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El verdadero significado de la plegaria

Si hemos de apreciar a pleno lo que la plegaria significa para el judío, debemos ante todo aclarar nuestros términos.

Curiosamente, el término común empleado para denominar el acto de rezar entre aquellos que provienen de un entorno Idish es dávenen, y hay diversas teorías acerca de dónde proviene esta palabra.
Algunos dicen que “dávenen” viene de la palabra hebrea dovev. Dovev significa “mover los labios”, y dávenen es cuando los judíos mueven sus labios; ellos no rezan silenciosamente, lo hacen verbalmente, vocalizando sus rezos.
Una vez escuché una teoría de un hombre anciano en Seattle, Washington, en el sentido de que dávenen es una palabra aramea; viene de la palabra deavuhón, que significa, “de nuestros padres”. Pues, ¿quiénes son quienes primero han instituido la plegaria? Nuestros antepasados, Avraham, Itzjak y Iaacov. Ellos fueron quienes comenzaron nuestras tres plegarias; Abraham con la de la mañana, Itzjak, con la de la tarde, y Iaacov con la de la noche. De modo que dado que las plegarias se originaron con nuestros patriarcas, avuhón, se llama dávenen.

En hebreo, el término usual es tefilá.
¿Qué significa la palabra tefilá?
Hay dos traducciones que son literales y precisas. La palabra tefilá viene de la palabra palel, que significa “juzgar”. La tefilá es un momento de evaluación personal, juicio personal, introspección, cuando la persona tiene tiempo para enfocar la mira en sí mismo e ir a su interior para ver qué es lo que necesita, cuál es su situación, cuáles son sus faltas, cuáles sus cualidades, qué es lo que necesita de Di-s, y por qué debería Di-s dárselo. Este proceso de evaluación personal tiene lugar durante la tefilá.
En otro nivel, en otra traducción, tefilá significa “apego”. Cuando rezamos, creamos un nexo entre nosotros y nuestro Creador. tefilá es un proceso de poner las cosas en su lugar.
Cuando rezamos hay sólo dos cosas en el universo, Di-s y nosotros, nuestro ser interior. El problema es que hay dos entidades cuando éstas deberían estar unidas como una sola. Tefilá remedia el problema y los convierte en uno. Así, tefilá es el proceso mediante el cual comenzamos a mirarnos a nosotros mismos, centrándonos en nosotros mismos. Luego nos centramos en Di-s y nos llevamos cerca de El, y nos alzamos por encima de toda la sucesión de la vida que predomina durante el resto del día.
Hay una muy famosa explicación de la Torá sobre tefilá. Tiene que ver con el incidente (en Génesis 28:12) cuando Iaacov cae dormido y tiene un sueño en el que ve una escalera que se alza del suelo y llega a los cielos. Los ángeles suben y bajan la escalera.
El sueño, obviamente, tiene que ser entendido, simbólicamente.
El nivel simple de un sueño es la alegoría. ¿Cuál es la alegoría de la escalera?
El Zohar, la obra primaria de la Cabalá, explica que esta escalera simboliza la tefilá. Por medio de esta escalera tenemos la capacidad de enderezar, alzarnos y elevarnos al más excelso nivel.

La etapa primera de la plegaria es llamada Pesukéi dezimrá, “versos de alabanza”. La segunda parte se forma con las bendiciones que pronunciamos antes de la Lectura del Shemá. La tercera parte es el Shemá mismo, cuando proclamamos la unidad de Di-s. Y la cuarta parte es la Amidá (lit. “la plegaria que se recita de pie”), conocida también como Shemoné Esré en razón de sus originales dieciocho bendiciones. Estos son los cuatro peldaños de la escalera.
Estas cuatro etapas son, realmente, un proceso gradual que permite al hombre alcanzar la cima de la escalera. No se puede llegar a la cima de un salto; hay que hacerlo paso a paso.
El primer paso es aquel en que se alaba a Di-s.
¿Cuál es la idea de alabar a Di-s?

Nosotros somos naturalmente proclives a relacionarnos con el mundo porque éste es de una naturaleza física; no estamos predispuestos naturalmente hacia la espiritualidad, pero no porque no sea nuestro estado natural verdadero; muy profundamente eso es realmente lo que somos, seres espirituales. Pero nuestra identidad espiritual, el alma judía, está oculta. Está cubierta con un cuerpo; está cubierta con un Alma Animal que todos poseemos; esa segunda alma que nos permite relacionarnos con nuestras necesidades físicas y cuidar de ellas, inhibe los deseos espirituales del alma espiritual, Divina. El proceso de tefilá consiste en ayudarnos a apartar todo lo que encubre e inhibe a nuestra alma Divina de ser una con Di-s.
(Y yo debería agregar que muchos de los problemas, las dificultades psicológicas que experimentamos, especialmente la tensión (stress), se debe a las infladas expectativas que tenemos de nosotros mismos a causa de nuestro ego. Cuando sufrimos un conflicto porque no parecemos ser capaces de vivir de acuerdo a nuestras expectativas infladas, tenemos todos estos problemas de tensión. Cuando rezamos, ayudamos a elevarnos a nosotros mismos fuera de ésta y revelamos nuestra verdadera identidad; entonces, por supuesto, los problemas comienzan a disolverse).

