Analizándose
Felicidad y Percepción
Sobre la Percepción
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El Obsequio del Sufrimiento

Extraido del libro «Todo es un obsequio 1»

Shir Hashirim nos muestra cómo todos los sentimientos terrenales… no tienen sino el fin de ayudarnos a entender lo único que realmente existe, el amor a Dios.
BOOK OF OUR HERITAGE [LIBRO DE NUESTRA HERENCIA], p. 310


Esta es una declaración extraordinaria. ¿Cómo es posible que no exista nada más fuera del amor a Dios? ¿Acaso yo no existo? ¿Acaso
los árboles y los animales no existen? ¿Acaso no existen mis otras emociones, como la ira, la aflicción o el temor? Lo que está diciendo
el rabino Kitov, ZT”L, es que en última instancia nada tiene permanencia salvo el amor que tenemos el uno por el otro y por Dios. El amor es la única realidad duradera. El amor es lo único que nos hace realmente vivos y que le da sentido a la existencia.

El grado en el cual podamos aceptar la voluntad de Dios con amor determina el grado de alegría de nuestras vidas. Si entendemos que estamos aquí para desarrollar esta habilidad, entonces podremos aprender con el tiempo a ver cada experiencia de la vida como algo capaz de llevarnos a un nivel de amor más profundo. El sufrimiento está destinado a instruirnos en el amor, porque el amor es lo único que hace tolerables nuestras pérdidas y nos permite hacer frente al dolor con dignidad.

La revelación de lo espiritual

…el Señor te dispersará entre los pueblos…pero de allí [de ese lugar de oscuridad y angustia] buscarás al Señor tu Dios y Lo encontrarás si Lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma…En tu angustia… retornarás…y prestarás oídos a Su voz, pues un Dios misericordioso es el Señor tu Dios…
DEVARIM 4:27-29

Todos nuestros Patriarcas y Matriarcas sufrieron profundamente. Toleraron la guerra, el hambre, la prisión, la esterilidad, el engaño y el exilio. No siempre obtuvieron najes de sus hijos, ni fueron sus más fervientes deseos satisfechos de inmediato. ¿Por qué? Porque el dolor intensificaba su anhelo de cercanía a Dios y les revelaba su grandeza interna.

Ningún hombre del mundo está libre del dolor.
IALKUT SHIMONÍ

Si una persona vive cuarenta días consecutivos sin experimentar problemas, ha usado toda su recompensa en el Mundo Venidero.
ARAJÍN 16b

En hebreo, la palabra olam (mundo) proviene de la palabra que significa «oculto». Lo oculto, por supuesto, es la Divinidad verdadera y más recóndita existente dentro de nosotros mismos y el mundo. ¿Y qué nos impulsa a revelar esta verdad interna, a remover las barreras que ocultan la Divinidad existente en nosotros mismos y el mundo? Muchas veces es el dolor y la desilusión lo que crea el anhelo por tener algo más que las satisfacciones que puede suministrar el mundo físico.

El sufrimiento tiene el poder de hacer realidad lo que está latente en nosotros mismos; pero, para que se concrete nuestro potencial de revelación de la Divinidad, tenemos que practicar ciertas disciplinas espirituales, como la compasión, el perdón, dar el beneficio de la duda y tener fe en medio del dolor.

Cuando las cosas van bien, tendemos a quedarnos espiritualmente dormidos, pues no sentimos ninguna fuerte necesidad de Dios; pero, cuando estamos en medio del dolor, nos damos cuenta de que la gente y los placeres de este mundo no pueden suministrar ninguna satisfacción duradera, sino sólo un escape temporal. El vacío resultante nos puede hacer caer en la desesperación, o puede hacernos querer aferrarnos a algo más sublime. La desilusión y la pérdida nos enseñan que nunca seremos verdaderamente felices mientras sólo busquemos satisfacer nuestros deseos personales materialistas. La verdadera alegría llega cuando nos aferramos a una meta mayor a nosotros mismos, que nos haga ascender y nos eleve más allá de nuestra abstracción y miseria.

…lo que se necesita es un esfuerzo extremo para retener el contacto con la conciencia personal del Creador: un esfuerzo contra la naturaleza, casi contra la gravedad. Ríndete un instante y se te escapará sigilosamente.
MALBIM SOBRE MISHLÉI 4:13

Para el común de las personas, que podríamos no experimentar lo espiritualmente deficientes que somos cuando todo va a nuestra manera,
el dolor es a menudo lo único que nos obliga a hacer aquel gran esfuerzo, a tratar de entender y clamar con angustia: «¿Por qué me ha sucedido esto? ¿Qué quieres de mí, oh Dios? ¿Qué tengo que hacer para dejar de sufrir?». Es siempre desde lo más hondo que se emite
este clamor. El clamor es el primer paso para la expansión de la conciencia.

