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El ajedrez a la luz del jasidismo

Basado en una alocución del Rebe del Lubavitch en 1948

El Baal Shem Tov enseñó una vez que todo lo que una persona ve u oye puede (y debe) ser usado como medio y motivación adicional en el servicio a Di-s.
Si así se ha dicho respecto de las vicisitudes rutinarias de la vida o incluso los sucesos triviales, cuánto más pertinente es cuando se trata de derivar una lección de la conducta de hombres sabios, santos y líderes de Israel. Con esto en mente, hay una importante lección a aprender del juego de ajedrez [mencionado como nadrishir en el Talmud (Ketubot 61b)], en vista de que algunos de los Grandes de Israel solían jugarlo, en ocasiones tales como la noche de Nitl 24 de Diciembre .

Una ilustración fascinante de ello:
El Rebe Rashab Rabí Shalom Dovber de Lubavitch vio una vez a su hijo (el Rebe Anterior) y el famoso jasid Reb Menajem Manish Moneszon jugando al ajedrez, presumiblemente en la noche de Nitl. Observando el tablero, comentó: “¡kibitzing (conversar con los jugadores y dar opiniones) no está permitido!”, y procedió a observar la partida hasta que terminaron, tras lo cual concluyó: “Esa estrategia particular (empleada por uno de los jugadores) es un modo de servir a Di-s”.
Es evidente que así como hay lecciones particulares a aprender de estrategias específicas, hay asimismo una lección esencial a derivar de las reglas básicas del juego.

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El ajedrez es como una guerra entre dos reinos, cada cual con su rey, su reina, y sus soldados. El objeto de la guerra es que un reino predomine sobre el oponente y lo conquiste. Cada lado tiene varios tipos de keilím (herramientas) con las que puede capturar las del adversario y derrotarlo. Cada una de éstas tiene su marcha y movimiento únicos, su función distintiva a llevar a cabo.
En la primera fila de guerreros hay ocho piezas llamadas “soldados de infantería” los peones . Por encima de ellos, en la segunda fila, hay tres tipos de oficiales el alfil, el caballo y la torre . En un rango más alto aún está la reina, y el más elevado de todos es el rey. El rey está rodeado y es protegidos por sus soldados y oficiales, quienes le sirve de shlujím (emisarios) que guerrean para ampliar las fronteras del reino y eventualmente ganar la batalla.
Los simples soldados de infantería sólo pueden marchar hacia adelante, de a un paso por vez. Sin embargo, cuando llegan al otro lado, pueden trascender su nivel inferior superando a todos, y hasta lograr el alto nivel de una reina, aunque no el del rey.
Los oficiales pueden saltar varios pasos a la vez, en direcciones diversas. Con todo, sólo pueden moverse de una cierta manera, cada cual según su rango. Un tipo la torre se mueve en línea recta, vertical u horizontalmente, mientras que otro el alfil se mueve diagonalmente. El tercero el caballo da un paso recto y un paso en diagonal.
La reina puede moverse en cualquier dirección, a diferencia de los oficiales que están limitados en este aspecto. El rey, quien gobierna sobre todos los guerreros, no abandona su castillo, y por lo tanto se mueve sólo de a un paso (a los cuatro vientos), pero sólo cuando es una necesidad crítica, a fin de asistir a la victoria o para escapar de un peligro inminente, etc.

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En esto se oculta una lección vital. (De hecho, la lección que sigue es realmente la fuente Divina de la que emana todo lo dicho arriba, si bien tras una miríada de contracciones):
El “Rey”, el Rey de todos los reyes, deseó tener una dirá batajtoním, un lugar de morada para Sí en el más bajo de los mundos de la Creación. Para ello, fue creada toda una “cadena de mundos”, el reino entero, incluyendo a la reina, los oficiales y los soldados.
Los soldados de infantería son análogos a las neshamot (almas Divinas) judías que han descendido a cuerpos físicos en el mundo físico, a fin de hacer la “morada en los planos inferiores”. Los oficiales son los ángeles [y hay tres diferentes categorías serafím, en el Mundo de Beriá, jaiot hakodesh en el de Ietzirá, y ofaním en el de Asiá, correspondiéndose con los tres rangos de oficiales]. La reina (malká, en hebreo) representa el atributo Divino de maljut (“soberanía”) de Atzilut (el Mundo Divino de Emanación). Maljut es la fuente de la luz Divina que sostiene y vivifica todas las creaciones, incluyendo a los ángeles y las almas.

