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El Kadish del maletero

El siguiente es un suceso real, que fue escuchado del Rabí Mordejai Gifter Shelita.

Había recibido una invitación por parte de uno de mis alumnos, quien quería que, junto con otros ocho compañeros suyos, compartiéramos la alegría de su boda. Como la ceremonia iba a celebrarse en una ciudad lejana al lugar de nuestra residencia (Cleveland, Ohio), nos envió, junto con las invitaciones, los pasajes aéreos que nos permitieran trasladarnos a ese lugar y traernosde regreso.

El día indicado, salimos de viaje con la intención de llegar a la boda con la debida anticipación. El avión se encontraba en el aire, y mientras nos estábamos aproximando a nuestro destino, se nos informó que el aparato se veía imposibilitado de aterrizar debido a las inapropiadas condiciones climáticas, toda vez que una espesa capa de niebla cubría la pista. No quedaba otra alternativa que la de seguir volando hasta otro aeropuerto donde no existieran impedimentos para aterrizar. Finalmente, el lugar donde el avión tocó tierra resultó ser una ciudad demasiado lejana de la que hubiéramos querido estar.

Contrariados, comprobamos que ya no íbamos a estar presentes en la boda, y tampoco alcanzaríamos a decir Tefilat Minjá en un Bet Hakeneset con Minian. Aunque fuera sin Minian, debíamos decir igualmente Minjá. Desorientados, le pedimos a un maletero que nos mostrara un lugar donde pudiéramos rezar sin ser vistos ni molestados. El hombre nos condujo a una de las desocupadas salas, en la que nos dispusimos a decir Minjá tranquilamente. Cuando cada uno de nosotros hubo terminado, el maletero, que nos había estado observando, nos preguntó: “¿Por qué no pronunciaron el Kadish?”. “Porque necesitamos uno más para completar Minian“, le respondimos sorprendidos.

él, en perfecto idish nos replicó: “¿Acaso yo no soy Iehudí?”. Dicho lo cual, comenzó a recitar el Kadish palabra por palabra, ante nuestra perplejidad. Después nos contó conmovido que ése era el día del aniversario de su padre.
“Hace muchos años que me quité de encima el yugo de la Torá y las Mizvot. Por supuesto que ya no sé lo que es decir Tefilá. Pero ayer se me apareció mi padre en un sueño, y me dijo que al día siguiente iba a ser la fecha de su fallecimiento. “Te obligo a que digas Kadish por mí mañana”, me ordenó.
Yo le respondí que ya no acostumbraba a decir Tefilá. Y si quisiera hacerlo, no podría: aquí no hay Bet Hakeneset. Ni siquiera iba a poder reunir en esta ciudad perdida en el mapa nueve Iehudim que sumen conmigo diez para formar un ocasional Minian. “No te preocupes, yo me encargaré de que tengas tu Minian y que puedas decir Kadish por mí”, dijo mi padre”.

Luego de un breve suspiro, el maletero concluyó su extraordinario relato: “Hoy en la mañana, cuando me levanté, estaba decidido a no tomar en serio el sueño y no pronunciar el Kadish. Pero cuando vi con mis propios ojos cómo se estaban cristalizando las palabras de mi padre, cuando me di cuenta de que del cielo estaban propiciándome que nueve dignísimos Iehudim vinieran de tan lejos, no pude contenerme de decir: Itgadal Veitkadash Sheméh Rabá…”.

Ialkut Lekaj Tob – Pirké Emuná Venejamá

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

1 comentario
  1. Moisés Lopez Onofre

    Así como veo mi rostro, en el espejo, así siento su presencia en mi vida hoy lo alabó

    10/07/2016 a las 11:15

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