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El Estado Mental de Exilio

Extraído de Los días están llegando de Ezriel Tauber

Exilio es un estado de la mente. Como dice el dicho, “Una cosa fue sacar a los judíos de Egipto, pero algo enteramente diferente sacar Egipto de los judíos”. Las circunstancias físicas del exilio, inhibición, pobreza, opresión, aislamiento, tiranía, etc., son factores externos que producen cierto encuadre mental, un encuadre mental de exilio. No obstante, a veces, aun la ausencia de esos factores o incluso la presencia de exactamente los factores opuestos, aceptación, riqueza, libertad, asimilación, benevolencia, etc., pueden producir una mentalidad de exilio.

¿Cuál es la mentalidad de exilio? Es cualquier situación en la que los talentos naturales y potencialidades de uno no están logrando su expresión total, es decir, están en el exilio. Un pianista que nace con talento puede encontrar consuelo vendiendo acciones en Wall Street, pero está en un estado de exilio en relación a sus verdaderos talentos. Sus verdaderos talentos, los que lo harían a él y al mundo más felices, no están siendo utilizados. Cualquiera que está en un estado de exilio no puede ser verdaderamente feliz, no importa qué tan jovial o rico parezca.

Exilio significa estar alejado del hogar, estar forzado a deambular. Una persona con mentalidad de exilio es alguien que está alejado de su yo. Está obligada a deambular dentro y fuera de las circunstancias y obligaciones diarias que le impiden conectarse a sus más profundos deseos y expresiones.

Cuando D-os sacó a los judíos de Egipto, todavía no eran verdaderamente libres. Estaban emancipados por el momento, pero seguían en el estado mental de exilio. Todavía estaban propensos a “deambular” lejos de sí mismos, es decir, de perseguir los sabores de los objetos a los que estaban acostumbrados en Egipto. Estaban encadenados a la comida egipcia, a la cultura egipcia, al orgullo de la tierra egipcia, etc. Y por eso era que expresaban su deseo de regresar a Egipto a pesar de la opresión obvia que les esperaba si hubieran regresado.

El pueblo judío se volvió libre solamente cincuenta días después cuando estaban parados ante el Monte Sinaí y se les dio la Torá. Como los sabios dicen: “No existe persona libre, excepto la que está ocupada en la Torá”. Esto puede ser difícil de entender al principio. La Torá es un conjunto de leyes, una forma de vivir, una forma de ver la vida. Para algunas personas parece lo opuesto a la libertad. Argumentan, la libertad es vivir de la manera que quieres. ¿Cómo puedes hablar de libertad sometiéndote a un conjunto de leyes restrictivas?

Sin embargo, la respuesta básica es: Un ser humano es una mezcla de anhelos y deseos, algunos de los cuales enriquecen la vida y otros amenazan con destruirla. Para enriquecer la vida, a veces es mejor abstenerse de perseguir deseos. Por ejemplo, una persona que busca varias relaciones, puede esforzarse tanto que sus persecuciones pueden literalmente vaciarlo de la energía que necesita para tener una relación significativa. Al final, si él no aprende cómo controlar su anhelo (por tener muchas relaciones), su anhelo lo va a despojar.

En forma similar, para enriquecer la vida, a veces es mejor “crear” un comportamiento haciéndolo superficial por un tiempo. Por ejemplo, uno que no sabe cómo comunicar verbalmente sentimientos de amor, hará bien en practicar alabanzas y ensalzar a otro aun si al principio parece poco sincero, porque al hacerlo así, va a despertar su anhelo humano de ser afectuoso.
El ser humano es una criatura complicada. Ninguno de nosotros es lo suficientemente objetivo para conocer qué anhelos internos necesitan ser controlados y cuáles necesitan ser expresados. Debido a la misma falta de objetividad, no puede existir algo como una psicología o sistema hecho por el hombre que moldee y exprese todos los poderes que brotan del corazón humano. Y de hecho, cualquier sistema hecho por el hombre se limita finalmente a frustrar el avance humano suprimiendo algunos deseos que son benéficos y /o permitiendo otros deseos que son perjudiciales. Si hubiera esperanza para la humanidad, sólo puede ser de una fuente exterior y que esté por encima de la subjetividad humana.
Entonces entra el Creador.

Nadie conoce a la humanidad como el Creador de la humanidad. Y por tanto, tendría sentido que el Creador de la humanidad, desde el principio, quisiera dar a la humanidad un manual de leyes y enseñanzas que le enseñara a explotar su potencial al máximo. Esta enseñanza por fuerza tendría las leyes que ayudan a la gente a controlar algunos deseos mientras que cultivan otros. La Torá es ese manual.

