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El Shabat: la cabeza de todos los días

Un viernes por la noche, la esposa del Rab Iosef Jaim Zonenfeld, Rab Harashí de Ierushalaim de hace setenta años, se enfermó gravemente.
El Rab corrió a la casa del Dr. Schwarz, que vivía a unas cuadras, y éste lo recibió con una lámpara encendida en su mano. El Rab sintió una profunda angustia porque el doctor estaba profanando al Shabat sin necesidad (un doctor puede hacer trabajos en Shabat cuando está en peligro la vida del enfermo, pero no era este caso). Sin embargo, se contuvo en ese momento, y le pidió que lo acompañara a su casa para que atienda a su esposa.

Mientras iban caminando, el Rab le preguntó al doctor:
“¿Me puede decir usted qué parte ocupa la cabeza en relación a todo el cuerpo humano?”.
El doctor no entendió que tenía que ver esa pregunta en ese lugar y en ese momento, pero por respeto al Rab, le respondió:
“La cabeza es la séptima parte del cuerpo humano…”.
“Correcto”, dijo el Rab. Y siguió abordando el tema, “una vez, todos los órganos del cuerpo humano se reunieron para hablar con la cabeza, y le dijeron: “Queremos decirte, apreciada cabeza, que no estamos de acuerdo con lo que está sucediendo. Las manos son las que trabajan; los pies son los que nos llevan a todos lados, y así, todos los demás miembros del cuerpo hacen el trabajo más duro. Sin embargo, cuando llega el momento de comer, te paras bien erguida, y te introducen los mejores manjares en la boca. Cuando estamos frente al público, otra vez es la boca la que se muestra orgullosa. En cambio, nosotros seguimos en el anonimato, y no recibimos ningún honor ni consideración…”. Entonces la cabeza les respondió: “Es cierto que yo soy la única que habla en las reuniones, pero es un privilegio que me corresponde, y no porque me lo regalaron. De mi salen las órdenes hacia todos los miembros del cuerpo, para que funcionen perfectamente y en el momento preciso. De no ser por mí, todos ustedes serían objetos inanimados, sin ninguna utilidad ni función. Y por eso, es justo que a mí me toquen todas las satisfacciones de la persona…”.
“Muy bonito. Muy bonito”, exclamó el doctor. “Una respuesta muy inteligente. Se ve que la cabeza tiene cabeza…”.
“Pues bien”, continuó el Rab, “Así como es la relación de la cabeza con el resto del cuerpo, así repartió Hashem la importancia de los días de la semana respecto al Shabat. El Shabat es la séptima parte de la semana, y es la cabeza de todos los días. De él sale la influencia para toda la vida. De no ser por el Shabat, la persona estaría sometida completamente a sus actividades materiales y físicas, y sería como todos los demás seres vivientes que lo rodean. Por eso es un gran privilegio de que el Am Israel posea el Shabat, y nosotros debemos cuidarlo para que al mismo tiempo nos cuide a nosotros en todos los días de la semana…”.

Las palabras que salieron de la boca pura del Rab, surtieron efecto en el corazón del doctor, quien captó el mensaje.
De ahí en adelante, el médico se transformó en Shomer Shabat.(observante del Shabat)

Od Iosef Jai

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

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