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Ayuno 17 tammuz
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El poder de la paz

Extraído de Esta tierra es Mi tierra.

Poco tiempo después de que el Rabí Natán hiciera su peregrinación a la Tierra Santa en 1822, escribió un discurso durante los meses de Tamuz y Av, el período de lamentación por la destrucción del Templo y de Jerusalén. Allí hace referencia a la esperanza eterna por la reconstrucción del Templo. El Rabí Natán presenta primero una síntesis de una de las lecciones del Rebe Najmán (Likutey Moharán I, 179).

La regla general es que para poder enfrentar toda clase de oposiciones, uno debe ayunar. La oposición se refiere a todo tipo de adversidad, incluida la mala inclinación que lleva a la persona en contra de Dios. La oposición es aquello que va en contra de la voluntad de la persona. Alguien puede querer algo, pero la «oposición» o fuerza opositora está en su contra. Ayunar es bueno porque contradice la voluntad humana. Uno desea comer, pero al subyugar su voluntad a la voluntad de Dios, las fuerzas de la oposición son subyugadas ante uno. éste es el significado de, «Cuando hay paz, no hay necesidad de ayunar. Pero si falta la paz, uno debe ayunar…» (Rosh HaShaná 18b). Ayunar anula a los enemigos y a la oposición. Pero cuando reina la paz, hay alegría y felicidad.

El Rabí Natán explica entonces las ideas de esta lección y las aplica a las tres semanas de duelo durante Tamuz y Av. Trata sobre las razones para el ayuno y para la subsecuente alegría en la consolación de Sión, y une estos conceptos con la Tierra Santa. La siguiente es una sinopsis del discurso que se encuentra en Likutey Halajot, Birkot Peratiot 4.

Ayunar para resolver conflictos y oposiciones conecta a la persona con la santidad de la Tierra Santa, que contiene todos los niveles de santidad. La oposición a todo lo santo representa la mala inclinación y las klipot, que son anuladas por la santidad misma. Cuando la mala inclinación y las klipot son vencidas, reina la paz. Cuando hay paz, el mundo entero reconoce a Dios. El poder de la paz reside en llevar el mundo al reconocimiento del servicio a Dios.

La paz sólo puede ser efectivizada en la Tierra Santa. Esto se debe a que allí reside el intelecto, donde reina la unidad y por tanto la paz. Debemos recordar que los intelectos de la diáspora representan la disputa (ver arriba, capítulo 25). Más aún, Jerusalén representa la paz; la palabra misma IeRuShaLaIM contiene las letras de ShaLeM (similar a ShaLoM, paz). Y el Templo corresponde a la paz, porque éste es conocido como Sukat Shalom (el Tabernáculo de Paz; cf. Salmos 76:3).
El Rabí Natán explica cómo la Tierra Santa, el Templo y el ayuno están integrados. Continúa entonces:

El motivo principal de la Creación fue la revelación de la gloria, el honor, de Dios. Gloria, honor, es sinónimo de voluntad, como en, «[Hacer] la voluntad de la persona es honrar a esa persona» (Talmud Ierushalmi, Kidushin 1:7). Así, la principal devoción del hombre para honrar a Dios es tratar de hacer Su voluntad. Hacer Su voluntad requiere que uno subyugue sus deseos a esa voluntad. Y éste es el gran valor de la paz. Pues Dios creó todo en base a diferencias. Las diferencias pueden encontrarse en el tiempo, en el lugar y en la gente, en todas partes, en todo momento y en todas las cosas… Pero la principal vitalidad de cada cosa deriva del Dios único, de Su Unidad.

Y la principal manera de recibir vitalidad de esta Unidad es a través del amor. Uno debe buscar «amar a su prójimo como a sí mismo» (Levítico 19:18). Cada individuo es muy diferente, pero siempre debe estar lleno de amor a todos, incluso por aquéllos que no es capaz de comprender. Están aquéllos que tienen una temperamento rígido… De manera que comienzan las discusiones y la disputa abunda. Dicho de manera simple, la gente es diferente, muy diferente [una de la otra].

Pero cuando uno coloca la gloria y la voluntad de Dios ante todo, y todo lo que uno hace es por Su honor, entonces trascendemos nuestras diferencias y nos volvemos una entidad unificada. Entonces todos utilizan sus fuerzas sólo para el honor de Dios. Yo tomo mi voluntad y la someto a Dios, igual que el otro. Como ambos nos sometemos al Dios único, revelamos a Dios y a su Maljut. Automáticamente las diferencias dejan de tener un significado real, dado que nuestras voluntades son en aras de Dios. Entonces se revela la Unidad de Dios y se manifiesta Su voluntad.

éste es el significado de la enseñanza de nuestros sabios, «Grande es la paz; odiosa es la disputa» (Bereshit Rabah 38:6). La vitalidad necesaria para sostener este mundo, y en verdad, todos los mundos espirituales y físicos, sólo proviene de la unidad y de la paz.

Jaim Kramer

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