La primera etapa consiste en conseguir que nuestro alma animal aprecie, en mayor o menor medida, algo espiritual — me refiero a que si le hablas a una vaca, te resultará muy difícil conseguir que ésta acepte algo espiritual. Intenta hablarle filosóficamente. La vaca no apreciará lo que irás a decirle. Nuestra alma animal, que en muchos aspectos es como la vaca, no está interesada en la espiritualidad. Pero la diferencia es que con nuestra alma animal puede razonarse. Si podemos llegar a la racionalidad del alma animal y “hablar” con ella, podemos decirle, “Mira cuán grande es Di-s. Di-s es el Creador. Di-s tiene todo esto que se enumera en Pesukéi dezimrá“. El alma animal comprende materialismo, su propio ser. La más efectiva línea de enfoque está en tratar de impresionar al alma animal con Di-s, cuán bueno le es estar cerca de Di-s.
Nosotros decimos a nuestra alma animal, “¿Sabes? La cosa más grande en el mundo para ti es Di-s”.
Amar a Di-s significa amar aquello que te creó, tu salud, tu sustento, tus niños, tu familia, tu vida social, tu vida comunitaria. Todo es creado por Di-s, y el mundo entero, el universo entero, está a tus órdenes cuando tú estás cerca de Di-s. Una vez que el alma animal se da cuenta de las ventajas de estar cerca de Di-s, podemos proseguir a la segunda etapa.
La segunda etapa es la de las bendiciones antes del Shemá. ¡Estamos subiendo otro escalón en la escalera de tefilá!

La bendiciones previas al Shemá hablan de los ángeles, y cómo estos ángeles en el cielo están exaltados por Di-s.
¿Cómo puede afectar eso al alma animal?
Pues bien, a veces, a fin de conseguir que alguien que no es muy sensible llegue a estar más interesado por algo, uno puede lograrlo diciéndole: “¿Sabes qué? tu amigo sí está involucrado” — usando la presión del compañerismo. La presión del compañerismo es muy poderosa en nuestra sociedad.
El alma animal podría verse impresionada un poco cuando reza y ve cuán grande es Di-s. Pero dice, “Mira, yo no puedo romper con todas estas cosas no-Divinas simplemente porque tú me has convencido de que Di-s es bueno. ¡Tengo que ver a otros haciéndolo!” La idea de las bendiciones antes del Shemá es contarle que los ángeles, que también son “animales”, están exaltados con Di-s.
Y no estoy siendo irrespetuoso al llamar “animales” a los ángeles. La Torá se refiere a ellos como animales; al principio del Libro de Ezekiel hay una visión entera en la que los ángeles son descriptos como animales. Porque, ¿qué es un animal? Es una criatura que tiene inteligencia; no como un ser humano, pero tiene inteligencia. La inteligencia del animal está programada; sigue sus instintos. Los ángeles también son criaturas programadas; son computadoras espirituales. ¿Qué es una computadora? Una cosa inteligente programada. Su inteligencia es superior, en ciertos aspectos, que la de un ser humano. Pero no obstante ello, nadie diría jamás que una computadora es superior al ser humano, porque sólo el ser humano tiene el libre albedrío, la capacidad de hacer cualquier cosa que quiera. El ser humano no está programado. El ángel es una suerte de computadora puesta en movimiento por Di-s, quien es el programador. El ángel se ocupa de que la naturaleza corra conforme el programa de Di-s.
Y así le dices al alma animal que estos ángeles, sus pares, se exaltan con Di-s. Y de hecho, en la Cabalá, se nos dice que los diversos tipos de ángeles son los predecesores espirituales directos, un más alto “eslabón en la cadena”, de los animales tal como nosotros los conocemos, incluyendo, por supuesto, a aquel “animal civilizado”, el alma animal. Si los ángeles están exaltados con Di-s, entonces el alma animal siente que ella no tiene motivos para avergonzarse de amar Di-s, de acercarse a Di-s, y de no inhibir al alma Divina en su tarea de concretar su potencial.

Y finalmente, durante el Shemá mismo, proclamas Shemá Israel…: ¡Oye, Israel, el Señor es nuestro Di-s, el Señor es Uno! — la creencia en la unidad de Di-s, y veahavtá, expresando tu amor a Di-s “con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas”.
Tú, como individuo, no puedes amar verdaderamente a Di-s cuando tu alma animal ama otra cosa. Pero a medida de que pasas por el proceso de la plegaria, tu alma animal comienza a reconocer que quizás su primer amor debería ser Di-s. Y quizá no debería ser un obstáculo para el alma Divina. Y entonces puedes amar a Di-s bejol levavjá, “con todo su corazón”.
El Talmud dice que la expresión levavjá denota un corazón doble. Y comenta que esto es así porque tu corazón está dividido. Un conjunto de tus emociones, un corazón, es orientado e inspirado por tu alma Divina, y otro conjunto es orientado por tu alma animal. No basta con que tu alma Divina ame a Di-s; también tu alma animal debe sentir este amor a Di-s.
Cuando dices el Shemá, idealmente, esto es lo que deberías estar expresando; no solamente el amor a Di-s a través de tu alma Divina, sino incluso tu naturaleza animal básica debe amar a Di-s. Y ello puede lograrse únicamente después de que has completado el primer y segundo peldaño de la plegaria como se ha explicado.

