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El Trabajo más Debilitante del Mundo
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El Trabajo más Debilitante del Mundo

El trabajo más debilitante del mundo no es, como pudiste haber pensado, ser mamá. Efectivamente, ser mamá es con frecuencia muy exhaustivo y frustrante. Pero existen muchas compensaciones, muchos momentos de gran alegría y amor. No, existe otro trabajo que en realidad destruye a la persona. Es el trabajo de tratar de vivir de acuerdo a las expectativas de la gente.

La razón por la que es tan destructivo es porque está ligado con sentimientos de derrotismo e incompetencia. No existe forma en la que puedas ganar la batalla de ser lo que otros quieren que seas, porque lo que otros quieren que seas está basado en lo que es bueno para ellos, lo que a ellos los hace sentir cómodos, amados, respetados o en control, y no necesariamente lo que está de acuerdo con tus más profundas necesidades y deseos.

Así como un mueble tiene su veta, así cada individuo tiene una dirección en la vida. A la rebetzin (esposa de un rabino) Altuski de Jerusalem, le gusta decir que así como pulimos los muebles de acuerdo a su veta, también debemos ir con la veta de nuestra personalidad y la de cada niño individual, así como la de nuestros esposos.

Sí, deberíamos inspirar, estimular e impulsar a cada uno para alcanzar el más grande potencial del que somos capaces en cualquier momento. Expectativas altas pueden ser una señal de gran fe y respeto por otra persona. Un maestro que ve una gran promesa en un alumno va a empujar a ese niño para producir lo máximo, mientras que puede ser más tranquilo con un niño menos capaz.

Sin embargo, altas expectativas irreales o expectativas que no van de acuerdo al carácter y naturaleza del individuo, llenan ambos lados de resentimiento alternado con desesperanza. Cuando pierdes confianza en ti mismo, ninguna alabanza o estímulo externos van a ayudar. Tu deseo de vivir y de amar se reduce al grado en que te ves a ti mismo como inadecuado o inferior.

La mayor ilusión de todas es la ilusión de éxito. Atrapa a las personas en una lucha perpetua por honor, atención y aplauso, por una «prueba» de amor y valor del exterior. La ilusión de éxito te hace deshonesto contigo mismo y con otros, puesto que vas a tener miedo de admitir ciertas debilidades, anhelos, pensamientos o sentimientos. Te hace terriblemente susceptible a la crítica o a la más sutil alusión de desaire o demostración de desagrado o reto, ya sea de un niño o de un adulto.

No puedes ser realmente tú si estás tratando de subir sobre los hombros de otro para verte superior. Esta posición implica que debes estar constantemente ansioso acerca de quién está usando tus hombros a fin de que él mismo se sienta mejor que todos los demás. No puedes amar desde una posición de inferioridad o superioridad, porque estás muy ocupado manteniendo alejadas a las personas de tus hombros o estás trepándote en alguna otra persona. Al respecto se nos dice, «La envidia, la ambición desmedida y la búsqueda de honor sacan al hombre de este mundo» (Pirké Avot 4:28).

Ciertamente, somos sacados de nuestra mente con la competencia, los celos, las comparaciones, la avaricia, la deshonestidad y el control, ya que están enraizados en el intento de eliminar los sentimientos de inferioridad. La única forma de salir de esta trampa es dejar de pensar en ti mismo como inferior o superior a cualquier otro y empezar a pensar en términos de simplemente esforzarte a ser lo mejor que puedas ser de momento en momento. No necesitas el sello de aprobación o el aplauso de nadie más a fin de pensar en ti como un ser humano valioso y de asegurar tu deseo de ser tratado como tal.

Tus parientes políticos, tus padres, hijos o incluso tu esposo pueden pensar que no eres la «mejor mamá del mundo» a pesar de lo que está escrito en la taza de café o en el imán del refrigerador que te regalaron en tu aniversario. Hay momentos en los que no gustarán de ti o no te apreciarán. Lo importante es que tú aprendas a no ser dependiente de ninguna fuente externa de aprobación para tu sentido de valor. Tu valor está dado en virtud de haber sido creada a la «imagen de D-os» (Bereshit). No necesitas nada más que esto. No necesitas estimularte constantemente a nuevas alturas de valor haciendo comparaciones que te dejan a ti o a la otra persona como perdedor. No necesitamos todas estas comparaciones destructivas:
«Ella mantiene su casa inmaculada, pero yo soy más amable con mis hijos».
«Ella es un ama de casa inmaculada y tiene lindos hijos, ¡lo que hace que yo no sea buena en nada!»

El sentimiento de inferioridad inevitablemente te hace buscar a alguien para culparlo por ese sentimiento, generalmente tus parientes o hijos. Tú crees que tu infelicidad proviene del hecho que ellos te hacen sentir inferior. Sin embargo, la verdad es que nadie puede provocar ese sentimiento en ti a menos que te sientas vacía y esperes que otros llenen ese vacío. Si no estuvieras buscando esas «estrellas doradas» de otros, no te sentirías desilusionada cuando no obtienes una o cuando obtienes una «marca negra». Es tu propia mente la que te tiene atrapado en ese terror infantil de desaprobación o rechazo.

