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El Propósito del Exilio

Extraído de Esta tierra es Mi tierra. Breslov Research institute

¿Qué hizo que Israel fuera dispersado entre las naciones? Ellos buscaron kirvut con ellas (Pesajim 118b).

KiRVut se traduce como KeRaV (batalla) o como KiRuV (cercanía). Si los judíos se hubieran sometido pacíficamente a sus captores, no habrían estado sujetos a un sufrimiento tan terrible y al exilio (Maharsha, loc. cit.). Del mismo modo, si los judíos no se hubieran dejado influenciar por las otras culturas y no hubieran adorado a sus dioses, no habrían sufrido tanto en el exilio (Iun Iaacov, loc. cit.). De hecho, el profeta Jeremías trató de convencer al pueblo de que no se rebelase contra Nabucodonosor. Y los sabios urgieron a los fanáticos en Jerusalén a que se sometieran a Vespasiano y aceptasen el gobierno romano (capítulos 12, 13). Jerusalén fue destruida en ambas ocasiones.

Pero tampoco los intentos de establecer relaciones cercanas con los vecinos o con los conquistadores dieron resultado. La narrativa bíblica registra las guerras en contra de naciones cuyos dioses fueron adorados por los israelitas. Durante el período del Segundo Templo también los judíos helenistas se vieron afectados por las medidas antijudías de las autoridades griegas y romanas. (Del mismo modo, los judíos asimilados y convertidos de la Rusia zarista y de la Alemania nazi sufrieron las mismas políticas de opresión decretadas en contra de sus hermanos). Los judíos tampoco la pasaron mejor bajo “la gran Roma y la pequeña Roma”. Las divisiones internas dieron como resultado la dispersión entre las naciones. De acuerdo con el Talmud, el odio infundado produjo la destrucción del Segundo Templo. Y está claro que las disputas internas se sumaron a los tremendos efectos de la dispersión.

Uno puede preguntar: ¿Cuál es el propósito del exilio? Según la Torá, si no aceptamos el yugo del Cielo, tendremos que aceptar el yugo de las otras naciones. Nuestra Tierra será invadida y asolada. Seremos exilados por una nación cruel “cuya lengua no comprenderán” (Deuteronomio 28:49). Muchos de los que no deseen abandonar su judaísmo o asimilarse sufrirán debido a las acciones de los otros. Ellos preferirían una solución pacífica, pero que no es posible alcanzar. ¿Qué propósito puede tener el hecho de dispersar a los judíos entre las naciones? Además, no olvidemos lo siguiente:

Israel fue dispersado entre las naciones para que se les uniesen los conversos (Pesajim 87b).

Esta frase parece contradecir la afirmación anterior que asegura que ellos buscaron kirvut con las naciones. ¿Cuál enseñanza es la correcta? ¿Acaso los judíos buscaron siempre el contacto y la amistad con las naciones o fueron dispersados para atraer conversos?

En verdad, el exilio fue el resultado de varios factores. Siempre estuvieron aquéllos para quienes era difícil resistir la tentación. Según los sabios, “la Torá no fue dada a los ángeles” (Kidushin 54a). Siempre curiosos y deseosos de aprender, los judíos se fascinaron con las culturas que los rodeaban: en el período del Sinaí, cuando los israelitas hicieron el becerro de oro, durante el gobierno de los Jueces, de los reinados de Israel y de Iehudá y en los períodos helenístico y romano.

Más aún, Israel, como Pueblo Elegido, es responsable de la revelación del Maljut de Dios. El judío individual tiene un elemento microcósmico de osadía y energía para guiar a los demás hacia Dios. Sin embargo, muchos no pueden dirigirse hacia él, y menos aún influenciar a los demás. Por lo tanto, esta energía de Maljut es mal dirigida, dando como resultado que la gente se vuelva pendenciera, e intente imponer su voluntad. De aquí surge la característica negativa de “ana emloj – yo gobierno”, que lleva al shelo keseder (las cosas no están en orden) (ver final del capítulo 16). Surgieron guerras en gran escala donde pequeñas riñas dieron como resultado el sufrimiento y el exilio.

