Festejando
Januca
Januca: Significado y reflexiones
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El espíritu de Janucá

La historia de Januca

¿Escuchó Ud. la historia de Janucá? Algo sí. Que los griegos quisieron dominar a los judíos, que éstos se rebelaron a pesar que eran menos, que los judíos terminaron liberándose de los griegos echándolos de la tierra de Israel… y que festejaron porque con el aceite puro que encontraron, que solamente debía haber alcanzado para un día, pudieron encender la Menorá (candelabro del sagrado Templo) durante los ocho días que demoraba preparar un nuevo aceite… ¿Verdad? (¿Di bien la lección?) Sí y no. Pues esta es únicamente una parte de la historia.

Quien leyó minuciosamente la historia del pueblo judío se va a percatar de inmediato que hubieron tantos milagros a lo largo de los años que permitieron la supervivencia del pueblo judío y del cumplimiento de las Mitzvot, que habría que entender el porqué los Sabios eligieron precisamente la ocasión de Janucá para celebrar un milagro. (Existe un texto de la época del Talmud denominado Meguilat Ta-anit, en el cual se mencionan todos los días que eran parcialmente festivos o tristes en aquellas épocas para conmemorar eventos, los cuales, sin embargo, no trascendieron para la posteridad).

¿Qué tiene de especial Janucá? Nos enseñan los Sabios en la Guemará: “Toda Mitzvá (precepto) por la cual los judíos entregaron su vida en los momentos en que se intentó destruir el vínculo de los judíos con el Todopoderoso, aun se observa con entusiasmo”. Cuando leemos acerca de las batallas de los Macabeos frente a un enemigo numéricamente superior, no celebramos una victoria militar en aras de “soberanía nacional”. Los judíos acababan de vivir bajo el gobierno griego hace ya casi 180 años desde el momento en que Alejandro Magno había conquistado la tierra de Israel en una de sus campañas militares. A diferencia de su actitud para con los otros pueblos, Alejandro y quienes le siguieron respetaron el derecho de los judíos de seguir viviendo de acuerdo a sus leyes y costumbres anteriores (de la Torá) y limitaron su ocupación del país (Judea) a su obligación de pagar los tributos monetarios para engrosar sus arcas. Esto ocurrió durante todo el período de tiempo en que Judea estuvo sometida al gobierno de los Ptolomeos y luego a manos de los Seleucos. Quienes luego cambiaron el estado de las cosas fueron los propios judíos. “Ioshua (el Kohen Gadol = sumo sacerdote) modificó su nombre por (el más griego) Jazón tal como su hermano Jonia lo cambió por Menelao… En su competencia por asegurarse el título de Kohen Gadol (para dominar los fondos del Bet HaMikdash) se acercaron al rey Antíoco con el ofrecimiento de abandonar sus leyes y costumbres y optar por los usos de los griegos. A tal fin solicitaron el permiso para erigir un gimnasio griego en Jerusalén. Una vez que lo lograron, hicieron desaparecer su circuncisión para practicar deportes desnudos tal como lo hacían los griegos.” (Flavio Josefo Antigüedades 12:3) “Había en aquella época personas que sugerían al pueblo que hicieran un pacto con los pueblos de su alrededor, pues sentían que manteniendo su forma de vida les había traído muchas aflicciones. Estas palabras le agradaron al pueblo presente y algunos de ellos se encaminaron al rey para solicitarle autorización para practicar las costumbres paganas y construir un gimnasio en Jerusalén…” (Macabeos, Cap. 1) Una gran parte del pueblo adoptó el estilo de vida helenista, lo cual le permitió a Antíoco soñar con que los judíos se acoplarían finalmente a su cultura. Los primeros intentos de hacerlo no fueron violentos. Pero hubo quienes se resistieron, y debieron abandonar las ciudades y vivir en los pueblos. Seguir obedeciendo las leyes de la Torá estaba penado con la muerte. “Lehashkijam torateja ulehaaviram mejuké retzoneja” (hacerlos olvidar el estudio de la Torá y (consecuentemente) causar su alejamiento de las leyes). La idea de Antíoco fue entonces obligar a los judíos a helenizarse totalmente. La situación parecía desesperante para quienes no estaban dispuestos a ceder, especialmente cuando los propios “líderes” demostraron ser traidores a su pasado. El enemigo estaba afuera… y adentro. Seguramente no fue la primera ni la última vez que la situación espiritual del pueblo parecía terminal. Quien superó a los griegos no fueron las armas, sino la convicción de los pocos judíos que no quisieron “seguir las corriente” y mantenerse judíos.

