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El Arbol que no te deja ver el Bosque

Extraido de Jabad Magazine

Recuerdo una película cómica que vi alguna vez, y esta es la escena:
El protagonista estaba enamorado de una mujer, y había decidido casarse. En cierto momento del noviazgo, le pide a Di-s que le mande una señal para saber si ella es o no, realmente la mujer para él. La imagen lo muestra con ambas manos hacia arriba, pidiendo la señal, y se ve un brusco movimiento de objetos producido por un viento dentro de la sala, sacudiendo arañas, cuadros y papeles. Además se oyen sirenas y truenos, produciéndose apagones intermitentes de luz al servicio de este individuo. Todos cambiando su naturaleza pasiva, mientras se escucha una fuerte voz, tipo celestial que dice: “¡¡¡Noooo Noooooo…..!!!” Al terminar todo este contingente de efectos especiales, el acto finaliza con el protagonista diciendo: “Bueno, si tenés una señal, hacémelo saber”. La escena es por demás de graciosa. El mensaje es claro: Del Cielo te pueden mandar todas las señales que quieras, pero si no querés verlas, no las vas a ver. Ni aunque haya rayos y truenos…

Mucha gente pregunta: ¿Por qué tendría yo, en el siglo XXI, que cumplir Torá y Mitzvot? “¿Que certeza tengo para saber que es verdad?”, o “A ver, demostrámelo”.

Me animo a decirte, que en verdad pruebas tenés, sólo que no querés verlas. Como aquel empresario que tenía una reunión absolutamente decisiva, donde podía cerrar un negocio millonario, pero debía llegar puntual a la cita. Esto era en el micro centro. Hora pico. No hay lugar para estacionar. Los estacionamientos todos llenos, las calles repletas. Momento de desesperación. Mira al Cielo y exclama: “Di-s, por favor hacé que aparezca un lugar para estacionar, te prometo que doy la mitad de las ganancias en caridad”. En ese mismo instante se despeja un lugar en la calle. Mientras estaciona rápidamente dice: “Olvidate de lo que te pedí, ya conseguí lugar…”

Ya pasaron más de tres mil años desde la entrega de la Torá. Momento presenciado por millones de personas. Todos los presentes contemplaron con sus propios ojos los milagros y maravillas que Hashem había hecho con ellos. Y nosotros somos sus descendientes.

Innumerable cantidad personas, diariamente, se están acercando de alguna u otra forma, para conocer un poco mas de su judaísmo. Entre ellos, profesionales, científicos, políticos, empresarios, docentes, adultos, jóvenes, hombres, mujeres… De todos los ámbitos y sectores. Todos tras el mismo objetivo: vincularse a esta actual y vigente Torá. ¡¡¿¿Son todos ignorantes??!! O… ¡¡¿¿débiles en sus convicciones??!! ¡¡¿¿Acaso no piensan??!!

Se dice que los judíos somos creyentes hijos de creyentes. Es decir, que no necesitamos de mayores pruebas para creer en Hashem y su Torá, ya que es algo incorporado en nuestra misma esencia.

Un amigo me contó que en cierta oportunidad se le presentó una propuesta comercial, de la cual obtendría como ganancia cierta cantidad de dinero. Pero se trataba de un negocio del cual no se ocupa un judío. Si bien él no es del tipo ortodoxo, luego de varios días de análisis, decidió no llevarlo a cabo. No bien terminó de tomar la decisión en su mente, lo llamaron por teléfono para ofrecerle algo totalmente kasher, por exactamente la misma cantidad de dinero que hubiera ganado en el otro business. Coincidencia…. No lo creo.

Una alumna- recibida de arquitecta- no conseguía trabajo. Había empezado a estudiar Torá, y a progresar en su cumplimiento de mitzvot. En cierta oportunidad fue al cine, y al salir, dijo como inspirada: “No importa lo que pase, en Shabat no voy a trabajar”. Precisamente al otro día la llamaron para ofrecerle trabajo… ¿otra coincidencia?…. No lo creo.

Conozco el desafío, sé de lo que te estoy hablando. Alguna vez pensé como vos. Sólo ampliá tus horizontes, eso es todo. Te vas a encontrar con muchos que eran empíricos como vos, y ahora están disfrutando de una vida plena de sentido.

Alguien dijo una vez esta frase y me gusto mucho: “Hay que cambiar el ver para creer, por el creer para ver” Dejá aflorar tu confianza, y vas a empezar a percibir cómo en todo se encuentra la mano de Hashem.
¿Querés más pruebas? ¡¡Por favor!!

Gad Pichel

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