Pero este modelo no es necesariamente eterno, sino que puede ser quebrado. El exilio puede transformarse en un catalizador para la redención futura. El verdadero propósito del exilio, por lo tanto, es aumentar el número de conversos al judaísmo.
Todo lo que Dios creó contiene bondad. Dado que Dios es bueno, todo lo que surge directamente de él también debe ser bueno. Si éste es el caso, ¿de dónde sale el mal? Los Kabalistas explican que Dios produjo la Rotura de los Recipientes. Cuando Dios hizo que Su Luz fuera demasiado intensa para que los recipientes creados pudieran contener esa Luz, éstos se quebraron.

Estos fragmentos (recipientes quebrados) se dispersaron a todo lo ancho y lo largo de la Creación. Por ser de origen Divino, representan el bien. Dios reconstruyó los recipientes a partir de los fragmentos, permitiendo que Su Luz pudiera ser contenida en un recipiente que no se quebrase. Sin embargo, un recipiente formado a partir de fragmentos quebrados no siempre está constituido por todos ellos. Las fragmentos no utilizados de los recipientes quebrados fueron dejados intencionalmente fuera del ámbito de los recipientes reparados para permitir el potencial para el mal.

Aquél que realiza una buena acción refleja la reconstrucción de los recipientes, creando una unidad que recibe la Luz de Dios. Es decir, junta las chispas de santidad. Pero cuando comete un pecado, vuelve a recrear la Rotura de los Recipientes, dispersando las chispas de santidad fuera del ámbito de la santidad hacia el ámbito de la impureza. Estas chispas, difundidas por todo el mundo, deben ahora ser recolectadas y traídas de retorno al ámbito de la santidad (ver arriba, capítulo 6, 9). Cuando un pecador dispersa chispas de santidad en el ámbito de la impureza, recae entonces sobre él la tarea de reclamar esas chispas, recolectar las chispas quebradas y dispersas de la santidad y hacerlas retornar hacia el ámbito de la santidad.

Es posible que Esaú haya sido la persona más malvada que alguna vez haya existido. Aun así, su alma contenía chispas de santidad y de bondad. Sin embargo, sus malos caminos nunca dejaron que esas chispas se desarrollasen y madurasen, aunque formaban parte integral de la Creación de Dios. Tales chispas subdesarrolladas de santidad pueden ser atrapadas durante muchos años en el ámbito del mal, durante generaciones, siglos o incluso milenios. Sin embargo, finalmente, las chispas de santidad y de bondad deben retornar a su lugar apropiado, al ámbito de la Divinidad (Likutey Torá, p.84; Likutey Halajot, Toein veNitán 5:9).

La base conceptual para la conversión es la recolección de todas las chispas de santidad desparramadas por el mundo entero. Los pecados del hombre producen la dispersión de las chispas de santidad. Por lo tanto, debe hacer el bien, cumplir con las mitzvot y difundir la Divinidad.

Las dificultades en la vida del individuo corresponden a las del pueblo judío, que fue exilado para rectificar y elevar las chispas de santidad que sus pecados habían llevado al exilio. En el exilio, ellos tienen el potencial de recolectar las chispas y de traerlas de retorno hacia el ámbito de la santidad, difundiendo la Divinidad.

Por lo tanto, el propósito del exilio fue recolectar las chispas de santidad dispersas en el mundo, en la “gran Roma y la pequeña Roma”, bajo Esaú e Ishmael, bajo el cristianismo y el Islam. Pues el bien existe en todas partes, incluso en Esaú y en Ishmael. Todos tienen un potencial para el bien reconociendo el Maljut de Dios y sirviéndoLo a él. Así, cada uno puede volverse un “converso” que acepta a Dios. Aunque el mal existe, el bien se mantiene y el mal finalmente morirá. La Divinidad emergerá del ámbito del mal y será devuelta al ámbito de la santidad, tal como se le prometió a Israel que merecería el retorno de los exilios y el retorno a la Tierra Santa.

Chaim Kramer

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