Festejando
Rosh Hashana
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Día de juicio / Coronación del Rey

(selección extraída del libro «Elul, Rosh Hashana, Iom Kipur» © Edit. Kehot Lubavitch Sudamericana)

Basta observar correctamente nuestra conducta de judíos en el día de Año Nuevo, para comprobar que no es éste un festejo frívolo ni un simple aniversario. Rosh Hashaná, como ninguna otra fecha, reúne devoción y plegaria, arrepentimiento y alegría.

Es el día de juicio. Todas las criaturas se presentarán ante el Creador para la evaluación de sus actos. «Toda la humanidad desfila ante ti cual un rebaño de ovejas» (Talmud, Rosh Hashaná 16a). «En este día se decreta el futuro de cada ser viviente para el alío que comienza» (Talmud, Rosh Hashaná 16b). La fecha inspira solemnidad y temor. Pero nos sentimos confiados. El Supremo Juez del universo es Benevolente. Su intención -lejos de dañar- es más bien ayudarnos a seguir las leyes de la Torá, que nos entregara para nuestro bien, para lograr la perfección espiritual, por eso hizo de Rosh Hashaná un día de juicio pero también de perdón.

Rosh Hashaná es el aniversario del sexto día del Génesis: día de la creación de] hombre. Durante esa jornada sucedieron varios hechos trascendentes: Di-s creó a Adán, lo ubicó en el Edén y le prohibió comer del árbol de la sabiduría. Adán comió. Di-s, luego de interrogarlo, lo juzgó. Adán se arrepintió y ese mismo día le concedió el perdón. Dijo el Santo, bendito sea: «que Adán sea un símbolo para todos los hombres; ya que hoy fue juzgado y perdonado, fijaré la fecha como Día de juicio y perdón para sus hijos» (Midrash).
Rosh Hashaná no nos sorprende desprevenidos. Durante el mes de Elul, el Shofar anuncié diariamente la proximidad de esa fecha. Elul nos dio tiempo para realizar un balance de nuestros actos, para formularnos preguntas como: ¿Quién soy? ¿Quién debiera ser? ¿Estoy viviendo de acuerdo al alto nivel espiritual que me indica el Creador en la Torá? Más allá de los cuestionamientos, Elul fue tiempo de acción: dedicamos más horas a la plegaria y al estudio de la Torá, más atención a los necesitados, tuvimos mayor devoción en nuestro servicio al Todopoderoso. Decidimos firmemente erradicar cualquier hábito negativo y cumplir las Mitzvot en todos sus detalles. Y en algún momento, inesperada, una maravillosa sensación se adueñó del corazón arrepentido, como si alguien quitara de allí todo el peso de culpas y remordimientos. Es la sensación de poder recomenzar, inocentes, como recién nacidos, puros. Con este sentimiento llegamos a la Sinagoga la primera noche de Rosh Hashaná. Más que siempre, estamos cerca de Di-s. Las plegarias fluyen del corazón en un éxtasis espiritual que oscila entre el arrepentimiento y la alegría de saber que siempre podernos volver a comenzar.

Rosh Hashana: coronacion del rey

Es importante destacar que Rosh Hashaná no es solamente el día del juicio; es también el día de la Coronación del Rey. Es el día de reconocimiento y aceptación de Di-s como Soberano absoluto del Universo en general y de cada individuo en particular. Cada año, en esta fecha, pedirnos al Creador que acepte reinar sobre nosotros. Por eso la palabra Mélej -rey- aparece constantemente en las oraciones de ese día. En hebreo hay dos palabras para designar a quien ejerce un poder supremo: Mélej y Moshél. Moshél es quien gobierna sin requerir el consentimiento de sus súbditos. Si gobernara entre hombres sería un dictador; también puede ser un pastor de ganado o administrador de bienes inanimados. Su condición de Moshél le permite actuar a su exclusivo arbitrio. También Di-s recibe a veces el nombre de Moshél, puesto que El estableció las leyes de la Naturaleza; los árboles crecen y los astros giran sin tener voluntad propia para hacerlo.

