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El santo converso

Una de las figuras más prominentes de la historia de la época de oro del judaísmo de Lita (Lituania), la constituye, sin duda, el Graff Potosky: el ilustre Guer (converso), que luego fue conocido como Abraham ben Abraham. Después de haber abrazado la Torá, Abraham tenía que esconderse escapando a la persecución de la iglesia católica de Vilna, recluido en la ciudad de Iiya, en Lita. Allí cursó sus estudios de Torá en el Bet Hamidrash local, con un inusitado entusiasmo.

En aquel lugar vivía un joven Iehudí, atrevido e insolente, que acosaba permanentemente al perseguido Graff Potosky, interfiriendo en sus estudios. Una vez, después de que aquel joven ya había colmado su paciencia, el Guer se dirigió a él en términos ofensivos. El muchacho fue a contárselo a su padre, y éste, consintiendo a su hijo, llegó furioso al Bet Midrash y comenzó a insultar duramente al Guer. Las justificaciones del Guer y sus disculpas, no fueron suficientes para acallar los gritos que profería el exaltado padre. No hubo manera de calmar a ese hombre ni de hacerlo entrar en razón, hasta que en medio de una ira incontenible, llevó a cabo lo peor que se le podía haber ocurrido: Se dirigió a la policía de la ciudad y declaró que el buscado Graff Potosky se encontraba refugiado en el Bet Hamidrash.

Inmediatamente, el Guer fue aprehendido, y luego encerrado en una prisión de alta seguridad de la ciudad de Vilna, a la espera del juicio donde se le daría la oportunidad de volver a su anterior religión o soportar ser quemado vivo en la hoguera.

El Gaon Mivilna le mandó a decir que está en sus posibilidades salvarlo. Pero el Guer e respondió: “¡No quiero salvarme! ¡Prefiero quemarme vivo, para así entregarme a la Santificación del Nombre de Hashem!”. Los inquisidores, al ver la intransigencia del Guer y su apego a la Torá de Israel, sin atender a las amenazas que pretendían amedrentarlo, urdieron otra estrategia: Antes de llevar a cabo el ajusticiamiento, se acercaron a él y en tono burlón le dijeron: “Aquí, en este mundo, nosotros estamos vengándonos de ti. A ver si tú, en el otro mundo, podrás vengarte de nosotros…”.

El Guer, sonriente y tranquilo, les replicó a sus verdugos, sedientos de sangre: “Les voy a relatar algo que me ocurrió en mi infancia. En un terreno perteneciente a mi padre me encontraba jugando junto a unos niños de las clases pudientes. Se me ocurrió formar muñequitos de barro con la figura de soldados, tarea nada sencilla para mí. De repente, aparecieron los demás niños y, con maldad, pisaron mis estatuillas y redujeron a polvo todo lo que tanto me costó hacer. Llorando, me dirigí a mi padre para contarle aquella “horrible tragedia” que acababa de ocurrir, pidiéndole que castigara severamente a mis compañeros. Mi padre, en lugar de conceder mi pedido, me reprendió diciéndome que si yo era más inteligente que ellos, no tenía por qué enfurecerme por tonterías como esas. Pensé que en ese momento no tenía modo de tomar venganza contra ellos, pero cuando crezca, podré desquitármelas como pueda.
¿Ustedes creen que después, cuando el tiempo fue transcurriendo, se me ocurrió alguna vez llevar a cabo esa venganza que dejé pendiente? ¿Qué me hicieron esos pequeños, carentes de entendimiento? ¡Sólo pisaron simples
estatuillas de barro!
¿Acaso ustedes creen que en el Mundo de la Verdad, cuando esté todo tan claro en mi mente, pensaré en el momento en que ustedes, dentro de su necedad quemaron mi carne y despedazaron mis huesos, que no son sino como el polvo de la tierra?”.

Las palabras del Guer dejaron anonadados a los inquisidores. Pero mucho más aún, lo que siguió saliendo de sus labios cuando se refirió a su delator: “Si a la vida que me espera, podría llevarme un mínimo Zejut (mérito) que me permitiera pedirle algo a Hashem, no cesaría de intentar hacer llegar por mi intermedio, a quien me delató… al Olam Habá (mundo venidero). ¡Pues fue gracias a él que yo tuve el privilegio de llegar a una situación como ésta, de entregar mi vida para santificar el Sagrado Nombre de Hashem!”.

Kezet Hashemesh Bigburató

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

2 comentarios
  1. Moisés Lopez Onofre

    Sólo aquí en esta tierra alabó a Hachem, enl la obscuridad, y en la luz.

    14/07/2016 a las 16:02
  2. maria del carmen Or

    no entiendo xq cada vez q leo sobre los justos torturados, se me hace un nudo en mi garganta y no puedo evitar llorar.En fin gracias a HSHM x estos ejemplos de hombres y mujeres q nos dan valor, aun despues de muertos no cesan de consolarnos

    27/07/2017 a las 22:41

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