El propósito de todos y cada uno de ellos es hacer esa “morada en los planos inferiores” a través de revelar la presencia de la soberanía (maljut) de Di s en todos los mundos. Esta es una tarea llevada a cabo por todos los guerreros, cada cual según sus facultades y capacidades. Ellos deben librar guerra contra las facultades del lado opuesto a la santidad, o sea, la oscuridad y el ocultamiento de Divinidad del mundo, con todos sus correspondientes guerreros, como se declara: “Di-s creó a ambos (el bien y el mal) igualmente equilibrados”.
El trabajo esencial es realizado por almas en cuerpos físicos, asumiendo su rol como simples soldados de infantería. Sólo ellos pueden permanecer en la “línea de combate”, o sea, en el mundo más inferior. Ellos también protegen a los oficiales y a la reina, o sea, protegen la energía espiritual que vivifica al mundo. Además, hasta “amparan” al Rey mismo, por cuanto mediante su servicio a Di s transforman el mundo en un lugar de morada para El.

Sin embargo, los judíos no pueden ganar la “batalla” sólo son sus propias fuerzas. Deben utilizar las facultades a ellos concedidas desde los mundos superiores. Por ejemplo, los ángeles ayudan a las almas al elevar sus plegarias, etc., mediante su proclama diaria de “Kadosh…“, santificando al Todopoderoso. Similarmente, los judíos necesitan canalizar el poder del atributo Divino de maljut a fin de estar capacitados para triunfar en la tarea de llevar a cabo su propia misión en el mundo [tal es así que en las plegarias matutinas, la primera parte (Pesukéi DeZimrá) habla de la anulación del mundo ante Di s, en tanto que la segunda (Birkat Iotzer Or) habla de la anulación de los ángeles frente al Creador. Estos son los temas de reflexión central durante las mencionadas plegarias].

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¿Qué diferencia hay entre ángeles y almas?
Los primeros se describen como seres “estáticos” como se declara en Isaías (6:2): “Los serafím están parados encima de El” , mientras que las almas en cuerpos, en contraste, son llamadas “caminantes”, como en “Y Yo os he dado por caminantes entre estos estáticos” (Zejaria 3:7).
El descenso del alma Divina al cuerpo y al alma animal, donde constantemente debe librar guerra contra la inclinación al mal, es muy grande, ciertamente. Como el alma está limitada y “encarcelada” dentro del cuerpo, su avodá (servicio a Di s) es asimismo finita y restringida. Sólo puede progresar gradualmente, dando de a un paso por vez, a diferencia de las almas y los ángeles en los excelsos mundos espirituales. Con todo, esta atenuación abismal es realmente una ieridá letzorej aliá, un descenso con el propósito de un ascenso. Pues mediante éste el alma escala de un nivel a otro, remontándose más allá de sus horizontes y logrando las máximas alturas. Sólo a través del servicio de un “soldado de infantería” en una mundo cargado de ocultamiento espiritual y limitaciones el alma pueden “transitar” y trascender realmente su propio nivel original, el anterior a su descenso. Puede lograr el máximo nivel, maljut de atzilut, la fuente misma de las almas judías, donde los judíos y Di-s son una y la misma cosa, en una unidad absoluta. El alma ha completado entonces el propósito de su descenso y misión al mundo, ha “llegado al otro lado del tablero”.

