mucha investigación sobre el calcio y la alta presión sanguínea. Esas son dos de mis especialidades. Quería repasarlas un poco si iba. Al fin, acepté ir.
“Cuando vi a Judah, le dije: `Usé mis lágrimas constructivamente. Voy a la casa de Molly Resnick para Shabat’. Creo que lo asustó uno poco.
“Dejé el hospital el viernes una poco más temprano que lo usual por lo que mi abuela me preguntó dónde iba. Cuando le conté que a la casa de alguien para Shabat ella pareció feliz e interesada”.

Era casi como que mientras la vida de la abuela de Gail menguaba, una nueva fuerza en la vida de Gail estaba comenzando, una en la que su abuela había jugado un papel central.
Gail describe vivamente su primera experiencia de Shabat, memorable con la ayuda de la familia Resnick. Recibida en la puerta por los dos hijos de Molly con un gran “Shabat Shalom”, se sintió cómoda inmediatamente. En la mesa no hubo charla sobre el calcio o la alta presión pero Gail sí tuvo oportunidad de hablar con Molly acerca de algunas de sus preocupaciones, y hacer preguntas. Ese Shabat murió la abuela.

Hacia el fin de Abril, Gail observaba el Shabat. Molly la invitó para un Shabat en Crown Heights, Brooklyn. Un grupo de muchachas del Stern College pasaría el fin de semana allí y Molly era la oradora invitada. “Yo dije, `De ninguna manera’. Pero Molly me dijo que me conseguiría una habitación privada por lo que podría ir y venir como quisiera. Por alguna razón decidí ir. Fui y me encantó. Pensé que era maravilloso”.
Esa fue la primera experiencia de Shabat de Gail en una atmósfera comunitaria. Ella mantuvo sus ojos abiertos y empapados en todo lo que sucedía a su alrededor. “Creo que la primera cosa que noté era la excitación de las corridas pre-Shabat. Todas ocupadas haciendo algo, preparándose para Shabat”.

Gail se sintió impresionada por la involucración e inteligencia de muchas de las mujeres. La anfitriona, en cuya casa comían las veinticinco mujeres del Stern, había piloteado un empleo, un brit milá, la Bar Mitzvá de su hijo, y Pesaj, todo en las anteriores tres semanas. Y recibió a todas con calidez, con un rostro amistoso y sonriente. “Ahora”, admite Gail, “me encanta Crown Heights. Es una especie de escapada para mí, unas mini-vacaciones”.
Ese fin de semana Gail dejó bien en claro a todos que, si bien Judah era el ímpetu, exploraba el judaísmo por sí misma.

“Simplemente no puedes asumir una vida por otro. Quizás puedas por unos meses o unos años, pero al fin te arrepentirás’. Lo que había comenzado como una manera de continuar su relación con Judah, se convirtió rápidamente en una parte importante de su vida.
A medida que se volvía más observante, hubo muchos cambios que hacer y sentimientos con los que tratar.
“La primera vez que Judah y yo fuimos a una cena formal y no bailamos juntos me sentí muy deprimida. Estoy segura que habrá más cosas que continuarán apareciendo. Pero cuando las miro ahora en retrospección, me parecen triviales. A medida que comprendo y aprendo cómo y por qué hacemos las cosas, los obstáculos no parecen tan grandes”.

¿Qué sentía sobre Crown Heights y los jasidím antes de estar allí realmente? Gail Explica: “Mi imagen de Crown Heights era, `¡Oh, Di-s santo!’ Pero volverme observante me enseñó a no prejuzgar. Mi padre es joyero y mi percepción de los jasidím no era muy favorable. En el distrito de joyeros, si un jasid no sostenía la puerta para mí, yo solía pensar: `Qué rudo’. Pero la verdad es que vivo en un edificio con 300 apartamentos y tampoco allí alguien sostiene la puerta para mí. Así es Nueva York’.

Judah y Gail se casaron el Diciembre de 1989. Sus vidas son muy agitadas. El está frecuentemente de turno, ella viaja por todos los Estados Unidos conferenciando sobre nutrición, por lo que todavía viven con las cosas en cajas. Gail continúa escribiendo su columna semanal para la Asociación Cardiológica Norteamericana, reproducida por docenas de periódicos. También es la vocero y consultora para el Consejo de Empaques de Cartón (los fabricantes de cartones de leche) y los fabricantes de la margarina Promise, además de otros clientes.

Gail no ha tenido reacciones muy fuertes de clientes o compañeros de trabajo pues principalmente trabaja sola. Sin embargo, dice: “Siento que es muy importante no hacer de mi religiosidad la carga de otro. Si quieres estimular a otros judíos a ser más observantes, o a no-judíos a respetar el judaísmo, no puedes convertirlo en el problema de ellos. Cuando tengo un trabajo consultivo fuera de la ciudad, dejo en claro que prefiero estar de regreso en Nueva York para Shabat. Pero si eso no es posible, entonces disfruto de un hermoso y sereno Shabat en un hotel. Trato de acomodarme a mis clientes, lo que no significa, por supuesto”, agrega Gail enfáticamente, “que trabajaría en Shabat”.

Mientras su nueva observancia la ha impulsado a muchas nuevas amistades, también ha reencendido algunas viejas. Cuando Gail fue designada una de las 22 Embajadoras Nacionales de la Asociación Dietética Estadounidense, recibió una nota congratulatoria de una vieja compinche de la universidad. Abbey (Miriam) Goldberg, quien se volvió observante cinco años antes, había estudiado nutrición con Gail. Junto con Molly Resnick, constituye lo que Gail llama la `Mitzvá Hotline’. “Cada vez que tengo una pregunta, tomo el teléfono y llamo a una de ellas. Estas dos amigas, y la comunidad de Crown Heights, han resultado muy sustentadores y útiles en hacer de mi transición lo más fácil posible”.

Cuando se le pregunta si tuvo alguna dificultad con su carrera ahora que observa el kasher, Gail se ríe. “Nadie se ha echado atrás por acompañarme a un restaurante kasher aquí en Nueva York”. Cuando está fuera de Nueva York, Gail rechaza ofertas de almuerzos o cenas de negocios. Pero acepta invitaciones para el desayuno. “Simplemente pido una manzana entera o un pomelo entero, que pelo allí mismo”. Gail se ríe nuevamente: “¡No creerías cuánto cobran en los restaurantes por una fruta entera! El cuidar kasher simplemente hace de mi negocio algo más desafiante”, agrega.


(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

Yehudis Cohen

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