Profundizando
Educación Judía
El rol de los padres en la educación
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Discípulo, Disciplina.

Extraido de Mi Hijo, Mi discipulo

Mi padre me enseñó que la palabra “disciplina” deriva de la palabra “discípulo”. Porque el aprendizaje de un discípulo no se puede forzar, sino que debe ser el resultado del deseo del alumno por aprender. De la misma manera, la disciplina nace del deseo de seguir aprendiendo. Como escribe el Gra : “Lo aprendido solo se recuerda a través de la dulzura”.

El Rab Itzjak Hutner , zt”l, dice que así como los oídos escuchan al detectar ondas sonoras y los ojos ven al responder a las ondas de luz, la mente también responde por medio del placer. La mente aprende lo que quiere aprender, lo que disfruta aprendiendo. Por lo tanto, nuestros Sabios nos dicen que debemos estudiar temas que nos resulten placenteros . Es por eso que, en la bendición que se recita antes del comienzo de los estudios de la Torá figura el pedido “y endulza las palabras de Tu Torá en nuestros labios…”. Este principio rige tanto para la disciplina como para el desarrollo de un discípulo.

La “disciplina”, que se origina en la intimidación, desaparecerá una vez que logremos (o que el discípulo logre por sí mismo) dejar de lado sus miedos.
Como consecuencia, generalmente salen a la superficie sentimientos de enemistad y rebelión que hacen que el “discípulo” desafíe hasta el pedido más simple y razonable.
En contraposición a la intimidación, Rashi explica que cuando la Torá dice “toma” a una persona, se refiere a convencerlo “con hermosas palabras” .
Además, el “Alter”, Rab Simja Ziesel Zeev , Zt”l, escribe:

Un alumno debe saber dos cosas acerca de su maestro, que lo inspirarán a aceptar sus lecciones con alegría y deseo: (1) su maestro es más sabio que él y sabe mejor que él qué es lo más beneficioso para el alumno. (2) el maestro se preocupa mucho por el bien de su alumno y no por el suyo propio y no tiene ninguna otra intención.

En cuanto a los padres, el Alter agrega que un hijo no llega a amar a su padre totalmente porque “piensa que su padre no sabe lo que es mejor para él [para su hijo]”.

A veces esta impresión conduce a algo más que a una falta de cariño. Hoy en día existe una enfermedad conocida como la “brecha generacional”. Los niños sienten que están alejados de sus padres. A veces, los padres empujan a los hijos a que sigan carreras importantes porque son ellos mismos los que buscan prestigio. Como decía mi maestro y rabino, zt”l, “‘mi hijo, el doctor’ es producto de la ‘brecha generacional’”. Cuando un niño siente que las expectativas de sus padres, sus consejos y sus directivas reflejan sus intereses personales en lugar de los del hijo, la comunicación padre/hijo sufre un gran daño y se pierde mucho más que la disciplina.

Por otro lado, si los padres le hacen entender a su hijo que solo quieren lo mejor para él, este sentirá cada vez mayor respeto y cariño hacia ellos a medida que vaya madurando. Por ejemplo, cuando un padre no observante inscribe a su hijo en una escuela donde se estudia Torá simplemente porque quiere el tipo de educación que más lo beneficie, no debe tener miedo de que por estudiar allí disminuya su respeto hacia ellos. En todo caso, el niño pensará: “Mis padres se preocupan por mí y quieren lo mejor para mí. Conocen la vida y la gente y vale la pena consultarlos para que me orienten”.

En resumen
La disciplina se basa en el deseo del niño de seguir los lineamientos de sus padres porque él sabe que ellos lo quieren, que quieren lo mejor para él y saben cómo encaminarlo hacia el éxito. Sentar las bases para este tipo de relación, identificar y tratar de superar los obstáculos que impiden su desarrollo son elementos clave para la disciplina.

 

Rab Noah Orlowek

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