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El equilibrio en la justa medida

EXTRAÍDO de la Revista Judaica , del libro “PROVERBIOS“ POR ISAAC A. SACCA.

En el intento de ser buenas personas, debemos evitar los excesos

Las personas que alguna vez practicaron esquí saben que en la primera clase se les enseña la cuña. La cuña consiste en el freno del esquí y se realiza colocando los esquíes en forma oblicua, con las puntas hacia adentro.

La vida es parecida a la practica del esquí. Apenas uno se los pone y coloca los pies en la nieve, se desliza sin control, si no sabe frenar puede producirse una tragedia. Para aprender a andar, hay que saber detenerse.
La segunda clase de esquí consiste en aprender a girar y dirigirse a un punto determinado. También en la vida debemos aprender a encausar nuestros actos, para que se dirijan a donde nosotros queremos y no a donde nos lleve la tentación, la corriente o la sociedad.

Nuestra tradición no da clases de esquí, pero el Rey David revela el secreto de la buena conducta con su enseñanza sur mera vaase tov -apártate del mal y haz el bien-. Lo que hay que comprender aquí es: primero apártate del mal y luego sólo el bien surgirá. Aprende primero a controlar tus instintos, a dominar tus pasiones y después de ello, automáticamente, tus actos serán dignos.

Por otra parte, encontramos que Rob vekarob helej hajar arob, entre la mayoría y la cercanía prevalece la mayoría. Esta regla legal judía se aplica, por ejemplo, al caso de un hallazgo de carne en una ciudad. Si se ignora su procedencia y se quiere determinar si es casher o no, deberán considerarse todas las carnicerías casher del pueblo. Si la mayoría son casher, entonces esa carne es casher, sin importar si fue encontrada cerca de una carnicería no casher. La mayoría simboliza la constancia; la mayoría, en estos casos, muestra la esencia y la esencia es lo que importa. Las buenas acciones constantes, sin importar su dimensión, tienen mayor valor que las buenas acciones intensas, pero esporádicas.

También debemos estar atentos a los excesos. El rey Salomón dijo: “…debas mazata ejol daieka pen tisbaeka ve ikeato…” -si encuentras miel, come lo necesario para que no te llenes y la vomites-. Aún la miel, símbolo de la más pura dulzura, debe ser limitada para no perder la capacidad de disfrutar de ella en forma constante.
Lo tosif velo tigra -no aumentes ni disminuyas los parámetros de lo correcto-. ¿Otra explicación? No hagas más de lo establecido como correcto, estarás acercándote a lo incorrecto. El exceso de actitudes obsesivas, incluso con buenas ideas, produce en resumen dos males: nos fastidia de manera tal que abandonamos el bien, y lo realizado no deja ningún estigma en nosotros.

Cuántas veces nos tentamos y cedemos en trasnochar para continuar los estudios. Al otro día, si un milagro nos despierta para rezar y continuar estudiando, lo hacemos cansados y sin concentración.
Ese es uno de los errores más comunes de las personas con espíritu noble. El exceso, el no saber detenerse y andar sin descanso. Los excesos tienden a destruir las virtudes más nobles del ser humano, sin que el hombre se percate de ello. Esa es la estrategia del instinto del mal, oculto dentro de los más nobles, llenos de fe y entusiasmo por hacer el bien.

Otra cualidad de la que debemos cuidarnos es la pasión. Quien desee encaminar su vida correctamente deberá estar alerta de sus actitudes descontroladas hacia lo que ama. No es malo apasionarse por lo digno, lo malo es que la pasión descontrole nuestra sobriedad y sentido común.
Recuerdo cuando estudiaba en la Yeshibá Porat Yosef en mi juventud. Una vez ingresó al bet midrash, el aula magna de estudios, en medio de una clase, el padre de un compañero que me había invitado el shabat a su casa . Yo pensé que no era correcto interrumpir el estudio para ir a saludarlo y no me acerqué a él. Luego medité y consulté a mis maestros y me dijeron que no había obrado correctamente. La educación antecede al estudio de la Tora. Pero fue la pasión por el estudio la que me llevó a descontrolar mi conducta. Y ese es el error, la pasión es buena, mientras no desvirtúe la conducta.

Debemos equilibrar nuestros actos de bien, nuestro estudio, nuestras acciones y matizarlos con descanso y recreación adecuada. Si vivimos carentes de ellos, será como no estar vacunado. La enfermedad atacará y no se estará preparado para resistirla. Quien se obsesiona con el estudio y la práctica excesiva del bien, el día que descubre la distracción se deslumbra tanto que será difícil que retorne a la senda correcta.
Entonces, recordemos vivir nuestra vida como si concurriéramos a un curso de esquí. Comencemos por aprender a frenar, a controlarnos. Seamos nosotros los dueños de nuestros actos. Reconozcamos el error y apartémoslo voluntariamente.

Aprendamos de a poco, pero aprendamos bien. De esta forma nuestro conocimiento no será efímero, sino que será la fuerza que nos ayudará a escoger el buen camino, siempre.
Incorporemos las buenas costumbres, la buena educación y así nuestra vida se llenará de constantes buenas acciones, sin que tengamos que esforzarnos para eso.
Equilibremos nuestros actos. D’s reconocerá nuestra voluntad por ser mejores, siempre.

Rab Isaac Sacca

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