Ascendiendo
Capítulo 7
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El tiempo y el espacio

Lo mental confiere cierta noción de la realidad pero también la limita. Por ello la experiencia y aprehensión interior de los símbolos y ritos, asociados al estudio conciente, nos ayudan a trascender las formas puramente intelectuales (item 7).

Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación carecen de sentido para nuestros Sabios, ya que el tiempo y el espacio son formas de percepción que surgen con el hombre. Las preguntas que siempre ocuparon a los Sabios de Israel son: ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es la función del ser humano?

Cada una de estas líneas de pensamiento genera una forma diferente de percibir la realidad:

a) La búsqueda de respuestas a los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación, conducen a un análisis exterior de la existencia, puesto que focalizan la atención humana en los procesos del ámbito material-sensorial descuidando el resto de la realidad.

b) En cambio, al preguntarnos ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función?, dirigimos el pensamiento a des-cubrir el orden de causa-consecuencia que rige no solamente los fenómenos del ámbito material-sensorial, sino que también la realidad espiritual.

Cuando decimos espiritual, como ya fue explicado, nos referimos al ámbito de la realidad que nos posibilita el acceso a las causas, en tanto que material son las consecuencias generadas por dichas causas (consultar item 27).
Los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación se refieren al plano material-sensorial. En cambio ¿cuál es el objetivo de la Creación y cuál es nuestra función? se dirigen a lo espiritual,
las causas, y es sólo a través de dicha forma del conocimiento que develaremos finalmente, también, el sentido espacial y temporal de la realidad.
El ámbito espiritual es un espacio “concreto” al que el ser humano puede tener acceso cuando toma decisiones basado en principios universales y objetivos y no sólo a partir de su sentir momentáneo (ver item 70).
El ámbito espiritual es el plano de las causas en el cual todo está en potencia y donde se produce la “concepción” de toda la realidad. Todo ser, fenómeno, objeto y aspecto de la vida es concebido en el ámbito espiritual; luego se encadenará a través del ámbito mental y emocional para manifestarse finalmente en el plano material-sensorial.

La aprehensión de la realidad espiritual, las causas, y todo el proceso que eso implica, exige un amplio y exhaustivo aprendizaje, ya que estamos acostumbrados a impresionarnos por las formas exteriores que nos llegan a través de los sentidos, olvidando muchas veces que nuestra percepción de la realidad es el resultado de un proceso en el cual los sentidos nos brindan tan sólo una lectura inmediata. Los sentidos no son sino canales a través de los cuales percibimos, pero luego debemos discernir la información receptada. Para comprender este concepto es necesario conocer los dos niveles de discernimiento que el ser humano realiza (Hakdamá Panim Masbirót 16):

1) Entre lo que nos hace sentir bien y lo que nos hace sentir mal.

2) Entre lo verdadero y lo falso.

El primer punto de discernimiento (lo que nos hace sentir bien y lo que nos hace sentir mal) es común a todos los reinos de la naturaleza y es de orden instintivo.
El segundo (lo verdadero y lo falso) es exclusivo del ser humano y requiere una elaboración intelectual, ya que nos exige ver objetivos a largo plazo.
El primero se refiere al ámbito sensible que conocemos a través de los sentidos. El segundo al inteligible alcanzable mediante la inteligencia, como lo explicamos en el item 26.
Cuando el hombre toma conciencia de dichos principios comienza a expandir su percepción de la realidad, dado que ahora ya no la limita a meras sensaciones, sino que puede acceder
paulatinamente a las causas y luego al objetivo que hay por detrás de toda la realidad material-sensorial.

A pesar de que los interrogantes de cuándo y dónde comenzó la Creación no tienen sentido para nuestros Sabios, como fue ya explicado al comienzo del item, encontramos en los textos de nuestra tradición: la Torá, el Zóhar, Etz Jaím, etc. expresiones temporales, espaciales y antropomórficas.

Cuando los textos se expresan en términos temporales se refieren a causas y consecuencias; siendo “lo anterior” la causa y “lo posterior” el “efecto” de dicha “causa”. Algo similar sucede con los términos espaciales: “alto”, “elevado”, indican cercanía al origen, al Infinito o Ein – Sof; mientras que “bajo”, por el contrario, significa lejanía del origen. Lo elevado es el altruismo, pues nos acerca gradualmente a la forma original, a la Fuente Infinita que nutre en forma altruista a toda la realidad, al Kadósh Baruj Hú. El egoísmo, por el contrario, es lo bajo pues nos aleja de El.

El antropomorfismo que aparece en los textos tradicionales es una forma de expresión utilizada para que el ser humano comprenda, a partir de su realidad y experiencias en el plano material-sensorial, los conceptos espirituales que se encuentran “más allá” de lo temporal-espacial.

Jaim Zukerwar

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