Energía de los meses
La energía del mes de Shvat
La energia del mes de Shvat/Acuario
+100%-

El Arte de Vivir con la Luna

Selección extraída del Calendario Cabalístico de Ben Itzjak. Editorial Edaf

Rabí Shlomo Ben Itzjaki [1040-1105] -Rashi- el comentarista clásico de la sabiduría del Sinaí, en su análisis al libro del Génesis, formula una pregunta decididamente extraña: ¿Por qué la Biblia comienza con el relato de la creación del mundo? ¿Acaso no hubiese sido mas lógico propone el sabio exegeta empezar con la enseñanza de la santificación de la luna, el primer precepto que recibió el pueblo de Israel al salir de Egipto?

«..El Eterno le dijo a Moshé y a Aarón en la tierra de Egipto: Este mes será para vosotros el principio de los meses, será para vosotros el primero de los meses
Del año…»
éxodo, 12

Admitamos, al menos, que tras un análisis superficial, la pregunta de Rashi resulta incomprensible. Toda persona entiende la lógica de comenzar el relato bíblico describiendo el modo con que el Creador hace devenir su obra y su mundo. Sin profundizar demasiado, bien puede entenderse que tal descripción sirve de base y pilar de toda la historia bíblica posterior.

Sin embargo, proponer el reemplazo de este relato por el simple precepto de santificar la luna resulta bastante extraño y hasta sorprendente, salvo que nos preguntemos: ¿Existe acaso algún punto en común entre los seis días de la creación y la santificación de la luna?

La profundidad del mensaje del sabio comentarista puede ser resumida en una frase: si bien el inicio de la Biblia se refiere al primer acto de creación, de igual modo el relato bíblico podría haber comenzado enseñando y afirmando la simbología lunar, la cual alude a la re – creación y a la renovación total y permanente.

Aunque para terminar de entender esta propuesta es conveniente acercarnos a la simbología mística representada por la luna.

La concepción lunar

Las dos grandes luminarias, el sol y la luna, no sólo «arrojan luz» sobre el mundo que nos rodea sino que representan dos sistemas de captación de la realidad. Y no olvidemos que, al fin y al cabo, vivimos de acuerdo con nuestra concepción propia de la vida. Aunque nunca lo hayamos pensado de este modo, aunque no lo podamos definir en teorías y palabras nuestros actos más simples, nuestros quehaceres cotidianos responden al modo que nos explicaron el sentido y el significado de los años que nos quedan por vivir.

Todo acto, o suma de actos en apariencia insignificante responde a una determinada concepción de la vida, a un modo de enfrentarse a la realidad. Incluso la falta de un sistema organizado, y la improvisación también responden a una forma de vivir, a una idea, a una cosmovisión carente de un sentido ultimo.

La luna simboliza la renovación permanente. Nace a comienzos del mes, crece lentamente, alcanza su plenitud al llegar al día quince y, lentamente, con el paso de los días, se desdibuja en las alturas hasta terminar desapareciendo por completo. Y a pesar de haberse borrado ante los ojos humanos, a pesar de «no estar», la luna vuelve a nacer al comienzo del nuevo mes; tímida, pequeña y sin llamar la atención de todos, aunque decidida a retomar su punto de máxima grandeza.

La luna es experta en el arte de renacer. Permanentemente esta viniendo del «no ser», del «no estar», de la nada.

Tal como ha sido citado en otras oportunidades la palabra jodesh significa mes, termino que a su vez comparte raíz con la palabra jadash, nuevo, y también hitjadshut, renovación.

Los sabios relacionan el proceso lunar con la siembra y la cosecha. De acuerdo con su concepción mística, tal proceso natural no alude a una simple dinámica biológica de evolución, de expansión de lo ya existente -la semilla- sino a una dinámica de clara renovación. Significa la semilla no evoluciona en planta sino que, tras descomponerse en las profundidades de la tierra, tras volverse «nada», entonces genera «algo nuevo», un brote.

La nueva planta, tal como la luna, «nace» a partir de la nada.

El acto de nacer marca el límite entre lo inexistente y lo existente, entre la nada y el ser.

Tal vez aquí podamos hallar la diferencia esencial entre la simbología del árbol y de la hierba.

La hierba que acabamos de comer, la verdura servida en nuestro plato, es lo que ha crecido a partir de un algo existente. De un bote minúsculo que un día plantamos en un surco ha evolucionado una planta.

Además, cuando el hombre ingiere una verdura, en realidad come absolutamente todo aquello que plantó. Tras comer la planta, nada queda.

Por el contrario, cuando comemos los frutos del árbol, no ingerimos su tronco, sino que nos alimentamos en realidad de lo totalmente nuevo, ya que el árbol mismo continua intacto.

El fruto representa lo absolutamente nuevo que surge a partir del árbol que permanece integro.

Ya no resulta tan extraño que el Talmud enseñe que el trigo, del cual proviene el pan y constituye el principal alimento del hombre, crecía en forma de árbol antes de que Adán cometiera su transgresión.

Tampoco es menos significativo que al probar precisamente de este árbol -el trigo- comenzara la caída de la humanidad.

Existe una relación esencial entre el hombre y su comida: de la comida se nutre y toma vida. Soy lo que como, mi vida es reflejo de mi alimento.

Cuando la vida del hombre se basa en una concepción evolutiva, entonces su comida natural es la hierba.

Cuando la vida del hombre se apoya en la renovación permanente, entonces su sustento natural es el fruto de los árboles.

Quien capta su momento presente simplemente como la consecuencia de un momento pasado, entonces ha sido atrapado por la concepción evolutiva, la misma que deja en nuestras vidas el sello inconfundible del hastío, el aburrimiento, el desgano y la rutina. Pobre de aquel que hoy continúa su matrimonio porque alguna vez se casó. Miserable es aquel que se ocupa de una determinada labor porque alguna vez decidió estudiar una carrera universitaria. ¿Acaso hoy soy lo que soy simplemente porque ayer fui lo que fui? ¿Acaso solamente me limito a continuarme a mi mismo sin darme ni pedirme explicaciones y sin poder elegir de nuevo?

De acuerdo con la concepción de renovación permanente, el hoy es nada más – y nada menos – que la tierra fértil del mañana, la cual producirá frutos nuevos, variados, plenamente renovados..

Ben Itzjak.

Libros relacionados

Calendario Cabalístico. Enero (Shvat)

Energia de los meses - Kabala




Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top