Los ángeles, por su parte, pueden saltar libremente de nivel en nivel pues no encuentran dificultades ni pruebas. Sin embargo, siempre seguirán siendo lo que son, y nunca podrán trascender a un plano más excelso. Su servicio es “estar parados” en un mundo y en una dimensión. Aunque puedan dar brincos, están limitados a un plano y perduran con sus propios seres sedentarios. Nunca pueden trascenderse a sí mismos para llegar a ser lo que no son. No hay grandeza a lograr, nada más alto para llegar a ser.

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El atributo de maljut es la fuente de vitalidad para toda la creación, todos los niveles y todos los mundos, como se declara: “Tu reinado (maljutjá) es reinado de todos los mundos”. Así, maljut no está limitada a un mundo, ni en cantidad (tal como la limitación de las almas que sólo puede subir de a un nivel por vez), ni en calidad (tal como los ángeles, quienes nunca pueden trascender a un mundo más alto y trasladarse a un “estilo” diferente). Pues maljut existe en cada mundo y en cada nivel de éste, y vivifica y mantiene a cada ser conforme su constitución individual. Es la fuente de Divinidad iluminadora en cada nivel, similar a la reina, quien puede moverse a cualquier paso en cualquier dirección.
Por encima de todo está el supremo Rey de reyes, el Santo, bendito Sea, cuya esencia (“atzmut“) está más allá de cualquier tipo de manifestación. El Mismo está oculto a toda la Creación, permitiendo que Su resplandor se revele sólo a través de Su soberanía (maljut). Dado que El está más allá de la manifestación, permanece oculto al “campo de batalla” de la Creación.

Sin embargo, a fin de ganar la guerra, o sea, lograr una “morada en los planos inferiores”, el Rey utilizará Sus más secretos y ocultos tesoros, e incluso, para decirlo de alguna manera, se pondrá El Mismo en “peligro” uniéndose a Sus guerreros en la línea de combate [la Shejiná Presencia Divina está en exilio junto con los judíos]. Así, el rey del ajedrez rara vez se mueve, y cuando lo hace, es sólo de a un paso por vez, en cualquier dirección. Esto es simbólico de la simplicidad de atzmut la Esencia Divina que no tiene compuestos , y también indica que atzmut está inherentemente conectado con el más simple soldado de infantería.

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Lo dicho arriba encierra un mensaje implícito con pertinencia práctica:
Los judíos viven en este mundo inferior, donde no pueden percibir las excelsas revelaciones de Divinidad que sí perciben los ángeles. Para peor, se encuentran en un sombrío exilio diaspórico, donde la verdad está oscurecida y oculta. Como tal, el nuestro es el servicio a Di-s del simple soldado de infantería que no comprende.
Con todo, no hay razón para desesperar, todo lo contrario.
La victoria se logrará únicamente a través de los soldados simples sobre la línea de combate, marchando hacia adelante. Mediante esto, podemos lograr los niveles espirituales más sublimes, ¡hasta maljut de atzilut!

Sin embargo, todo esto se aplica sólo a estos tiempos, antes de la Redención, cuando el “juego” todavía está siendo jugado. El judío sólo puede lograr el nivel de “reina”, o sea, maljut, pero no el nivel infinito de rey, pues sólo hay un único Rey. En los días del Mashíaj, después de la victoria en la batalla, será lograda la más absoluta consumación del matrimonio entre los judíos y Di-s, llegando a ser una única entidad: “Israel y el Santo, bendito sea, son todo uno y lo mismo”.
Con todo lo dicho el simple servicio del judío, con la asistencia de los ángeles y maljut (véase arriba), y mediante la fortaleza del Rey indudablemente predominaremos sobre todos los ocultamientos y completaremos el propósito de la Creación, logrando la “morada Divina en los planos inferiores”, la máxima manifestación de Divinidad en el mundo, y el matrimonio de Israel con Di-s. “Y Di-s reinará por siempre!”


(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

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