Desde las profundidades invoqué al Señor; me respondió con expansividad.
TEHILIM 118:5

El Gaón de Vilna, en su comentario a Mishléi 3:34, expone que si, en medio del sufrimiento, nos esforzamos por retener una sensación de esperanza y amor, seremos recompensados con jen o gracia, la habilidad de irradiar Divinidad desde nuestro interior.

Y adquirimos el jen al confiar en que sea lo que sea que nos envíe Dios —hasta el suceso más doloroso—, es algo bueno, correcto y necesario para nosotros. El desafío es retener esta confianza en el momento en que Él parece más oculto y cuando nosotros estamos más afligidos. Es este esfuerzo por traer Su presencia a nuestras vidas durante momentos de sufrimiento lo que produce una sensación profunda e íntima de cercanía a Él. Y es esta sensación de Su cercanía lo que hace tolerable el dolor. De este modo,

Dios une Su nombre a un ser humano en el mundo sólo si esa persona ha sufrido.
MIDRASH RABÁ, VAIGASH

La gratitud y el amor a Dios son respuestas naturales cuando obtenemos lo que deseamos, pero la respuesta natural a la frustración es la ira. Cuando los Bnei Israel quedaban frustrados, se quejaban, y hasta protestaron airadamente contra Dios: «Nos sacaste de Egipto porque nos aborreces» (Devarim 9:28).

Cuando rechazamos las circunstancias dolorosas que nos envía Dios, es como si Lo estuviéramos rechazando a Él. Caer en la cuenta de que «no hay ningún lugar desprovisto de Su Presencia» (Tikunéi Zohar 57:91b) es la esencia de la fe. Nada de lo que haga Dios es insensato o injusto, mas estamos tan limitados por nuestra inteligencia finita que solemos ver las cosas de esa forma.

La gente que nunca ha sufrido una pérdida importante es a veces terriblemente arrogante, superficial, insensible y carente de compasión, de modo que pareciera que quienes sufren muchas pérdidas están destinados a desarrollar los rasgos de carácter opuestos: humildad, introspección, sensibilidad y compasión. Cuando sufrimos una pérdida, nuestra tarea es fortalecer nuestro lazo con Dios. De lo contrario, el
sufrimiento nos hace crueles, resentidos o emocionalmente inertes.

Darle significación al dolor: la unión de las revelaciones

Tal como hay que recitar una bendición por lo bueno, hay así también que recitar una bendición por las desgracias.
BERAJOT 9:5

Una de las mayores alegrías que puede experimentar una persona es la alegría del logro. Esto lo vemos incluso en los niños, cuyo entusiasmo
al descubrir algo nuevo o dominar una habilidad les trae muchísima alegría tanto a ellos como a quienes los rodean. El mayor logro que podemos experimentar nosotros los adultos es la sensación de la trascendencia de las limitaciones físicas, emocionales, mentales o espirituales de ayer y llegar hoy a un nuevo nivel de entendimiento o dominio.

Espiritualmente, nuestra máxima meta es alcanzar un nivel de conciencia de Dios en el que veamos todo como un obsequio, cuando podamos decir con una sinceridad real: «La Roca; Su obra es perfecta » (Devarim 32:4). Cuando lo hacemos, nos es posible entender cómo Rabí Akiva pudo decir: «El sufrimiento es para mí algo precioso » (Sanhedrín 101a). Pero llegar a este nivel es como subir por un acantilado escabroso, algo que suele exigir años de lucha para ir más allá de nuestra visión subjetiva limitada.

¿Qué nos impulsa a seguir ascendiendo? Muchas veces es el deseo de encontrar un sentido a nuestra agitación y angustia interna. El peor
dolor que puede sufrir un ser humano es sentir que su dolor es en vano. Encontrarles un sentido a nuestras pérdidas no elimina necesariamente
el dolor y la aflicción, pero tolerar la pérdida se hace más fácil si sentimos que nos ha acercado a verdades espirituales que antes no eran discernibles. Si tuviéramos todo lo que pidiéramos, ¡no tendríamos interés en tratar de alcanzar estas verdades!

Miriam Adaham

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1 comentario
  1. Javier Guevara

    Muchas gracias, por el articulo me llego en un momento de angustia personal.

    31/03/2019 a las 22:05

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