Profundizando
2. Pureza familiar y Natalidad
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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El Pacto de Abraham

Extraído de Anatomía del Alma. Por Jaim Kramer Con
Abraham Sutton.

Teraj, el padre de Abraham, era uno de los idólatras más importantes de su época. Viviendo en un ambiente idolátrico, Abraham siempre sintió un vacío en su vida. Buscando llenar ese vacío, encontró a Dios, y aunque hubo de pasar por increíbles dificultades, sufriendo hambrunas, guerra y falta de hijos, siempre se mantuvo fiel a él. Finalmente, Dios hizo un pacto eterno con Abraham y sus descendientes.

Y el Señor se le apareció a Abraham y le dijo, “Yo soy El Shadai; camina delante de Mí y sé perfecto. Y yo haré Mi Pacto contigo… Estableceré Mi Pacto entre Yo y tú y tu simiente después de ti… Yo seré tu Dios… Y tú heredarás esta tierra… Este es Mi Pacto… Que sea circuncidado cada varón entre vosotros…” . Génesis 17:1-14

El Pacto (Brit en hebreo) es el pacto que Dios hizo con Abraham y con la nación judía.

Debemos considerar el significado del hecho de que Dios, el Rey de reyes, haya hecho un pacto con Su Pueblo. ¿Es posible que por el solo hecho de que se nos practique la circuncisión en la infancia hayamos cumplido con nuestra parte del Pacto? ¿Es posible que desde el momento de la circuncisión estemos absueltos de guardar el Pacto y todo lo que significa? Si un rey mortal hiciese un Pacto con el pueblo, ¿acaso no lo honrarían y harían lo posible por cumplirlo todo el tiempo? ¡Por supuesto que harían todo lo posible para no violarlo! ¡Cuánto más aún debe sentirse obligado el judío a honrar, cumplir y guardar constantemente, a lo largo de toda su vida, su Pacto con Dios!

¿Cuál es, entonces, la sustancia de este Pacto? ¿Qué es lo que se requiere exactamente de un judío para cumplir con el pacto? De hecho, ¿dónde se nos dice que debemos amar y guardar el Pacto toda la vida, aparte de lo que se encuentra escrito en el relato del pacto que Dios hizo con Abraham, es decir, del acto de la circuncisión?

El signo específico del Pacto de Dios, el órgano sexual, tiene el poder de iniciar una nueva vida. Pero la procreación sólo puede llevarse a cabo a través de la unión sexual. Enseña el Talmud que hay tres socios en la formación de un niño: “El padre contribuye con las partes blancas del cuerpo [huesos, tendones, etcétera]; la madre contribuye con las partes rojas [piel, carne, etcétera]; y Dios le da la vida al niño…” . (Nidá 31a). Sólo cuando estos tres socios funcionan en conjunto puede el niño llegar al mundo. ¿Cómo sucede esto?

La palabra hebrea para matrimonio es KiDuSHin, que surge de la palabra KoDeSH (santo). Cuando la unión entre marido y mujer es santa, la Divina Presencia, el Tercer Socio, reside con ellos (cf. Sotá 17a). Así, la unión sexual, cuando se realiza en santidad, es un reflejo de la actitud de respeto de la pareja hacia los poderes de procreación otorgados por Dios. Vivir dentro de los límites de las relaciones sexuales permisibles asegura el cumplimiento del Pacto, y por lo tanto del Pacto mismo. Enseña el Rebe Najmán:

Si la persona contrae matrimonio de acuerdo con la ley de la Torá y mantiene su comportamiento marital dentro de los límites de la Torá, es considerada entonces como una persona que ama el Pacto de Abraham (Likutey Moharán I, 11:7). Cuidar el Pacto es el medio principal para acercarse al Santo, bendito sea (Likutey Moharán I, 29:5).

La Circuncisión

La Circuncisión es el aspecto físico de nuestro compromiso con el Pacto entre Dios y Abraham. El niño nace con una cobertura de piel sobre el glande, la punta del órgano. Esta piel es superflua y, como con todos los otros “excesos” del cuerpo, puede ser retirada sin efectos adversos. El Brit Milá, el Pacto de la Circuncisión, requiere quitar esa piel. El proceso de la circuncisión incluye el retiro de la piel, llamada orlá, para descubrir el glande.

Hay, de hecho, dos capas de piel que cubren el glande: la primera es el prepucio mismo y la segunda es una fina membrana, que debe ser abierta y empujada hacia atrás del glande. Durante la circuncisión el orlá es retirado por completo; esta parte del proceso es llamada la milá. Sin embargo, la milá deja aún el glande cubierto por la membrana, sobre la cual se realiza la priá. Priá significa descubrir o revelar, y este proceso implica abrir la membrana para revelar la punta del órgano. Retirar sólo el prepucio, dejando la membrana, invalida la circuncisión.

Escribe el Ari que la mitzvá del Brit Milá corresponde a la visión profética de la Santa Carroza percibida por Ezequiel. “Y vi una tormenta de viento proveniente del norte, una gran nube y un fuego fulgurante; una Noga [brillo radiante] la rodeaba y un Jashmal apareció en el fuego” (Ezequiel 1:4). El Rebe Najmán ofrece una interpretación de esta visión tal como se aplica a la condición humana (ver Likutey Moharán I, 82; ibid. 19:3-5).

