El dinero judío y el Coliseo romano
El Bet haMiqdash, el Gran Templo de Jerusalem, fue destruido por el ejército romano liderado por Tito, el hijo de Vespasiano, el 9 de Ab del año 68 de la era común. Una vez en Roma, Tito fue recibido como un gran héroe por su padre, el emperador Vespesiano. Juntos organizaron una procesión de victoria por derrotar a un enemigo tan audaz y valiente como el pueblo judío, famoso por su inteligencia, perseverancia y coraje en la guerra.
El emperador Vespesiano organizó un gran desfile donde los prisioneros judíos fueron humillados públicamente, y algunos de los tesoros del Bet haMiqdash fueron exhibidos. Hay registros de que los romanos mostraron en esa exposición el shulján hapanim, una mesa ritual hecha de oro puro, el Mizbaj haQetoret, el altar de incienso, junto a otros artefactos hechos de oro puro. El broche de oro fue la menorá, el candelabro de aceite de siete brazos, también hecha de oro puro.
La victoria contra los judíos fue extremadamente significativa para Roma. Y como tal, fue celebrada de una manera muy única. Recordemos que en ese tiempo los romanos también derrotaron a los griegos, los macedonios, los galos, los británicos y los alemanes. También triunfaron en España, Sicilia y Cartago. Pero solo una victoria fue celebrada de una manera muy especial: la derrota de los judíos. Para inmortalizar esta epopeya los romanos erigieron un monumento, que es el más antiguo y espléndido que aún existe de esa época: el famoso Arco de Tito, en la Vía Sacra. Este arco presenta a 12 soldados romanos llevando la Menorá robada del Bet haMiqdash. El arco fue diseñado para humillar a los cautivos judíos traídos de Jerusalem, haciéndolos desfilar debajo del mismo como signo de derrota.
¿Por qué la derrota de Jerusalem fue un hito tan importante para Roma?
Porque Jerusalem no fue solo destruida: ¡fue saqueada! Con los enormes tesoros tomados del pueblo de Judea y del Bet HaMiqdash, los romanos multiplicaron notablemente su riqueza.
Flavio Josefo, el famoso historiador judío que vivió en esa época escribe que cuando los romanos llegaron al Templo descubrieron allí «incontables sumas de plata y oro, incontable cantidad de telas refinadas con joyas incrustadas, y otros metales preciosos”… ya que el Templo era el depositario de muchas riquezas donadas por judío de todo el mundo (medio oriente).
Para tener una mejor idea del impacto económico que tuvo el saqueo del Bet haMiqdash en el Imperio Romano, mencionemos que después de que el Bet HaMiqdash fue saqueado hubo tanta riqueza en la región «que el valor del oro cayó a la mitad».
Vespesiano había heredado un imperio en bancarrota, debido a las excentricidades de su predecesor, el impredecible y trastornado emperador Nerón (quien murió en el 67). Pero después de saquear Jerusalem, Roma experimentó dos décadas de abundancia y prosperidad sin precedentes.
¿Qué más hicieron los romanos con los despojos del Bet HaMiqdash?
Hace unos años atrás (2001), se descubrió un texto en latín que decía que Vespesiano financió la construcción del Coliseo en Roma con los tesoros robados de Jerusalem y del Bet-haMiqdash.
¿Cómo se describió que el Coliseo fue financiado con los despojos del Bet haMiqdash? El profesor Géza Alföldy de la Universidad de Heidelberg, Alemania, descubrió bajo una inscripción en bloque de mármol del siglo V – que describe ciertas reparaciones realizadas en el Coliseo en esa época- una inscripción mucho más antigua atribuida a Tito. En el pasado, no era raro escribir un texto en una piedra reciclada o en un pergamino de cuero reciclado. Los pergaminos que contienen un nuevo texto escrito sobre un texto antiguo «borrado» se conocen como «palimpsestos». En nuestro caso, oculta detrás de la inscripción del siglo V había una inscripción escrita con motivo de la dedicación del Coliseo, en el año 80 (la construcción comenzó en el año 72). La inscripción indica de dónde procedían los fondos para construir el anfiteatro más grande del mundo. Las palabras clave son: ex manubiis, es decir, «de los despojos de guerra». El texto completo dice: «El emperador Tito César Vespasiano Augusto ordenó que se hiciera el nuevo anfiteatro con lo que se obtuvo de (la venta de) los despojos de guerra”
El Profesor Louis Feldman z»l, un experto en historia clásica e idiomas de la Universidad Yeshiva en Nueva York, demostró que este botín no pudo ser otro que el obtenido en la conquista de Jerusalem, más específicamente, las riquezas robadas del Templo de Jerusalem (para más detalles sobre esto y otros puntos, puedes ver este articulo del Telegraph
Los romanos no solamente utilizaron el dinero de los judíos para construir el Coliseo: también derramaron allí su sangre. Flavio Josefo informa que un total de 1.100.000 judíos fueron asesinados en la caída de Jerusalem en los años 66 a 68 de la era común.