Cuando D-os le dio al pueblo judío la Torá en el Monte Sinaí, les estaba dando su libertad. Sin la Torá estarían sujetos a los dictados de sus propios deseos y especialmente a aquéllos que proliferaron en la tierra de Egipto. La única libertad verdadera es la liberación de la tiranía de los deseos innatos. Es por esto que Egipto, que en hebreo significa “canal estrecho” o “área cercada” era la civilización más avanzada de sus días y donde los judíos experimentaron, hasta cierto punto, gran riqueza y libertad. Tal como las cercas restringen, así también los deseos desenfrenados de la cultura egipcia, a pesar de los adornos externos, oprimen el espíritu humano.
La Torá define, “No existe persona libre, excepto aquélla que se sumerge en la Torá”. Y la Torá dirige. Sin ella, la humanidad está abandonada a sus propios deseos.

Cuando D-os sacó al pueblo judío de Egipto, sólo lo liberó del ambiente restrictivo de una civilización dedicada a vicios humanos tales como idolatría e inmoralidad. No fue sino hasta la entrega de la Torá en el Monte Sinaí que D os le dio a la nación judía y al mundo las llaves de la verdadera libertad.
Una llave funciona solamente cuando quieres abrir una puerta cerrada. Si uno disfruta el encierro de la celda, o tiene miedo a la libertad, entonces las llaves no ayudarán. Depende de la persona usar las llaves y salir. Tiene libertad de elegir.

La nación judía está en el exilio. De alguna manera, realmente nunca abandonó Egipto. Egipto, la mentalidad de restricción de espíritu a través del desenfreno de los propios deseos, era todavía parte de ellos. En lugar de la opresión física de los últimos 2,000 años, la mayoría del mundo judío está en una nueva clase de exilio. La persecución física, la brutalidad, etc. han sido sustituidas, en términos generales, por aceptación de los gentiles y al menos por una apariencia de decencia humana. El efecto, no obstante, es el mismo. El espíritu judío está en el exilio.

Recuerda, exilio es la limitación de un potencial. El pianista que vende acciones es un pianista frustrado que vive en una clase de estado de exilio muy real. El pueblo judío, el pueblo elegido por el Creador, tiene más que expresar y que dar que cualquier concierto de pianista. Y el pueblo judío tiene más que el no judío, por una razón: el Creador le dio 613 mandamientos, a diferencia de las siete leyes de los no judíos. Estos 613 mandamientos encauzan los deseos destructivos y hacen surgir los deseos creativos de una manera que pueden convertir al judío, realmente, en un ser ilimitado.

Sin embargo, el exilio ha desfigurado a los judíos y los ha convertido en vendedores de mercancías ordinarias en lugar de verdaderos artistas creativos e innovadores espirituales. En el exilio físico, las leyes opresivas, los prejuicios, las masas tiranas e ignorantes, obstaculizan la capacidad del judío para expresarse mediante la Torá. En el exilio espiritual del “mundo libre” las sutiles influencias sociales han producido el mismo efecto. El hecho de que sean sutiles no las hace menos opresivas. El resultado final es que los judíos meten todas sus capacidades en una civilización o estilo de vida o filosofía que los hace pensar que la verdadera libertad no yace en la Torá.
Cuando los judíos están seguros de que la Torá es obsoleta, incompleta y que seguir sus dictados es opcional, innecesario o restrictivo, entonces están en un estado de exilio. Los talentos espirituales internos no pueden prosperar.

Los nazis pusieron letreros en las puertas de los campos de concentración que decían “El trabajo libera”, mientras que en la actualidad el mundo occidental tiene un letrero de neón centellando el mensaje “Libérate del trabajo” que cuelga sobre los campos de muerte espiritual. La libertad espiritual requiere trabajo duro. Debe ganarse. El sueño americano de unas vacaciones pagadas de 365 días es un suicidio espiritual.

Por otro lado, el moderno “mundo libre” no está desprovisto de leyes. No carece aparentemente de individuos sinceros e idealistas. Sin embargo, aun en sus manifestaciones más elevadas, existen en él buenas maneras y modos de comportamiento que no buscan reprimir los deseos y anhelos humanos (que a la postre no sólo destruyen la estructura de la humanidad), sino que incluso hay costumbres que estimulan y autorizan los deseos destructivos.
Como miembros de este “mundo libre”, probablemente nos hemos vuelto insensibles a estas sutiles influencias. Quizá un buen lugar para empezar a analizarnos sería un análisis de otra civilización, una en la que no tenemos necesidad de justificar sus prácticas.

Ezriel Tauber

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