Analizándose
El enojo y la ira
+100%-

El Enojo de Moshe

Extraído de Introducción al tratado de Pirke Avot. Shemoná Prakim. Rabí Moshé Ben Maimon. Traducido al español por Isaac Sakkal

 

De todo lo tratado en este capítulo se deduce que es apropiado dirigir nuestras conductas hacia el justo medio, y no salir de él hacia uno de los extremos sino sólo como terapia, enfrentádolo desde el ángulo contrario.

De la misma manera que una persona que sabe de medicina, si ve que su temperamento cambia levemente, no se descuidará y dejará que la enfermedad se agrave hasta que necesite una curación más compleja, si no, que si se percata de que uno de los miembros de su cuerpo se debilita, lo cuidará preferentemente y alejará todo aquello que pueda dañarlo y procurará todo lo útil para curar este miembro, o al menos para que no se debilite más.

Así, es digno que la persona íntegra, analice siempre sus cualidades, que sopese sus conductas y discierna entre las características de su alma diariamente; de tal forma, al observar que tiende a uno de los extremos se apresurará a aplicar un tratamiento, no permitiendo que las características reprobables se fortalezcan por la repetición de conductas nocivas.

Por lo tanto, que ponga frente a él la cualidad defectuosa que posee e intente constantemente mejorarla, como ya dijimos, pues no existe ser humano que carezca de defectos. Los filósofos ya han dicho (Aristóteles, Ética a Nicómaco 7:1; R. Saadyah Gaón, Emunot VeDeot 5:2). “Es difícil y poco probable que se encuentre alguien que tenga en forma innata todas las virtudes, las éticas y las intelectuales”; ciertamente en los libros de los profetas se halla esta idea presente abundantemente: “He aquí, que no confía en sus siervos y no alaba a sus ángeles” (Job 4:18) “En qué puede el hombre tener la razón frente a Dios, en qué puede el hijo de una mujer ameritar” (Ibid. 25:4) y el Rey Salomón lo dijo simplemente: “No hay un justo sobre la tierra que solo haga el bien y no se equivoque” (Ecl. 7:20)

Y seguramente sabes que el más ilustre entre los antiguos y posteriores, Moshé nuestro maestro, que Dios le expresó: “Y dijo Dios a Moshé y a Aharón: por cuanto no me creyeron, para santificarme delante de los hijos de Israel, por lo tanto no conducirán a esta comunidad a la tierra que les he dado” (Num. 20:12).

“Aharón se reunirá con su pueblo y no ingresará a la tierra que he dado a los hijos de Israel, ya que se rebelaron en contra de lo que dije, en las aguas de Meribá” (Ibíd. 20:24).

Ya que Me defraudaron en medio de los hijos de Israel, en las aguas de Meribat Kadesh, en el desierto de Tzin, y por cuanto no Me santificaron en medio de los hijos de Israel” (Deut. 32:51).

Ese fue el error de Moshé, inclinarse hacia uno de los dos extremos en el campo de las cualidades éticas, específicamente en la virtud de la paciencia, al tender hacia el enojo diciendo: “¡Escuchen pues rebeldes!”, como se declara: “Reunieron Moshé y Aharón a toda la congregación delante de la roca y les dijo (Moshé): -¡Escuchen pues rebeldes! ¿acaso de esta roca les hemos de sacar agua?” (Num. 20:10).

Dios fue meticuloso con él, pues alguien como Moshé se enojó delante de la comunidad de Israel cuando no era ocasión de hacerlo. Desde esta perspectiva [y siendo estricto], legalmente, este individuo profanó el Nombre Divino, ya que todos los movimientos y expresiones [de Moshé] deben ser ejemplares, pudiendo a través de ellos alcanzar éxito en este mundo y en el venidero; por lo tanto, ¿cómo veremos enojo en él?, siendo el enojo una de las conductas de lo reprobable, producto de las peores características del alma. No obstante, Él mismo ha dicho: “Porque ustedes fueron rebeldes en contra Mío en el desierto de Tzin en lo referente al pleito de la comunidad cuando debían santificarme con las aguas delante de ellos, estas son las aguas de Meribá”.

Esto se entiende del siguiente modo, Moshé no hablaba con personas simples, ni tampoco con gente sin elevación espiritual, sino con individuos que la menor de sus mujeres estaba al nivel del profeta Yejezkel Ben Buzi, como ya mencionaron los sabios (Mejilta Shemot 15:2), por lo tanto, todo lo que él hiciese o dijese, sería analizado. Entonces, cuando le vieron enojado, pensaron, es improbable que sea él, el que tiene una cualidad reprobable, sino que, de seguro supo que Dios se enojó por haber pedido agua, y que el pueblo había enfadado a Dios, caso contrario, Moshé no se hubiera enojado. Pero no encontramos en lo que Dios le dijo a Moshé con respecto a este asunto, ni enojo ni furia, sino que está dicho: “Toma tu bastón y reúne a la comunidad, tú y Aharón tu hermano, y hablarás a la roca delante de ellos y fluirá agua, les sacarás agua de la roca y les darás de beber a la comunidad y al ganado” (Num. 20:8).

Ya nos hemos desviado un tanto del tema de este capítulo, aunque hemos solucionado un enigma de la Torá que mucho se ha dicho sobre él (confer. R. Saadyah Gaón y R. Jananel ad loc.), me refiero a la pregunta: ¿cuál fue el error de Moshé?. Ordena lo que hemos dicho nosotros sobre el tema y la verdad saldrá a luz.

Volviendo a nuestro asunto, cuando la persona sopese sus actividades constantemente y las dirija hacia el justo medio, habrá llegado al nivel más alto que un ser humano alcanza, pudiendo acercarse a Dios y captar Su bondad, siendo lo más loable en el servicio a Dios.

Con anterioridad los sabios mencionaron esto al afirmar: “Todo el que conduce sus sendas, amerita y ve la salvación de Dios como está escrito: “El que me sacrifica ofrendas de agradecimiento Me ha honrado, el que pone el camino (hacia Dios) le mostraré la salvación de Dios” (Tehilim 50:23); no leas “el que pone el camino” sino “el que sopesa el camino” (Moed Katán 5a). Sopesar es valorar y estimar; este es el tema que vimos propicio desarrollar en este capítulo sobre el equilibrio.

 

1 comentario
  1. Mario Nuñez

    Gracias, por la enseñanza.

    27/05/2018 a las 00:29

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top