Ascendiendo
Capítulo 1
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El camino del hombre, Las mitzvot

4. El camino del hombre

El camino del hombre puede realizarse por dos vías:

a) Inconcientemente, y en última instancia, sufriendo y reaccionando sin dirección objetiva a causa de su ignorancia (ver item 1, a, b y c).

b) Concientemente, al definir a través del estudio interior de la Torá y la práctica intencionada de las mitzvót los límites entre el bien y el mal, lo real y lo imaginario (ver item 1d).

5. Las mitzvót

El concepto mitzvá (singular de mitzvót) indica la acción que activa y conecta (tzavta) diferentes ámbitos de la realidad; y a su vez nos da conciencia del prójimo a partir del fortalecimiento de la voluntad y la perseverancia en la realización de actos altruistas (ver item 7). Las mitzvót ayudan a trascender el egocentrismo, ya que a través de su práctica el hombre comienza a comprender que el mundo no comienza ni termina en él. Las mitzvót nos brindan parámetros para medir nuestro grado de altruismo y egoísmo, son coordenadas espaciales y temporales (Las mitzvót impulsan el altruismo hacia los diferentes espacios en que el deseo se manifiesta: material-sensorial, emocional, mental y espiritual, indicándonos el ritmo adecuado y el momento propicio para realizar nuestras actividades y expresar nuestros sentimientos y pensamientos) de expansión y contención de nuestros deseos (ver item 1). Las mitzvót tienen una sola y única fuente: el Kadósh Barúj Hú. Para lograr una mejor comprensión, nuestros Sabios ÊÏ las ordenaron en dos grupos generales:

(I)

a) Mitzvót que ayudan al hombre a discernir si su relación con el prójimo es altruista o egoísta (bein adám lejaveró).

b) Mitzvót que orientan al hombre en pos de la energía de vidas que nutre toda la Creación y su máxima identidad: el Kadósh Barúj Hú (bein adám laMakóm).

(II)

a) Mitzvót de expansión de la voluntad (asé).

b) Mitzvót de contención del deseo (lo taasé).

6. (Ia) Mitzvót bein adám lejaveró, (Ib) Mitzvót bein adám laMakóm

Ia) Las mitzvót que relacionan al hombre con su prójimo (bein adám lejaveró) nos ayudan a comprender que las necesidades de los otros son tan importantes como las propias, y cuando no están resueltas nos afectan a todos por igual. Así el hombre puede lograr incorporar la noción de unidad dentro de la aparente multiplicidad de la realidad, ya que cuando el objetivo de los hombres es similar se unen en pos de él y «la unión hace la fuerza». El bien colectivo es el objetivo que nos une y responsabiliza mutuamente, primero hacia nuestro entorno, familia, amigos, luego hacia la comunidad y el mundo todo.

Ib) Las mitzvót que relacionan al hombre con el Kadósh Barúj Hú (bein adám laMakóm) nos transmiten «el ritmo» de recepción de la plenitud de Su Luz Infinita para así fusionarnos, dvekút, en El (ver item 4).

¿Cómo puede fusionarse el hombre con el Kadósh Barúj Hú?

La comprensión de este concepto requiere una introducción para acceder a los fundamentos de la espiritualidad judía, y por ende a sus mecanismos educativos.

Así como los objetos materiales se separan físicamente, las existencias espirituales se separan cuando poseen objetivos disímiles. Cuanto mayor es la diferencia en el objetivo mayor será la distancia espiritual. Como ya lo explicamos, un ejemplo de esto es el cuerpo humano: nuestro cuerpo está compuesto por distintos órganos, cada uno con diferentes funciones, pero con un solo y único objetivo: servir al bienestar del hombre. El hombre está sano cuando cada órgano trabaja para este cometido. En cambio, si cada órgano trabaja para sí descuidando su relación con el resto del cuerpo, éste se resentirá y finalmente el propio órgano se verá afectado.

Ello significa que cada célula y cada órgano estará en armonía con el cuerpo y entre ellos mismos mientras su objetivo sea común. Igual sucede con las almas humanas, a pesar de estar revestidas en diferentes cuerpos, cuando su objetivo es similar: el bien colectivo, entonces nos unificamos y somos uno con la Fuente Infinita.

La concretización del bien colectivo no surge instantáneamente sino que requiere una elaboración, un proceso educativo.
Como ya lo expresamos en otros textos, en el ámbito espiritual, a diferencia del material, el acto de dar y recibir no es simultáneo. Cuando alguien nos da un objeto tenemos la posibilidad de recibirlo inmediatamente. En lo espiritual no es necesariamente igual, el acto de dar y recibir no siempre coincide en el tiempo. Quien transmite una sabiduría no tiene garantía alguna de que ésta sea recibida; el alumno tendrá que esforzarse con el fin de aprehenderla.