Puede decirse que la tormenta de viento representa los obstáculos generados por la familia, los amigos y las dificultades financieras que la persona debe enfrentar en su búsqueda de lo espiritual. La gran nube representa las dudas y la confusión, tales como los cuestionamientos a la fe. El fuego fulgurante alude a la avaricia, a la lujuria sexual, a la arrogancia y al estallido de la ira. Noga es el brillo compuesto en parte por el bien y en parte por el mal. El bien en Noga debe ser reincorporado a la santidad, para que el mal, privado de su fuente de vida, se agote y muera. El Jashmal sirve como una barrera, previniendo que el mal de Noga penetre en el ámbito de la santidad.

El prepucio corresponde a las tres klipot (literalmente, “cáscaras” ) completamente malas – representadas por la tormenta de viento, la gran nube y el fuego fulgurante de la visión de Ezequiel. El prepucio cubre por completo el glande, que es llamado Ateret HaIesod (la Corona de Iesod) e impide que la shefa (abundancia) Divina pase, como debiera, a través de Iesod hasta Maljut. Retirar el “prepucio” – milá – extrae de Iesod a estas tres klipot, permitiendo una libre transferencia de abundancia. Aun así, esta transferencia no puede realizarse de la manera apropiada hasta que Iesod no sea revelado por completo.

La fina membrana que rodea el glande, correspondiente a la cuarta klipá, la Klipá Noga, debe ser empujada hacia atrás. Es así que se nos ordena cumplir con la priá, retrayendo la membrana y revelando el glande. Una vez realizada, la priá impide que el elemento negativo de Noga entre al ámbito de la santidad.

Al tratar el tema del retiro del prepucio, el Rabí Natán se refiere a las otras aplicaciones de estos términos:

Existe una ordenanza conocida como el orlá, que prohíbe comer las frutas de los tres primeros años de árboles recién plantados. Durante el cuarto año es posible comer sus frutos, pero sólo luego de haberlos redimido. A partir del quinto año, uno puede disfrutar de los frutos de su trabajo sin restricción alguna (ver Levítico 19:23-25). Esto nos enseña el valor de la humildad y el rechazo de la arrogancia.

Existen cuatro niveles de humildad, correspondientes a los cuatro primeros años. La persona debe ser humilde delante de aquéllos más grandes que ella, delante de sus pares e incluso delante de aquéllos que se encuentran en un nivel inferior. Cuando se alcanza este tercer nivel de humildad en el cual la persona se considera menos que todas las demás, se debe entonces buscar un nivel más profundo de humildad.

Los tres primeros niveles de humildad contienen algo de arrogancia; estos niveles corresponden a las tres klipot negativas – pues en cada uno de estos niveles la persona se niega, en cierta forma, a humillarse delante de los demás. Incluso alguien que actúa con “absoluta humildad” – humildad que lo coloca por debajo de la norma de la estima humana – también posee algo de arrogancia, pues puede llegar a sentir que no es adecuado que alguien como él deba ser tan humillado. Este es el sutil mal de noga. Esta noga sólo se vuelve una fuerza totalmente positiva cuando la persona comprende que siempre debe ser completamente humilde delante del Creador (Likutey Halajot, Orlá 5:1-2).

La arrogancia es la característica más negativa del hombre y debe ser erradicada. Esta característica corresponde al prepucio. La arrogancia es un rasgo que tiende a sabotearse a sí mismo: y es su propia fuente de humillación, pues la persona arrogante es despreciada, dado que es su misma arrogancia la que hace que la gente busque desacreditarla. También a través de sus acciones puede atraer la humillación, esperando y ordenando que las cosas sean como ella lo desea, cuando por lo general no lo son (Likutey Moharán II, 82).

En ningún otro lugar se hace tan patente este rasgo negativo como en la actitud de la gente hacia sus proezas sexuales; hay gente que tiende a “pavonearse” y al hacerlo se vuelve objeto de humillación. Por el contrario, aquél que busca la espiritualidad del Pacto de Abraham quita su prepucio – su arrogancia – que es fuente de humillación y oprobio. El Rebe Najmán enseña que “el oprobio y la humillación coinciden con la inmoralidad sexual, y la inmoralidad sexual es sinónimo de un Pacto denigrado” (Likutey Moharán I, 19:3).

También enseña el Rebe Najmán:

El brit corresponde al JaSHMaL que protege del mal [como arriba], pues JaSH tiene el significado de “silencio” y MaL sugiere la Milá [circuncisión]. Ya hemos visto que el prepucio corresponde a la humillación. Cuando una persona es insultada o avergonzada, pero se mantiene en silencio y controla su deseo natural por responder, al punto en que no siente ningún mal ni siquiera en su corazón, entonces revela las cualidades del brit, obteniendo así un tremendo mérito (Likutey Moharán I, 82:2).

Es así que el Pacto de Abraham cultiva en la persona las características del autocontrol; aunque sea humillada, será capaz de restringirse y de no responder. Este comportamiento limpia su corazón. Es significativo que también del corazón se dice que tiene un prepucio y que aquél que se vuelve hacia Dios es capaz (y de hecho se requiere que) “circuncide” su corazón (Deuteronomio 10:16).

(Es interesante notar que anatómicamente existe una cobertura del corazón conocida como el pericardio. Hay ciertas afecciones que son tratadas quirúrgicamente por la medicina occidental quitando el pericardio.)

Jaim Kramer Con Abraham Sutton

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