En Rosh Hashaná no designamos a Di-s como Moshél sino como Mélej. El no se impone a los súbditos contra su voluntad. Ellos lo aceptan y coronan como su rey. Los súbditos tienen libre albedrío, lo pueden coronar o –Jas veshalom– rechazar. En la oración nocturna (Maariv) decimos: «y aceptaron Su reinado voluntariamente». Este poder de elección es cualidad exclusiva del hombre. Ninguna otra criatura la posee. «Escoged la vida!» dijo Moisés al pueblo: porque el hombre puede elegir.
Ahora bien, antes de acatar las órdenes específicas de un rey, es imprescindible establecer la autoridad del rey como tal. Durante todo el año el judío debe vivir en la observancia de las Mitzvot y el estudio de la Torá. Rosh Hashaná determina en alto grado la aceptación de ese modo de vida, ya que es la fecha en que rogamos a Di-s que sea nuestro Rey: «Reina sobre todo el mundo con Tu honor» (del Majzor).
Por supuesto, la relación de un rey con sus súbditos implica un acercamiento por parte del rey y por ende un mayor sentimiento y apego por parte de los súbditos. Mientras que la relación del dictador carece de acercamiento al pueblo y por ende no existe la aceptación y el apego de sus súbditos.
Lo mismo ocurre en la relación entre el Creador y las criaturas. Di-s, como Moshél, no se revela en la Creación. Su manifestación es oculta; pero en su carácter de Mélej se trasluce en sus criaturas y da lugar a que lo perciban, para que puedan éstas entablar una relación directa con El y elevarse hacia Su perfección.

En eso consiste nuestro pedido a Di-s: «reina sobre todo el mundo». «¡Gobierna, da vida y dirige al mundo abiertamente, de manera que podamos sentirte!». Pero esa relación Di-s-mundo a nivel de Mélej depende de que nosotros, como judíos, lo aceptemos como rey. Nos entreguemos a El totalmente, como un súbdito obedece a su rey. Esa es la coronación que se lleva a cabo en Rosh Hashaná, y el sentimiento de entrega que debe colmar a un judío durante esas 48 horas.

También en este sentido Rosh Hashaná es el Día del Juicio. El establecimiento de un soberano no depende sólo del deseo de su pueblo. El rey debe aceptar la corona. Lo hará sólo si los súbditos lo merecen, o sea, si están en un nivel que honra a su gobernante. Así sucede en Rosh Hashaná. «Hoy todas las criaturas del universo son sometidas a juicio» (del Majzor). Di-s analiza, pesa y decide si quiere continuar Gobernando (como Mélej) sobre las criaturas. Solo si nos sometemos a Su ley, la Torá, demostramos nuestro deseo de que El continúe siendo nuestro rey. (El estudio y la comprensión vendrán recién después de Rosh Hashaná). «Yo soy de mi Amado… «, Di-s; entonces El, en Su misericordia infinita, nos aceptará, seguirá queriéndonos como Su pueblo: y Mi Amado es mío»

Rosh Hashana: «cabeza del año»

Nombre extraño, «Rosh Hashaná«, significa «cabeza del año». ¿Por qué esta denominación y no «año nuevo» o «principio de año»?
Rosh tiene varios significados: cabeza, principal y primero. La cabeza es, indudablemente, el más elevado de los órganos del cuerpo. Allí residen las facultades del pensamiento y habla, y la mayoría de los sentidos: vista, oído, olfato y gusto. También es residencia del cerebro, que, a su vez, imparte órdenes a todos los miembros del cuerpo y controla cada movimiento. Estando el cerebro en buenas condiciones, el resto del cuerpo puede desempeñarse sin problemas. Pero el menor daño causado a este órgano puede incidir notablemente en el resto del organismo.
En este sentido Rosh Hashaná es casi literalmente una «cabeza» para el resto del año. En esta fecha se revelan las facultades más elevadas del alma. El corazón judío se torna más sensible; siente en profundidad la cercanía del Creador. Rosh Hashaná ejerce sobre los doce meses siguientes una influencia similar a la que la mente ejerce sobre el cuerpo. Un Rosh Hashaná «sano» vivido en la forma adecuada, en el verdadero espíritu judaico, de Teshuvá, Tefilá -plegaria- y Torá -estudio-, será el impulso inicial que lleve a todo un año de vida judía concretándose en Mitzvot en la vida diaria.

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