El periodista español Manuel Villatoro declara que esta masacre fue «El Holocausto Olvidado del Emperador Vespasiano».
Villatoro escribe sobre el destino de los supervivientes y su terrible final. Tito capturó a 97.000 prisioneros judíos y los llevó a Roma. Los hombres adultos fueron llevados a trabajos forzados, las mujeres y los niños menores de 17 años fueron tomados como prisoners y vendidos como esclavos.
Feldman afirma que la venta de esclavos judíos fue una de las principales fuentes de ingresos para las arcas romanas. Los esclavos eran muy comunes en Roma y se comercializaban como animales en el mercado. Pero los romanos sabían que los esclavos judíos tenían un valor mucho más alto en el mercado. ¿Por qué? Porque los judíos que vivían en Roma, Turquía o Egipto pagarían cualquier precio para liberar a un hermano Yehudí de la esclavitud. Uno de las Mitsvot más importantes de la Torá, que tiene prioridad sobre cualquier otro precepto, es el «pidiyon shebuyim», la liberación de prisioneros judíos. Los Sabios cuentan docenas de historias sobre esclavos judíos en Roma. Una de las más escalofriantes es la de Ribbí Yehoshua Ben Jananiyá. En una de sus visitas diplomáticas a Roma, escuchó que había un niño judío que había sido capturado por los romanos. Ribbí Ishmael se acercó a los pobres cautivos que esperaban ser vendidos y recitó la primera parte de un versículo de Isaías (42:24) que dice: «¿Quién permitió que [el pueblo judío] fuera oprimido y humillado…?». Luego escuchó desde dentro de la prisión a un niño completando el pasuq: «fue el Eterno, contra quien pecamos, y cuyas ordenanzas no quisimos seguir». En ese momento, Ribbí Yehoshua dijo: «Estoy seguro de que este niño será un gran sabio en el pueblo judío». Y entonces tomó la decisión de «pagar lo que sea necesario para rescatarlo». Y así fue. Ribbí Yehoshua gastó una fortuna ante los romanos para liberar a este niño, que con el tiempo se convirtió en uno de los más grandes Sabios de Israel: Ribbí Yishma’el ben Elisha’. Y esto que sucedió con él ocurrió probablemente miles de veces con otros esclavos judíos.
El Profesor Feldman explica que la venta de esclavos judíos fue una de las fuentes de ingresos más importantes para financiar la construcción del Coliseo. Villatoro agrega otro hecho fundamental en este punto. ¡El Coliseo Romano no solo fue construido con «fondos judíos», sino que también fue construido con mano de obra judía!
Villatoro explica que los judíos más débiles, aquellos que no podían ser vendidos como esclavos, fueron utilizados para los «juegos» del circo romano. En estos sangrientos espectáculos los miserables prisioneros judíos eran llevados a la arena, y tenían que luchar entre sí hasta la muerte, o sino enfrentarse a animales salvajes, que los romanos habían dejado sufrir de hambre por varios días. Los nobles romanos disfrutaban del espectáculo de ver a judíos ancianos, mujeres y niños judíos luchando desesperadamente contra las bestias salvajes, en una batalla que obviamente siempre perdían. La muerte de las pobres víctimas no llegaba rápidamente. Y eso era la parte más jugosa del espectáculo para los «refinados» romanos —famosos por su sofisticado arte y cultura: ver el desmembramiento de los cuerpos, el derramamiento de sangre y los gritos de dolor y agonía de las víctimas judías que eran comidas vivas por las bestias salvajes. Todo esto para el deleite de unos 80,000 monstruosos espectadores.…
Según el periodista español:
«… 12.000 prisioneros judios (o 20.000 según otras fuentes) fueron enviados a Roma para terminar de construir el Coliseo con su trabajo. Esto lo confirma, entre otros, el investigador español José María Zavala en su obra ‘Las páginas secretas de la historia’: ‘Vespasiano comenzó a construir el Coliseo en el año 69 de nuestra era, y Tito lo terminó doce años después. En realidad, fueron cuatro años de trabajo intenso con la ayuda de doce mil judíos cautivos llevados a Roma por Tito después de la conquista y destrucción de Jerusalem.'»
Villatoro describe así el horror final:
“¿Y cómo recompensó Tito a los esclavos judíos que construyeron el Coliseo? Los utilizó para el circo, seguramente para la inauguración del Coliseo, donde los pobres esclavos judíos ..perecían en la arena devorados por las bestias en los juegos públicos. Así es como César pagó a sus esclavos [judíos]”