Pero mientras permaneces en el peldaño del Shemá, el énfasis es el amor, y la naturaleza del amor implica que hay un objeto de ese amor, algo fuera de ti mismo, que no es tú; algo externo que te atrae. Hay un motivo, no importa cuán noble pueda ser. Tú sientes una atracción hacia Di-s, tú eres consciente de ti mismo, y por lo tanto no estás todavía en un estado de sumisión total a El. Cuando dices la Amidá, sin embargo, si has pasado por todas las demás etapas adecuadamente, estás ahora en una total y completa unión con Di-s. No hay dos cosas, tú y Di-s, y por lo tanto el proceso de ir a la cima de la escalera se ha completado.
Había una vez un jasid que puso mucho esfuerzo en rezar. Y cuando un jasid, especialmente en los días de antaño, ponía esfuerzo en rezar, esto significaba que había estudiado jasidut durante varias horas antes, que se despertaba a las 3 o a las 4 de la mañana, y estudiaba dos o tres horas, luego meditaba acerca de lo que había estudiado por otra hora o dos, y recién entonces comenzaba a rezar. Rezaría con esa meditación, con esos estudios, y su dávenen entonces penetraba en él y realmente tenía un tremendo efecto sobre él.
Este jasid particular de nuestra anécdota hacía muchos preparativos. Se sentía tan excitado y tan conmovido espiritualmente por todas sus preparaciones; pero entonces, cuando comenzaba a rezar, todas estas emociones simplemente se disipaban. No sentía nada durante las plegarias. Decía las palabras, sabía qué significaban, pero ninguna emoción, cualquiera que fuere, era evidente. Y esto lo inquietó mucho. Durante horas y horas construía para lograr algo grande del dávenen, y entonces comienza y reza, ¡y no siente nada!
De modo que se quejó a Reb Hilel Paritcher, uno de los más grandes jasidím de su época.
Le dijo:
“Mira lo que me pasa. Yo me preparo, y llego a sentirme espiritualmente alto, y entonces, cuando comienzo a rezar, ¡no logro nada!”
Y Reb Hilel le contestó:
“¿Por qué debería perturbarte que reces antes de rezar?”
En otros términos, nosotros podríamos sentir los efectos de rezar durante la preparación misma para la plegaria, y el hecho de que no cada parte de la plegaria, o ninguna parte de ella, despierte el mismo sentimiento cada vez, no significa necesariamente que algo ande mal.
Lo que acá se analiza es el estado ideal de la plegaria, si todo va según la especificación.
Idealmente, debería funcionar.
Pero como no somos perfectos, porque tenemos otros factores que interfieren, frecuentemente no funciona. No obstante, no nos lastima si a veces nos adelantamos a nosotros mismos, o si a veces toma un poco más de tiempo. Mientras tengamos la actitud apropiada, y la meta apropiada en la plegaria, nuestras oraciones no son simplemente cuestión de “Bien, Di-s ha dicho que debo rezar, así que tengo que decir las palabras, y terminar con esto”.

Hay gente a la que le gusta rezar muy temprano por la mañana, lo que es una cosa buena; pero lo que no es bueno, es que lo hacen porque quieren sacárselo de encima — “Tú sabes, quiero tener un día entero en el que pueda ser libre para mí”.
La plegaria no es algo para “sacárselo de encima”. Es algo para introducirse en ella, tanto como cualquier otra experiencia que hay en la vida; es una experiencia positiva, y no debería ser algo que simplemente tratas de “sacártelo de encima”.
A veces sólo después de rezar año tras año, finalmente sientes algo. Porque dávenen es muy similar a ser un violinista de concierto. El no se para simplemente allí sobre el escenario y toca esta hermosa pieza musical, alguna obra maestra. Tiene que prepararse, tiene que practicar horas y horas, días y semanas y meses y años antes de poder realmente presentar una obra maestra. Lo mismo es cierto con la plegaria.
Lo que yo describí como dávenen es la forma ideal de orar, y podría llevar muchos años, pero lo más importante es que tienes que comenzar, saber qué es rezar, y usar la plegaria para ir en esa dirección.

(extraído de la enseñanza semanal, www.jabad.org.ar).

 

Rabino H. Greenberg

1 comentario
  1. diana ramirez

    me parece muy acertada esta enseñanza ya que estoy tratando de poner en practica esta esperiencia con el creador de verdad que es muy importante para nuestra coneccion con el creador . gracias

    28/11/2017 a las 15:12

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