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El Libre Albedrío
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El libre albedrío

Extraído de Introducción al tratado de Pirke Avot. Shemoná Prakim. Rabí Moshé Ben Maimon. Traducido al español por Isaac Sakkal

 

Sin embargo, verdaderamente, no cabe duda de que los actos del ser humano dependen únicamente de él, si quiere lo hace, si quiere no lo hace, sin nada que lo destine ni obligue al respecto, por lo tanto es apropiado encomendar al ser humano: “¡Observa! He puesto hoy ante ti la vida y lo bueno, la muerte y lo malo… y escogerás la vida.” (Deut. 30:15-19).

De tal modo, el libre albedrío fue entregado a nosotros, y se impone entonces el castigo para el transgresor y la retribución para el disciplinado: Si obedecen (habrá bendición), si no obedecen (habrá maldición) (Deut. 11:27-28). Por lo tanto son un deber el estudio y la enseñanza: “Las enseñarás a tus hijos y meditarás en ellas en tu casa y cuando andes por tu camino, al acostarte y al levantarte.” (Ibid. 11:19).

Llamó Moshé a todo Israel y les dijo: Escucha Israel los decretos y los juicios que yo te he declarado en tus oídos hoy, los enseñarán y cuidarán de hacerlos.” (Ibíd. 5:1) Junto con todo lo que conlleve el estudio y la costumbre en los preceptos, también son necesarias todas las precauciones, como está escrito en la Torá: “Cuando construyas una nueva casa, harás una baranda (MAAKE) en tu techo y así no derramarás sangre en tu casa, porque (puede) caerse alguien desde ahí.” (Ibíd. 22:8)

Hablarán los policías al pueblo diciéndole: el hombre que construyó una casa nueva y aún no la ha inaugurado, que se vuelva a su casa, por si muere en la guerra, y suceda que otro hombre la inaugure.” (Ibíd. 20:5) “Porque esta es su única ropa, el traje con el que se cubre, ¿entonces con qué se acostará? Y ocurrirá que cuando Me ruegue, lo escucharé porque Soy compasivo.” (Ex 22:26) “No destruirás al molino y a su rueda, porque estás destruyendo (la subsistencia) de un alma.” (Deut. 24:6)

Y muchos otros ejemplos están escritos en la Torá y en los libros de los profetas sobre este tema, es decir: acerca de la precaución. No obstante, encontramos entre los sabios, de bendita memoria, cuando declaran: “Todo depende de Dios fuera del temor a Dios” (Talmud Bablí-Berajot 33a). Esta afirmación es correcta y coincidente con lo que ya aclaramos,[5] solo que con algunas de las conductas humanas, sobre las que (en realidad) existe libre albedrío, muchos hombres suelen equivocarse pensando que ya están predestinados, por ejemplo, casarse con cierta persona, o si tendría dinero o no. Y esto no es correcto, ya que una mujer que alguien despose con un contrato matrimonial (KETUBA) y con un enlace (KIDUSHIN) entonces, para el que la desposó estará permitido cohabitar con ella, lo que es un precepto, y Dios no destina la realización de un precepto.

Por otro lado, si se presenta alguna relación prohibida en este enlace, será una transgresión y Dios no predestina al hombre a cometer un pecado. Así mismo, alguien que robó el dinero de otro o que lo engañó y niega jurando en nombre de Dios falsamente, si decimos que Dios predispuso que ese dinero llegue a manos de él, saliendo de las manos del primero, entonces Dios determinó la realización de un pecado. Sin embargo el tema no es así sino que todas las conductas del ser humano dependen de él mismo y es el hombre, con su libre albedrío el que decide[6].

En este rango se encuentran indudablemente los preceptos y las transgresiones. Tal como ya aclaramos en el segundo capítulo, los preceptos de la Torá y sus advertencias se hallan en el área de las conductas en las cuales el ser humano tiene libre albedrío para realizarlas[7], o para no realizarlas.

En esta facultad del alma se encuentra el temor a Dios, lo que no depende de Dios si no, que tal como explicamos, está entregado al libre albedrío del hombre.[8] Siendo así, ¿qué significa lo que dijeron los sabios: “Todo depende de Dios”? Con esta frase se refieren a las características humanas naturales, en las cuales no hay libre albedrío, por ejemplo: ser alto o petiso, que caiga lluvia o que haya sequía, que haya aire turbio o diáfano, o todo lo semejante que existe en el mundo. Todo (depende de Dios, a excepción de los quehaceres y abstenciones del ser humano).

