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La Justicia Divina
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Dichoso el que es feliz con su parte

Extraido de Y nada me faltara.

-De lo poco que entiendo, usted está diciendo que no podemos cambiar nuestra función en este mundo -dijo Norman.

-Sí -contestó el rabino.

-Entonces, ¿dónde queda entra el libre albedrío de la persona? -preguntó Norman.

-Siempre tenemos la opción de ser felices o no con nuestra función en la vida. Donde quiera que vayamos siempre tenemos la opción de descubrir a Dios en cada momento y en cada situación que encontremos; siempre podemos atribuírsela a él.

-¿Realmente no hay manera de cambiar el papel que se determinó para cada uno? -insistió Norman.

-Básicamente -contestó el rabino.

-¿A qué se refiere con “básicamente”?

-A lo que me refiero es que realmente no podemos cambiar nuestro lote en el plan original, pero hay una manera de desviar o rodear el lote que se nos determinó en el plan original -dijo el rabino.

-¿Cómo funciona? -preguntó Norman.

-Tomando de las reservas que se nos determinaron en el Mundo Venidero. Sin embargo, ya que preguntaste, te diré que realmente puede hacerse una pregunta más fuerte -le dijo el rabino.

-¿Cuál es?

-Aun si la persona pudiera rodear el plan original, ¿debe hacerlo? Después de todo, como dijo Rabenu Behaye, cada alma vino a este mundo contenta con su lote sabiendo su destino y que los retos que se le iban a presentar podían maximizar su potencial. La pregunta es: ¿debemos ponernos en esa situación, si es que realmente podemos? -dijo el rabino.

-Bien. ¿Cuál es la respuesta? -preguntó Norman.

-Primero te mencionaré algunos casos del Talmud en referencia a tu pregunta y después trataremos de buscar una respuesta.
El Talmud dice acerca de Rabí Haniná ben Dosa: “Todos los días una voz celestial proclama: El mundo entero recibe su sustento gracias a Haniná, mi hijo (a través de sus rezos y su rectitud); sin embargo, él sobrevive con sólo unos algarrobos de un Shabat al otro”. Rabí Haniná ben Dosa y su esposa eran felices con su lote, sabiendo que, a través de ellos, el mundo entero sobrevivía. De pronto, ocurrió un incidente un viernes en la tarde, antes de Shabat.

La esposa de Rabí Hanina ben Dosa tenía por costumbre, poner madera en su horno en lugar de jalot, para que, por el humo, pareciera que tenían suficiente dinero para comprar harina y hornear su propia jalá. Una vecina se percató de esto y quería avergonzar a la esposa de Haniná ben Dosa. Se presentó en una visita “amigable”. Sigilosamente se dirigió al horno y de pronto lo abrió. Sin embargo, Dios hizo un milagro y convirtió la madera en jalot.
“Señora, señora” exclamó la vecina completamente sorprendida, “sus jalot se queman”.
La esposa de Rabí Haniná ben Dosa se di cuenta de que un milagro acababa de suceder y contestó sin demora: “Sí. Aquí tengo el palo para sacarlas”.

Después de este incidente, la esposa de Haniná ben Dosa pidió a su esposo que rezara para que recibieran comida como el resto de la gente. Rabí Haniná ben Dosa rezó y el Talmud dice que una barra de oro bajó del cielo. Esa noche, sin embargo, en un sueño se le mostró que en el cielo, mientras todos estaban sentados en mesas de tres patas, ellos estaban sentados en una mesa de dos patas; la barra de oro que recibieron era la otra pata. Inmediatamente entendieron que preferían no tener cosas en este mundo a que les faltara en el Mundo Venidero. Entonces la esposa de Hanina ben Dosa pidió a su esposo que rezara para que del cielo se llevaran la otra pata de la mesa, es decir, la de oro. En efecto, la barra regresó al cielo. El Talmud dice que ese fue un milagro más grande que el primero.
Ese es el primer incidente.

Un caso similar también sucedió con Rabí Shimón ben Jalafta, que también era muy pobre. Un viernes en la tarde, no tenía nada que llevar a su esposa; rezó y le mandaron una piedra preciosa del cielo. Usó la piedra para comprar todo lo que necesitaba para Shabat y más. Sorprendida de ver tanto, su esposa le preguntó cómo había podido comprar tantas cosas. Trató de evitar la respuesta, pero ella insistió tanto que debió decirle que rezó y que le dieron la piedra preciosa. Molesta, ella dijo que no iba a comer nada de lo que había traído hasta que le prometiera que iba a rezar para vinieran del cielo a llevarse la piedra en cuanto Shabat terminara.

“¿Por qué insistes tanto?”, le preguntó el Rab.

“¿Quieres que tengamos una mesa faltante en el Mundo Venidero?”, le preguntó ella.
Rabí Shimón ben Jalafta narró el incidente al gran Rabí Yehudá HaNasi. El rabino le dijo que contestara a su esposa: “Si algo te falta en tu mesa en el cielo, yo lo pongo”.
Shimón ben Jalafta comunicó a su esposa la promesa de Rabí Yehudá HaNasi y su esposa le contestó: “Llévame con el que te enseña Torá”.

él accedió. Cuando llegaron con Rabí Yehudá HaNasi ella le dijo: “Rabí, ¿acaso una persona puede ayudar a su compañero en el Mundo Venidero? ¿Acaso no dice la Torá que a cada tzadik se le otorga su propio mundo?” Y comprobó sus palabras con pasajes de la Torá.
Rabí Yehudá HaNasi le dijo a Shimón ben Jalafta: “Ella tiene razón. Devuelve la piedra”. él rezó y se llevaron la piedra de regreso. Una vez más el Talmud dice que el hecho de que se llevaran la piedra de regreso al cielo fue un mayor milagro.

La conclusión de estas dos anécdotas es la siguiente: si alguien está en el nivel espiritual de estos tzadikim, sus rezos pueden cambiar su lote en este mundo extrayendo las reservas del Mundo Venidero. Sin embargo, una vez que recibieron parte de su porción del Mundo Venidero, se dieron cuenta que habían cometido un error. Tuvieron suerte de poder arrepentirse.

-Me gusta cómo explica la recompensa del Mundo Venidero como reservas bancarias
-comentó Norman.

-Sí. Cuando vas a una tienda, mientras menos dinero tengas al salir de ella, más cosas vas a tener en las bolsas. Nuestro propósito es cambiar las cosas de este mundo por las del Mundo Venidero. Y nuestra porción, lo bueno y especialmente lo malo, es la moneda con la cual pueden comprarse cosas en el Mundo Venidero. El sufrimiento es moneda muy cotizada en el Mundo Venidero. Recuerda cómo solía elevarse Reb Zusia,

Generalmente, quienes eluden el sufrimiento que les corresponde en este mundo lo hacen únicamente tomando las reservas del Mundo Venidero. Eso es lo que explica el Jobat Halebabot: la mayor parte de lo que la gente quiere y recibe en este mundo es realmente un castigo. Están recibiendo la recompensa que merecen por los pocos actos buenos que hacen en este mundo y están quedándose en la quiebra en el Mundo Venidero.

Ezriel Tauber

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