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Crecimiento Espiritual
El poder del habla y la plegaria
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El cuidado del habla, la fuente de la bendición

Extraído de Likutey Etzot Editado por Ruth Shira

1) Las palabras vanas (devarim betelim) y la calumnia (lashón hará) llevan a la pobreza. El remedio para esto es dar caridad a los estudiosos de la Torá: esto trae riqueza (Likutey Moharán
I, 4:8).

2) Al estudiar la Torá es necesario expresar las palabras en voz alta. Estas palabras se vuelven entonces una luz que ilumina todos aquellos lugares en los cuales necesitas arrepentirte y enmendarte. Finalmente alcanzarás un arrepentimiento perfecto y llegarás a comprender las
profundidades de la Torá (Ibid. 11:1).

3) Debes santificar el modo en que hablas hasta que tus palabras sean palabras del “Lenguaje Santo” (lashón hakodesh). Debes decir muchas palabras de Torá, elevar muchas plegarias delante del Santo, bendito sea, hablarle y pedirle. Y al mismo tiempo debes evitar cuidadosamente toda mentira y comentario negativo sobre otras personas. Si te cuidas en el habla alcanzarás santidad y podrás guardar el Santo Pacto. Y cuanto más te purifiques y te santifiques, más podrás perfeccionar tu manera de hablar (Ibid. 19:3).

4) La palabra es el recipiente en el cual se recibe el flujo de bendiciones. De acuerdo con las palabras, así serán la bendiciones. Aquél que alcanza la perfección en su manera de hablar, puede recibir abundantes bendiciones por medio de los recipientes formados por sus palabras. Este es el motivo por el cual debemos pronunciar las palabras durante la oración (Ibid. 34:3).

5) El habla es el aliento de los labios del Santo, bendito sea. Abusar del habla es transformarla en un soplido salvaje, el “tremendo viento tormentoso” (Salmos 148:8). Este “tremendo viento
tormentoso” es el “gran acusador” – la fuente de todas las pruebas y retos que confrontan al hombre. Este espíritu salvaje descompone la carne misma del hombre. Es la raíz de la calumnia, de la mentira y del mal que la gente dice sobre los demás. Es llamado el “fin de toda carne” (Génesis 6:3) porque trabaja para destruir la carne del hombre y la vida. Todo esto proviene del
abuso de la facultad del habla (Ibid. 38:2).

6) Es muy importante perseverar en el estudio de la Torá pese a la pobreza, a las pruebas, las presiones y las dificultades. Esta es la manera de adquirir perfección en el habla. Un hilo de bondad se extenderá sobre ti (Jaguigá 12b) y las fuerzas de la justicia estricta y de la impureza te serán apartadas. Tu habla se limpiará y será elevada. Las palabras fluirán en canción y alabanza
al Santo, bendito sea, y serás capaz de orar con fuerza y fogosidad y tu corazón será llevado a servirLo con verdadera devoción. Finalmente serás digno de decir la verdad delante del Creador. La verdad fluirá en tu corazón y te sentirás pleno de un profundo anhelo por retornar (Ibid. 4-5).

7) Las palabras vacías de santidad les dan fuerza a los templos de la idolatría. Fortalecen la mentira y profundizan el exilio. Se pierde entonces todo contacto con la espiritualidad de la Tierra de Israel. La verdad se oculta y se multiplican la discordia y la disputa. La Shejiná se enoja con sus hijos, quienes están exilados de su tierra y de la mesa de su Padre. Pero las palabras de santidad le dan fuerza a la verdad (Ibid. 45).

8) Hablar de manera peyorativa sobre los demás le da fuerzas al poder de la fantasía y de la ilusión. Cuando la gente utiliza un mal lenguaje y habla de manera peyorativa sobre los demás, le es retirado su Daat, su comprensión, y cae entonces desde el amor al Santo, bendito sea,
hacia las pasiones y deseos animales. La fuente de todas estas pasiones y deseos se encuentra en la facultad de la fantasía y de la imaginación, que es parte de la naturaleza animal del hombre. Esta se alimenta de la mentira y de la calumnia. Es algo totalmente opuesto a la facultad de la memoria, mediante la cual reconocemos la verdad de nuestra situación y de nuestro destino eterno. En cambio, aquellos que abusan del lenguaje caen en el “olvido”, que es “la muerte del corazón”, pues sus corazones mueren dentro de ellos y nunca recuerdan que el verdadero objetivo de nuestra vida en este mundo es la vida eterna en el Mundo que Viene. Gente como ésta está muerta incluso en vida, pues no tienen conciencia de su verdadero objetivo y propósito (Ibid.
54:5).

9) El excesivo deseo por la comida y la bebida hace que el habla caiga en el “exilio”. Las palabras quedan atrapadas en la estrechez de la garganta. El glotón es incapaz de decir una sola palabra delante del Santo, bendito sea. El ayuno es un remedio para esto (Ibid. 62:5).

10) Hay diferentes clases de un hablar degradado: hablar mal y falsamente sobre los demás; contarle a la gente lo que sus amigos o parientes dicen sobre ellos o aquello que han hecho en su contra; mentir; el cinismo y el sarcasmo; la adulación; avergonzar a la gente en público; las palabras obscenas; acotaciones innecesarias, etcétera. Lo peor de todo es cuando la gente habla mal de los Tzadikim y de aquellos honestos y temerosos del Santo, bendito sea. Hablar así le otorga alas a la serpiente primordial. Esta vuela entonces por el mundo creando confusión.
Esta “serpiente” es la sofisticación de los filósofos y demás ateos. Hoy en día esto se ha difundido por el mundo entero y cada vez gana más prestigio y poder. Pero las palabras de santidad forman alas para el dominio de la santidad (Ibid. 63).

11) El habla deriva del aspecto Divino de Guevurá, que denota fuerza y severidad. Por tanto debe ser suavizada mediante el estudio de la Torá y la expresión de palabras de bondad y de santidad. Este es el motivo por el cual debemos tener especial cuidado en evitar todas las formas de hablar degradado, en especial los comentarios peyorativos sobre otra gente. Más que nada esto se aplica a la manera como hablamos sobre el Tzadik. Hablar mal del Tzadik despierta las fuerzas de la severidad en el mundo y puede hacer que el Tzadik caiga de su nivel si carece de la fuerza suficiente como para suavizarlas. Es posible incluso que el Tzadik fallezca, pues de esa manera las fuerzas del juicio se suavizan cuando su alma deja el mundo (Ibid.).

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