Este tema que aclararon los sabios, es decir, que los preceptos y las transgresiones no dependen de Dios ni de Su voluntad, sino, más bien, de la voluntad humana, lo aprendieron de lo dicho por el profeta Irmiahu cuando declaró: “La boca del Altísimo no sentencia lo malo ni lo bueno” (Lam. 3:38). Al decir “lo malo” se refiere a los malos actos y “bueno” se refiere a los buenos actos, la intención del profeta es declarar que Dios no determina que el ser humano se comporte mal o bien.

Por cuanto que es así, es apropiado que el ser humano reflexione y se lamente por todos los pecados e iniquidades que hizo, ya que por propia voluntad se comportó mal, como el profeta acota: “¡Cuánto ha de afligirse el ser humano, el hombre por su pecado!” (Ibíd. 3:39).

Luego agrega el profeta, que la curación de esta enfermedad está en nuestras manos; así como pecamos por propia voluntad, del mismo modo debemos arrepentirnos de nuestras conductas negativas:[9] “Meditaremos sobre nuestras sendas, las investigaremos y volveremos a Dios, elevaremos nuestros corazones al Señor, a Dios que está en los cielos” (Ibíd. 3:40-41).

5. Aunque aparentemente esto contradice lo dicho hasta aquí, pues este dicho pareciera afirmar la teoría del destino.

6. En resumen, Maimónides nos explica que todas aquellas actitudes que estén relacionadas con algun precepto, dependen pura y exclusivamente del ser humano y no hay nada que lo predestine o lo fuerce a actuar de determinada manera. Es por eso que la frase citada por los sabios: “Todo depende de Dios fuera del temor a Dios” es muy acertada y entonces con quién se va a casar un hombre o mujer, tal como ya dijo el autor, no está predestinado desde el cielo pues de esta actitud dependen varios preceptos, qué tipo de mujer va a buscar: una mujer virtuosa o vistosa, una mujer espiritual o superficial, etc. Y esta decisión estará directamente relacionada con el grado de temor a Dios que posea aquel hombre. Así también, ocurrirá con el trabajo, no es que ya está destinado de qué va a ejercer, sino que esa decisión depende del ser humano, pues hay varios preceptos que están relacionados con el trabajo: escogerá un trabajo que le permita reposar en Shabbat o no, preferirá una ocupación que le deje tiempo libre para profundizar en el estudio de la Torah o no, elegirá un trabajo que no impli- que estar en un ambiente malo o no le importará mezclarse con gente baja e indecente. Lo mismo ocurre con el sitio en donde va a vivir: preferirá vivir cerca de una sinagoga o lejos y entonces verse imposibilitado de acudir a pie en Shabbat. Escogerá una zona en la que more gente decente o dará prioridad a los lugares en donde vive la gente de más alto poder adquisitivo. Elegirá la zona por donde viven sus correligionarios o preferirá una zona de gente más “intelectual”. Este tema lo explica Maimonides en su comentario al Pirke avot donde en el Capítulo 4 Mishná 15 dice:Rabí Neorai dice: Exíliate a un lugar de Torah, y no pienses que ella vendrá detrás de ti, pues [el contacto con] tus compañeros es lo que te ayudará a mantenerla. Y no te confíes en tu talento. Exíliate a un lugar de Torah” Busca [vivir en] un lugar donde haya estudio de Torah, pues solamente en compañía de otros te será posible el [buen] estudio y no te confíes en tu [buena comprensión] diciendo que tú no precisas de compañeros o discípulos que te incentiven [en el estudio]. Por ser que todo esto está directamente relacionado con su grado de temor a Dios y compromiso con su vida espiritual, es imposible que el hombre esté destinado a alguna de estas cosas pues de lo contrario, no podría ser recompensado o castigado por las cosas que hace, al fin y al cabo no fue él el que escogió ese camino…

7. Jelek Hamitorer (volutiva) y Jelek Hamishush (sensitiva)

8. Depende del ser humano el tener o no temor a Dios, es decir, cumplir los preceptos o no.

9. Es decir, de nosotros depende arrepentirnos y mejorar las conductas negativas y sus consecuencias, y no pensar que es Dios el que hace que alguien se arrepienta o no.

 

Rabí Moshé Ben Maimon

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