Puedes aprender a sobreponerte a esa tendencia neurótica evaluándote durante el día viéndote a ti y a otros sin juzgar. Obviamente, varios comportamientos serán juzgados como constructivos o no constructivos, como promotores de crecimiento o como obstructores de crecimiento. Sin embargo, el individuo como un todo está más allá del dominio de los juicios. Nosotros realmente no sabemos si alguien es una gran ama de casa porque es su pasión y alegría en la vida, y otra trabaja mucho más duro y logra resultados menores porque carece de las habilidades y la naturaleza que le darían mayor éxito. Una persona con naturaleza calmada que se controla a sí misma no tiene el mismo crédito que alguien que está calmada a pesar de su naturaleza fogosa y de su temperamento ardiente. Aquéllos que te juzgan están simplemente usando tus hombros para pararse sobre ellos a fin de sentirse mejor. Merecen piedad y compasión ya que su naturaleza de juzgar constantemente los condena a una vida de soledad y ansiedad.

Una persona madura, con confianza en sí misma, naturalmente quiere hacer lo que es mejor para la humanidad. Actúa así no para ganar aprobación, no por una necesidad de manipular a otros o para ganar algo a cambio, sino porque experimenta el dar como la alegría más grande sobre la tierra. La alegría estimula, inspira y da energía. Qué diferente es esto de las personas que juzgan y manipulan, que se aíslan tratando de ganar aprobación de aquéllos que no pueden dar porque dar los hace sentir disminuidos.

No tiene caso tratar de «ganar» la aprobación de la gente. Las personas que son capaces de amar te van a amar como tú eres. Aquéllos que no lo son, nunca te van a amar, no importa qué es lo que hagas.

Puedes estar pensando, «¿Cómo me voy a inspirar para alcanzar alturas de excelencia física, mental y espiritual si no estoy compitiendo con mi vecino o triturándome la cabeza durante el día por todas las cosas que aún no he realizado?» La respuesta es simple: el alma del ser humano es como una flama. Se eleva naturalmente cuando está liberada de los debilitantes castigos autoimpuestos y de la costumbre de tratar de ganar superioridad sobre otros que ocupan tanto del tiempo de la humanidad. Cualquier cosa que una persona logra, lo logra a pesar de su incesante auto denigración, ¡no debido a ella! Desafortunadamente, tendemos a criticarnos y castigarnos a nosotros y a otros porque pensamos que ésa es la mejor forma de ayudar a la gente a crecer, cuando la verdad es que tal comportamiento sirve solamente para reprimir la iniciativa, desanimar sentimientos de amor y reforzar el comportamiento negativo.

Cada uno de nosotros tiene una esencia central de salud, fuerza, bondad y creatividad que solamente puede ser liberada restaurando la confianza en nuestras capacidades Divinas inherentes. Nadie tiene que urgir a un infante para que aprenda a gatear, rodar o caminar. Tiene dentro de él un impulso interno para hacer esas cosas.

Así también con cada uno de nosotros. Liberados de los debilitantes juicios sobre nosotros mismos y otros, nos movemos naturalmente en la dirección que fue determinada para nosotros en este tiempo de vida. En tal atmósfera, no existe ansiedad por si estamos o no viviendo de acuerdo a las expectativas o estándares fijados por otros. Existe solamente la lucha para entender, desarrollar y permanecer verdaderos a nuestra propia esencia natural. En un ambiente no condenatorio, la ansiedad es minimizada y la productividad es maximizada de acuerdo a las capacidades del individuo en un momento dado. Liberados de la interminable necesidad de pruebas o de la lucha competitiva por poder, las personas se pueden amar unas a otras como iguales. Aunque tenemos diferentes capacidades y talentos, somos del mismo valor. Este entendimiento debe ser reflejado en la forma en que nos tratamos a nosotros mismos, a los miembros de nuestra familia y a todos aquéllos que nos rodean. Si otros en tu medio ambiente aún no han llegado a este entendimiento y por ello te tratan de una manera crítica, intolerante y manipulativa, no te dejes atrapar tratando de vivir de acuerdo a sus expectativas. No puedes ganar. Solamente sé lo mejor que eres capaz de ser. Eso es todo lo que se nos pide. O, en las palabras de nuestro profeta Mijá, «Haz justicia, ama la compasión y camina humildemente con D-os» (6:8).

 

Miriam Adahan

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1 comentario
  1. Nora Isabel Trujillo

    Excelente pág. Muchas gracias.
    No encontré Pirkei Avot 4:28 por favor me ayudan?
    Solo hay hasta 4:22

    02/02/2019 a las 05:11

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