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Pesaj y su significado
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El poder del habla y la libertad

Extraído y adaptado de “Anatomía del Alma” escrito por Por Jaim Kramer Con Abraham Sutton

La sabiduría se expresa a través de la palabra. Pero no todos los pensamientos pueden o deben ser articulados en su totalidad. Uno debe considerar sus pensamientos antes de expresarlos, decidiendo si ha de comunicarlos o retenerlos. Este principio se encuentra representado en la constitución física de la tráquea y de la laringe. Debido a su angostura, existe una presión de succión durante la respiración, por lo que es necesario que estén reforzados por anillos de cartílago que impiden su colapso.

La Tráquea y la Laringe: Constricción

Los conductos del aire conectan con la faringe, que se extiende hacia la tráquea y, a través de los bronquios, hacia los pulmones. Claramente, el cuello y la garganta juegan un papel crucial en el sistema respiratorio. Y dado que la garganta cobija a las cuerdas vocales y está relacionada con la capacidad del habla, posee muchas implicancias espirituales.

Enseña el Rebe Najmán:

La tráquea, a través de la cual pasa el aire, es llamada en hebreo kané. La palabra hebrea kané tiene también otros significados: puede ser traducida también como adquirir o caña. Uno de sus significados es utilizado en (Proverbios 4:5), K’Né [adquiere] sabiduría. Otro es (Salmos 68:31), Reprende a la bestia salvaje del KaNá [cañaveral]. Así, KaNé representa en un sentido, la sabiduría pura que, al ser adquirida, lleva hacia la espiritualidad; en otro sentido, representa las filosofías ajenas que alejan de la espiritualidad y que están representadas por las bestias salvajes del cañaveral.

La tráquea puede ser utilizada para adquirir sabiduría, para decir palabras de espiritualidad; o puede ser utilizada para el pecado, exponiendo filosofías ajenas e ideas inmorales. Uno debe saber cuándo es apropiado expresar sus pensamientos y hablar, es decir, aprender Torá y utilizar la palabra para servir a Dios.
De manera inversa, la persona debe saber cuándo contener su habla cuando tiene la urgencia de utilizar un hablar inapropiado o exponer filosofías que no representan la verdad de Dios.

El Rebe Najmán enseña además que el estudio del Talmud corresponde a la laringe. El Talmud, compuesto por las seis secciones de la Mishná, corresponde a los seis anillos de cartílago de la tráquea (Likutey Moharán I, 3:1). (Existen de hecho nueve secciones de cartílago en la tráquea. Los seis anillos a los que se refiere aquí el Rebe son los tres pares de cartílagos: el aritenoides, la cornícula y el cuneiforme). Este paralelo sirve para mostrarnos cómo debemos utilizar la laringe: para el estudio de la Torá y para servir a Dios.

El Cuello: Exilio y éxodo

En hebreo, el cuello es llamado mitzar hagarón, el pasaje estrecho de la garganta. Esto representa el concepto del tzimtzum, la contracción específicamente la contracción que debe ocurrir antes de que el pensamiento y la palabra puedan manifestarse. Este tzimtzum es precedido por otro tzimtzum anterior que tiene lugar entre el pensamiento y su expresión verbal, dado que el pensamiento debe ser canalizado a través del habla. Las palabras deben entonces pasar a través de la garganta antes de llegar a ser actualizadas. Articular ideas y expresarlas en palabras, cristaliza los pensamientos, llevándolos más cerca de su realización.

Egipto, MiTZRaim en hebreo, representa el área del cuello y la garganta, como está indicado por MeiTZaR hagarón. En Egipto, la cualidad del habla refinada estaba en el exilio. PHaRAó, término genérico utilizado para designar a todos los gobernantes egipcios, comparte las letras de OrePH, la nuca y también de PeH-RA, un habla maligna. El principal exilio en Egipto lo constituyó la prisión del poder del habla por parte del Faraón y su pueblo. (En un sentido, el Faraón puede ser considerado como el dueño de los medios de comunicación de la antigüedad, quien intercepta la palabra y la esclaviza bajo su ideología.

Por supuesto que el concepto de hablar libre puede ser mal interpretado. No es necesario ir muy lejos para ver la confusión que se cobija bajo la bandera de la libertad de expresión.
Estas tres palabras han arrasado a la sociedad hasta su misma médula, permitiendo que cualquiera diga cualquier cosa, sin importar quién pueda ser dañado, ofendido o afectado.

El Talmud da otra definición para el habla libre. Un hablar libre es aquél que puede ser expresado sin insultar, causar malestar en los demás o despertar pasiones negativas. Así aprendemos (Arajin 15b), Dijo el Rabí Iossi, ‘Yo nunca dije nada de lo cual tuviera que pedir disculpas’. Rashi ofrece dos explicaciones a las palabras del Rabí Iossi (v.i. v’jazarti): Nunca tuve que mirar para ver quién estaba a mi alrededor (pues nunca habló en contra de nadie), o Nunca tuve un motivo para negar haber dicho algo.
Esto es una hablar libre, del cual uno nunca tiene que avergonzarse.

Afirman nuestros Sabios (Bereshit Rabah 14:11), Con cada aliento, uno debe alabar a Dios. Comenta el Rebe Najmán (Likutey Moharán I, 55:7), Con cada aliento, con cada palabra expresada, uno puede invocar el honor del Santo, bendito sea. Hablar con propiedad, incluso al tratar sobre temas mundanos y evitar un hablar degradado lleva al hombre cada vez más cerca de Dios. Este es el significado de un hablar libre: palabras que la persona puede decir dondequiera que esté y en cualquier situación que se encuentre. Estas son palabras mediante las cuales merecemos el éxodo. Mediante ellas, nos volvemos hombres libres.

Por Jaim Kramer Con Abraham Sutton

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