El premio fue no sólo poder volver a observar libremente las Mitzvot y restaurar el Bet HaMikdash en su santidad anterior, sino la total independencia del poder griego. ¿Les sirvió esa independencia? El final de los Macabeos (Jashmonaím) fue trágico. Todos murieron en forma violenta. Algunos de sus descendientes finalmente adoptaron influencias helenistas y saduceas. La guerra civil entre los hijos de Shlomit Alexandra trajo a Pompeyo a Judea y la convirtió en una provincia romana. (los romanos terminaron destruyendo el Bet HaMikdash). Hérodes, el indumeo, casado con Mariana la Hasmonea, perteneció a las familias que fueron obligadas a convertirse al judaísmo por la fuerza. Terminó matando a los últimos que quedaron de los Jashmonaím. El Rambam se pregunta por qué la cosa terminó tan mal. “Lo iasur shevet miiehuda” (el cetro no se apartará de la tribu de Iehudá). Así fue la bendición profética del patriarca Ia-acov antes de fallecer. Una vez recuperada la soberanía del país correspondía (a los Macabeos) coronar a un descendiente de Iehudá, en lugar de seguir ostentando el poder ellos y sus hijos. No lo hicieron, y perdieron. La independencia puede llegar a convertirse un obsequio caro. Si no se lo sabe usar bien. Hoy, en Israel comienzan los festejos por los cincuenta años de la Declaración de Independencia del Estado de Israel… ¿Servirá la lección de Janucá para enseñarnos algo? (NT: este artículo fue escrito en el año 1998) Los Jashmonaím desaparecieron, pero no el espíritu con el cual inspiraron al pueblo. éste supo recordar por siempre que no hay enemigo imposible de superar… siempre que hubiese la convicción de hacerlo. Las velas se encienden “Ish uVetó” cada persona y su hogar. No alcanza con encender en la sinagoga. El judaísmo se mantiene por los hogares y familias judías. Si no hay luz en los hogares, no podemos esperar respeto por nuestra forma de ser de quienes están “afuera”. No desprecies el valor de tu hogar. Quienes cumplen con la Mitzvá de manera especial (Mehadrin) enciende una vela por cada miembro de la familia. Que cada individuo, aunque fuera sólo, sea un portador que pueda llevar adelante el espíritu de los Jashmonaím y mantener viva la luz y la llama de la Torá. “Maalin baKodesh” Se suma luz, día a día, agregando velas durante los ocho días.

Es menester crecer y no contentarse con lo que se logró. Que siempre esté más claro y más iluminado. Se coloca la Menorá en la puerta de la casa para que la iluminación sea vista desde afuera, con orgullo. Un tema es indispensable. Que el aceite sea puro. Aunque fuese un jarrito que tenga el sello del Kohen Gadol. Frente a las ideas ajenas del enemigo, el poco “aceite” que había quedado puro, los ideales eternos de la Torá, no podrían mezclarse con ninguna cultura. Si el hogar mantiene puro el aceite, pues entonces la luz también será pura, las pequeñas llamas de Janucá podrán vencer la profunda oscuridad de afuera y se irán sumando día a día para completar la Januquiá.

Rab Daniel Oppenheimer

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