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El alma judía y las nueces tropicales

 

Si usted ha comprado alguna vez una prenda o ha leído el catálogo de Patagonia, sabrán que hace unos años ofrecían ropas con botones hechos de nueces de una variedad de árboles que crece en un bosque tropical de Sudamérica. Estos botones-nueces, de acuerdo a los dueños de la firma que son ecologistas apasionados, darían más razones para mantener estos bosques intactos. El personal de control de calidad de Patagonia sometió los botones a cientos de lavados, hallándolos perfectos. Entonces comenzaron a coserlos a las prendas.

Desafortunadamente, después de un corto tiempo, comenzaron a llegar quejas de los clientes, y empezaron a llover las devoluciones. El inesperado problema surgió porque la gente no hacía los lavados como los técnicos de la empresa los realizaba. En Patagonia lavaban las prendas e inmediatamente las secaban, una y otra vez. Pero la gran mayoría de los clientes dejaban la ropa húmeda en los lavarropas, para secarlos luego de un tiempo o al día siguiente. Los botones-nueces estaban genéticamente programados para la auto-conservación de la especie. Luego de permanecer en un ambiente húmedo por un largo rato, y recibir el calor de la secadora, parecido al del sol, las cáscaras se abrían permitiendo que las semillas salgan al aire libre.

No sólo las nueces de los bosques tropicales tienen un código genético que les permite auto-conservarse. Los judíos también han sido proyectados por el “Programador Supremo” para hacerlo. Fuimos codificados con un ‘alma judía’, la neshamá, que responde a influencias espirituales tal como las nueces de los bosques tropicales lo hacen a las condiciones ambientales. “Una Mitzvá trae otra Mitzvá” nos enseña el Pirkei Abot, que comenzamos a estudiar desde esta semana. Cuando cumplimos una Mitzvá (precepto), despertamos nuestro deseo y capacidad de hacer otra Mitzvá y así sucesivamente. Es como cuando le hacemos un bien a nuestro compañero(eso también es una Mitzvá!) y nos sentimos muy bien por ello (y por nosotros mismos) y ya deseamos hacer otro favor a otra persona. Cuantas más buenas acciones realizamos, y santificándonos de lo mundano, la conexión con nuestra Fuente Divina se enaltece, e intrínsecamente nos induce a hacer más.

Pero no sólo nos motiva a aumentar nuestras Mitzvot. Así como la nuez tropical, nos abrimos, derramando hacia fuera toda nuestra buena voluntad, fortaleza espiritual y alegría en el cumplimiento de los preceptos, en nuestro desenvolvimiento personal y en la preservación y continuidad de nuestro pueblo.


(extraído de La enseñanza semanal de Jabad Lubavitch, www.jabad.org.ar).

 

Miriam Kapelushnik

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