La Torá nos dice que el Kadósh Barúj Hú «demoró» 6 días en crear el Mundo y 40 en dar la Torá a Moshé en Sinái.
Eso nos indica que no es suficiente con dar sino que debemos enseñar cómo recibir correctamente la Sabiduría. En hebreo, el verbo recibir proviene del vocablo Kabalá (recepción), es decir el conocimiento que nos enseña cómo recibir los diferentes grados de la Sabiduría que nos transmite la Torá.
La Torá, a través de sus Sabios, nos enseña cuál es el modo de aprehender la Sabiduría, pero será cada individuo de acuerdo a sus características espirituales quien des-cubra «su forma» de lograrlo. Decimos «su forma», ya que cada individuo tiene una función irreemplazable en el logro de la armonía y cuando la alcanza se completa una nueva parte del gran «puzzle universal».

Cuando encontramos nuestro «lugar» (makóm) revelamos la fuerza altruista que está latente en nuestro interior, aguardando el momento para manifestarse.

Al mover un pieza de cualquier mecanismo, éste dejará de funcionar correctamente y esa pieza ya no podrá dar su potencial a dicho sistema. Lo mismo sucede con el hombre: cuando no «está en su lugar» (makóm) surge el egoísmo, ya que al no encontrar cómo manifestar armónicamente su energía la expresará negativamente.

Si des-cubrimos «nuestra forma» de dar, de ser útiles a la familia y a la sociedad, no sentimos necesidad de ser ni de poseer lo del otro sino, por el contrario, buscamos ayudar al prójimo a des-cubrir su vocación, a formar su familia, etc., a encontrar «su lugar».

7. (IIa,b) Mitzvót asé, mitzvót lo taasé

La Torá no es determinante sino que nos ayuda a encontrar los parámetros de lo posible y necesario, lo bueno y lo malo, para cada etapa y momento. Las mitzvót de expansión (asé) y de contención (lo taasé) nos indican cuándo actuar o posponer nuestros deseos, limitándolos en pro de una futura expansión.

Cuando deseo algo ¿cómo sé si es bueno o malo?

La Torá nos brinda mitzvót, parámetros objetivos (no asesinarás, no robarás, etc.) a través de los cuales podemos discernir entre el bien y el mal y de esa forma prever las consecuencias de nuestros actos a corto y largo plazo (ver item 1). El bien y el mal no pueden ser definidos en sí mismos, bueno y malo, como fue explicado en el item 11, dependen del objetivo. En la Creación algo es bueno o malo con respecto a una realidad más allá del sujeto que la experimenta. Somos buenos padres, buenos esposos, etc., o sea el bien y el mal se evalúan de acuerdo a lo que proyectamos a nuestro entorno. El Kadósh Barúj Hú todo lo hizo para bien y queda en nosotros, aprehendiendo las leyes de la Torá, desvelar la forma y el momento para extraer el bien oculto existente en cada ser y aspecto de la realidad. La misma energía que destruye puede construir cuando la aplicamos en la forma adecuada, ver ejemplo al final del item 71.
Como lo expresa el libro de Kohélet “Todo tiene su tiempo …”.
La Creación es el «gran proyecto» y como todo plan tiene sus principios y fases de desarrollo.

La Halajá le enseña al hombre el ritmo y la forma de relacionarse con dichos principios. La Kabalá nos ayuda a comprender el plan a través del cual HaShem beneficia a las creaturas en forma infinita. A partir de estas bases se logra edificar una sociedad en la cual cada individuo asume la responsabilidad por su prójimo, lo que nos conduce a percibirnos como diferentes partes de una misma unidad (consultar item 10).
Al tomar conciencia de la realidad a partir de dichos parámetros, comenzamos a vivenciar la mitzvá de “Amarás al prójimo como a ti mismo”, ya no en base a nuestro parecer y sentir momentáneos sino des-cubriendo que amar al prójimo como a sí mismo es una ley objetiva como lo son las leyes de la naturaleza en el ámbito material. Entonces podemos percibir el orden de causas y consecuencias a nivel de nuestros deseos, emociones y pensamientos, de la misma forma en que sucede con los fenómenos físicos.
Así, el bien se torna objetivo, ya que comprendemos que el principio “Amarás al prójimo como a ti mismo” -igual que el resto de las mitzvót contenidas en la Torá- trascienden la índole humana adquiriendo una dimensión de leyes universales, las únicas capaces de combatir la raíz del mal: el deseo egoísta de recibir.

Jaim Zukerwar

1 comentario
  1. stella maris montero

    Me asombro cuando, me interno en el estudio de Tora,,en la refleccion posterior, es satisfatorio, despues, de mas de 11, años estoy como en algo NUEVO, Que, El Santo, bendito..Los bendiga por siempre, gracias por estar…

    06/09/2016 a las 22:38

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