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El beneficio de la duda (Purim)

de “Concord” (Londres)

Entre los preceptos especiales que cumplimos en Purím está el de Matanot LaEvioním, dar dádivas a los pobres. Pero con frecuencia nos aqueja una duda: ¿Será este pobre realmente tal, o se está burlándo de mí, aprovechándose de mi esfuerzo?

Mientras leía un libro sobre cómo elegir pareja desde una perspectiva de la Torá (en comparación con mi enfoque psicológico, sofisticado, [pero] frustrado) me sorprendió cuánto del libro se basaba en el primer shiduj –la primera ocasión en la que alguien buscaba pareja– mencionado en la Torá.
Este primer shiduj había sido deletreado en gran detalle como para brindarnos un modelo para todos los shidujím siguientes. Lo interesante era un punto particular que es relevante al tema de este artículo: el de asumir una actitud positiva en la vida y, más específicamente, conceder al otro el beneficio de la duda.

La Torá describe cómo Eliezer, el siervo del Patriarca Avraham, buscando una esposa para el hijo de su amo, Itzjak, fue al pozo de agua con sus camellos y esperó allí a una joven mujer que no solamente fuera bondadosa con él, sino que también se ocupara de sus animales. Con este fin le pidió un poco de agua, esperando ver si también daría de beber a los camellos (cosa que hizo, ¡y hasta la saciedad!).

Lo que era novedoso para mí en la interpretación de este suceso por parte del autor era que describió a Rivká como positiva y generosa en su actitud hacia Eliezer. Dijo que otra joven, de pedírsele que sacara agua para un varón adulto y fuerte, podría haberse enojado, podría haber pensado que como aquél era capaz de conseguirla por sí mismo, simplemente estaba siendo perezoso. A diferencia de este enfoque, Rivká se mostró solidaria: quizás Eliezer estaba cansado de su largo viaje y no podía arreglárselas por sí mismo.
El autor dedujo de esto que una de las cualidades que deberíamos buscar en una pareja es un enfoque positivo: hacia la gente, hacia los sucesos, ¡hacia la vida! Aun más que positivo, un enfoque generoso: “lekaf zejut”, uno que brinda el beneficio de la duda.

Una vívida memoria me viene a la mente. Era en el subterráneo de Nueva York, hace dieciocho años. Camino al trabajo más o menos a las 8:30 de la mañana, una mujer de mediana edad que vestía un pañuelo sobre la mitad inferior de su rostro (como lo hacen en las películas los policías y ladrones) se me acercó y me pidió dinero. Yo sólo podía imaginar que su rostro estaba cubierto para enmascarar alguna enfermedad horrorosa. Pero me disculpé y le dije que no tenía dinero. “Si estás hambrienta, sin embargo, tengo una naranja conmigo”. Ella dijo que lo estaba, y cuando se la di literalmente la devoró.
No miré su cara en ese momento pues tenía un miedo mortal de lo que podría ver, pero cuando conté este episodio a una amiga me dijo que el pañuelo probablemente enmascaraba un sonrisa, no una deformidad; y la implicación era que la mujer se reía de mí como un tonto de primera línea.

Recuerdo pensar que mi amiga era una cínica y más bien poco generosa. Me pareció absurdo que una mujer fuera por todos lados vestida de manera tan ridícula simplemente para mendigar un poco de dinero de la gente. Por supuesto, era posible…
Con todo, su cinismo me hizo preguntarme: ¿su actitud, a quién ayudaba y a quién dañaba? Es cierto que si la mujer era una embustera, yo había perdido una naranja (¡inútilmente!). Pero si era realmente una necesitada, y tenía alguna razón genuina para ocultar su rostro, al menos yo había logrado, en una muy pequeña medida, ayudarle.
Y mi amiga: su actitud cínica, en el mejor de los casos, le economizó algún dinero, y en el peor, la separó de la humanidad.
Soy dura, dices. Pero este sentimiento es, en su peor forma, uno que aísla a la persona de los demás; es un negativismo que le permite a uno separarse de los otros y que es defensivo.

Lo mismo puede decirse de Rivká en el citado ejemplo: su generosidad le costó cierto esfuerzo, mientras que el cinismo habría sido físicamente más fácil. Pero su bondad fue tanto su propia recompensa (en que la convirtió en un ser humano más noble), y también, en este caso, la premió con un esposo y la inmortalidad.
La ventaja de un enfoque generoso es tanto en beneficio del individuo que lo tiene como en el de los demás que tan obviamente se benefician de él.

Recientemente oí una historia de un grupo de tartamudos que describía los sucesos de sus vidas que podrían haber resultado traumáticos.
Un hombre describió su niñez muy difícil: su padre había sido muy pobre y su vida había sido muy dura; podía recordar épocas en que durmió a la intemperie con el frío, no tuvo lo suficiente para comer, etc.
El líder del grupo contó que mientras él describía su niñez con gran resentimiento, otro hombre del grupo de apoyo comenzó a llorar. Cuando el líder le preguntó por qué lloraba, dijo que estaba emocionado y que lo que sentía era el gran amor del padre por su hijo al tenerlo consigo en condiciones tan adversas. Ciertamente podría haberlo puesto al cuidado de otros, pero obviamente había querido tener a su hijo a su lado. Cuando oí esta historia recordé la película `The Tramp´ de Charlie Chaplin, donde un vagabundo encuentra un bebé abandonado sobre el umbral de su puerta, lo toma y lo cría.
Juntos enfrentan el frío, comparten una lata de judías para la cena, etc. La pobreza era secundaria ante el amor mutuo del niño y el vagabundo, y yo sólo podía pensar en cuánto más feliz habría sido el hombre en el grupo de apoyo de haber visto las acciones de su padre positivamente. Se habría sentido amado y no descuidado, y ello lo hubiera hecho cariñoso y no resentido.

Quizás pienses que éste es un enfoque simplista, pero ambas interpretaciones de las acciones del padre son posibles. Uno, sin embargo, produce fruta dulce; el otro, un producto que golpea.
Y la pregunta que siempre debemos hacernos es si somos prisioneros de nuestras naturalezas (o sea, una persona del tipo cínico negativo) o si podemos cambiar si vemos intelectualmente que es en nuestro beneficio hacer el intento y llegar a ser un individuo más positivo.


(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

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