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Educar hacia la libertad

Extraido de Revista Judaica

Acabamos de atravesar Purim y, como todos los años, entramos en la “recta final” hacia Pésaj. Los Sabios nos enseñan una idea importante respecto al hecho de que Purim se celebre en el segundo Adar (en los años en los cuales hay dos Adar) para que sea siempre exactamente un mes antes de Pésaj. Nos dicen que hay una lógica de acercar una “salvación” (la de Pésaj) a otra “salvación” (la de Purim) en el calendario. Si bien lo que vamos a proponer no es la interpretación literal de estas palabras de los Sabios, podemos unir Purim con Pésaj por medio de una idea educativa fundamental.

En la Meguilá (lectura de la historia de Esther en Purim), encontramos que la reina Esther era huérfana y Mordejai, el primo, fue su tutor. Los años pasaron y Esther se emancipó. Accedió a un puesto de gran poder. Mordejai, ya anciano, no dejó de preocuparse por el bienestar de Esther. Cuando aún no había sido elegida reina, Mordejai paseaba diariamente frente al palacio de las mujeres para conocer su suerte (2:11). Después de ser electa, Mordejai permaneció fijo frente a la puerta del palacio (2:21), y fue así como escuchó a los dos sirvientes del rey Ajashverosh planear el asesinato del rey. Muchos años más tarde, cuando Hamán fue elevado a primer ministro, Mordejai (3:4) aún seguía firme y decidido frente a la puerta del palacio (y no se inclinó ante Hamán, desafiando todos los días la orden real).

Más tarde, cuando ya se había firmado el decreto de destruir a los judíos y Esther invitó al rey y a Hamán a una fiesta, a la salida, se encuentra con Mordejai (5:9) en la puerta del palacio. Aun después que Hamán llevó a pasear a Mordejai cabalgando sobre el caballo del rey (el “city-tour” de Shushán) pregonando el aprecio del rey por este último, en el momento crítico en que se iba a decidir la suerte de Hamán, ¡Mordejai volvió a la puerta del palacio! (6:12)
Mordejai: ¿no tenía nada para hacer? ¿podía disponer de tanto tiempo para indagar si había noticias de Esther?

Por otro lado, y no menos maravilloso, encontramos que Esther “no contaba cuál era su pueblo y su origen, tal como se lo había ordenado Mordejai. Esther obedecía la palabra de Mordejai tal como cuando estaba a cargo de él”. Sorprendente. La reina, estando ya en su cargo monárquico hacía cinco años, guarda celosamente las indicaciones de su anciano primo (Mordejai tenía al menos más de noventa años en ese momento) que no deja de ser más que un ciudadano súbdito de su realeza, sin razón aparente para esta inexplicable regla de silencio auto-impuesto. (Más tarde, esta estrategia resultó ser el instrumento indispensable en el “efecto sorpresa” para la salvación de los judíos)

¿Qué aprendemos de esta historia?: el verdadero significado de la educación. Habitualmente la gente asemeja su concepción de educación a una especie de control para que los niños o adolescentes hagan las cosas como uno cree que se deben hacer.
Mordejai nos muestra lo contrario. La idea no es “controlar”. La cuestión no pasa por fiscalizar a los jóvenes u obligarlos a hacer algo. Educación genuina es aquella que no depende de la presencia física del progenitor para que el hijo obedezca sus consejos y enseñazas. Del mismo modo que no se puede decir que los alumnos hayan logrado el mayor grado de honestidad, si se requiere de la permanencia del maestro dentro del aula para impedir que se copien durante una evaluación, así también puede apreciarse la profundidad y la extensión de la influencia paterna en los hijos cuando ellos ya son adultos y siguen fieles a las sabidurías recibidas. (adaptado de los escritos del R. Sh. R. Hirsch sz”l)

¿Y Pésaj? Es la fiesta en que instruimos a nuestros hijos respecto a la salida de Egipto. También es la “fiesta de la libertad”. Dado que el concepto de libertad es fundamental en el judaísmo y, por esa razón, dedicamos siete días cada año a celebrar este evento tan antiguo a fin de incorporar la noción de sentirnos libres, es menester entenderlo a la luz de lo que esto exige de nosotros. De otra manera, mantendremos una imagen muy superficial de lo que implica, suponiendo que solemnizamos simplemente el hecho histórico de una independencia de fuerzas ajenas superiores.

Visto desde el sentido verdadero y cabal de la libertad y dándole un toque pedagógico al tema, hablamos de libertad en términos de responsabilidad en la acción sin presiones foráneas. La aspiración de cada padre debiera ser alcanzar el punto en que los hijos puedan -en forma autónoma- tomar las decisiones que correspondan en cada coyuntura y desafío, recurriendo al reservorio de enseñanzas que se le brindó en el hogar. Como papás, soñamos asegurar el bienestar de nuestros hijos. En la realidad no podemos garantizar la continuidad de la holgura material para ninguna persona y, en esta área, nos remitimos a brindarles las herramientas necesarias para que se puedan ganar el pan de manera honesta. Sí, en cambio, les podemos proveer sapiencia para sortear los escollos de la vida. Si brindamos estos conceptos con claridad, coherencia y amor, es casi seguro que -estemos presentes o no- recordarán para siempre estas instrucciones. Mordejai brindó a Esther una educación tan firme, que ella siguió sus consejos como si aún estuviera bajo su tutela. Esto se denomina educar hacia la libertad.

¿Por qué Mordejai estaba siempre cerca del palacio? Un Midrash dice que Mordejai presintió que algo incomprensible y tenebroso estaba por ocurrir con el pueblo judío y que por eso estaba atento a todo lo que ocurría cerca del palacio real.
Sin embargo, si volvemos a nuestra propuesta educativa, podemos señalar aquí un mensaje a todos los padres: los jóvenes deben emanciparse. Es una necesidad concreta de la vida sensata y debe ocurrir en forma paulatina y escalonada de acuerdo a la maduración y a las circunstancias del momento, hasta llegar al grado de maduración en que el joven adulto toma las decisiones de manera responsable por su propia cuenta. Dilatar este proceso (hablándole “al nene”) o apurarlo innecesariamente (“yo a los trece ya tenía que trabajar”), suele ser contraproducente. Aun cuando ya se “cortó el cordón umbilical”, y el hijo puede conducirse con suficiente autonomía en muchos aspectos, los padres no deben dejar de velar por su bienestar. “Yo ya cumplí con lo mío, ya estoy cansado, ya es grande, que haga su vida…”, todas estas expresiones no pertenecen al ideario del padre judío. Es más: a medida que el hijo se vaya emancipando, los temas espinosos que se van presentando deben ser tratados con mucha delicadeza en el modo de transmitir, pero al mismo tiempo, sin invadir.

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