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La Tora e Israel
Más allá de toda duda (el origen de la Torá)
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El Llamado De Teléfono I

– D, D, D…Da…David.

– ¿Qué?

– Tienes…tienes un llamado de teléfono.

– ¿Por qué estás tan nervioso? ¿Y por qué te ves tan pálido? Está todo bien ¿verdad?

– Todo está bien. Es sólo…Es sólo…

– ¿Qué?

– No lo sé. Es extraño; .v…v…ve a contestar el teléfono.

David corre al teléfono y escucha una voz muy profunda e inquietante que dice:

“David… David… Soy el Creador”. Se pregunta si quizá es el Día de los Inocentes. Mira en el calendario y… no, no es ese día. “Entonces ¿qué está sucediendo?”, se pregunta.

Enseguida trata David de imaginarse cuál de sus amigos es el gracioso en acción. Quienquiera que fuere, ciertamente suena muy convincente.

– Sí – dice David-. ¿Qué desea usted?

– Tengo una importante misión para ti. Pero primero, deseo probarte que Yo soy Quien digo que soy. De modo que mañana, al mediodía, asegúrate de estar en el camino desierto que se halla fuera de la ciudad. Encuéntrate allí y conversaremos más.

– ¿Quién es? – dice David. Pero la línea queda muda.

No sabiendo qué otra cosa hacer, David se dirige al día siguiente, al camino solitario fuera de la ciudad. Y, como es de esperar, hay allí una casilla telefónica. De pronto, el teléfono suena. Es la hora exacta en que la voz dijo que llamaría. David levanta el tubo del teléfono y oye nuevamente esa voz inquietante, poderosa y resonante que le dice:

– Tengo una importante misión para ti, pero primero debo dejar en claro para ti que soy verdaderamente el Creador de todo el universo. Una vez que tú creas en eso, Yo podré comunicarte tu misión.

Hay una pausa y luego:

“En dos minutos a partir de ahora, repentinamente y con este cielo azul y claro, sobrevendrá una terrible tormenta de truenos y relámpagos. Se encenderá un fuego que arderá todo el camino hasta el Cielo. Entonces la Tierra (y los Cielos; ver Deuteronomio 4:35 y los comentaristas Rashi y Baal HaTurim), se partirán justo frente a ti, y habrá un tremendo y ensordecedor estruendo. Luego, por fin, tú me escucharás hablándote desde los Cielos en voz muy alta. Será la misma voz que escuchas en este teléfono. Entonces sabrás que soy Yo, el Creador”. (Ver Éxodo 19:16-20:18 y Deuteronomio 4:35).

Dos minutos pasan… y entonces, repentinamente y de la nada, el cielo se enciende con franjas de relámpagos y comienza a tronar aterradoramente. El cielo y la tierra se parten y un fuego comienza a dispararse ascendiendo hacia el firmamento, al tiempo que David oye esa impresionante y poderosa voz una vez más. Se desmaya. Es demasiado para él.

Eventualmente revive, pero se halla terriblemente conmocionado. Temblando de pies a cabeza, toma el teléfono y la voz dice: “Bien, ya es suficiente por hoy. Deseo que vengas aquí mañana nuevamente”.

David dice: – Por… por… por supuesto, decididamente. No puede creerlo. Es el Creador. No hay dudas de ello. Resulta tan claro como puede serlo. Regresa al otro día. Y, claro está, cuando David levanta el tubo del teléfono, la misma voz resonante al otro extremo de la línea comienza a hablarle. Le dice a David que ponga por escrito todo lo que se le está por comunicar. David toma un papel y una lapicera y hace exactamente eso. Esto se prolonga por un día, luego otro, hasta que finalmente, luego de muchos días, el mensaje entero ha sido completamente dictado.

La voz dice entonces: “David, ésta es una nueva religión. No hay una religión como ésta en el mundo y jamás la habrá. Quiero que ahora vayas y estudies todo lo que está en esta cartilla. Repásalo una y otra vez hasta que lo sepas perfectamente. Luego, deseo que lo enseñes a tu familia para que ellos también puedan vivir de acuerdo a estas leyes. Explícales que habrá una gran recompensa por cumplir las leyes dadas por D´s, y que, si ellos desobedecen, serán sancionados. Además, diles a tus hijos que en el futuro, si advierten que las personas descuidan el cumplimiento de estas leyes, deberán ellos implementar todas las garantías necesarias para asegurar la más estricta observancia de estas leyes a través de todas las generaciones”.

Y bien, si recibiéramos este llamado, ¿obedeceríamos? La tierra se partió. Los cielos tronaron. Los relámpagos iluminaron el claro cielo azul. El fuego alcanzó las alturas celestiales. La voz brotó del firmamento, todo de acuerdo a la precisa predicción de la voz que se oía al otro extremo de la línea. Quedó probado, más allá de toda duda, que fue el Creador Quien habló. Creo que usted coincidirá en que, quienquiera haya compartido esta experiencia, seguramente creería en que las leyes y el estilo de vida que le fueron dictados a él por D´s, son absolutamente primordiales para seguir. Por el contrario, sin una experiencia así, ¿aceptaríamos asumir las obligaciones de una nueva religión que no tuviera precedentes, especialmente si se trata de una muy exigente?

La religión judía no tuvo ninguna cultura vecina de la cual copiar su modo de vida recién adoptado. Por el contrario, las culturas imperantes estaban sumidas en la idolatría y en un comportamiento moral ilícito, formas de vida a las que la Torá enfáticamente se opone. El concepto de estricto monoteísmo de la Torá, marcó el camino para todas las futuras religiones. Y tengamos en mente que una y otra vez es mencionado en la Torá que la observancia de la Torá y la creencia en que Moisés fue el profeta elegido de D´s, se basan totalmente en este colosal evento .

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