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Deja Vu: Un llamado a despertar de Tishá BAv

Gentileza Aishlatino.com

Esther Jungreis tenía ocho años cuando, como presa del campo de concentración de Bergen-Belsen, hambrienta y humillada, escuchaba los gritos diarios de los oficiales Nazis: “¡Fórmense en fila, ustedes Yudishe shwinehunt (puercos-perros)!”.

Y, mientras ella obedecía sus órdenes, la pequeña Esther solía pensar: “Estoy feliz de que soy hija de la gente que estuvo parada en Sinai y sellaron un pacto con Dios para ser su pueblo eternamente y vivir bajo su Torá. Estoy feliz que no soy hija de esta nación de bestias”.

“La atmósfera en Europa hoy es igual como lo era en 1938. A cada país que fui, los judíos me decían que tenían miedo”.

El verano pasado, la Rebetzin Esther Jungreis, una de las conferencistas más carismáticas en el mundo judío, hizo un recorrido de conferencias en Europa. “Siento decirles”, ella declaró una semana después en una entrevista en Jerusalem, “que la atmósfera en Europa hoy es igual a como era en 1938. En cada país que fui, los judíos me decían que tenían miedo, que estaban experimentando un antisemitismo virulento”.

Sus palabras fueron subrayadas por el veredicto judicial de la semana anterior en Francia, del asesino Musulmán que torturó a Ilan Halimi hasta la muerte porque, en las palabras del jefe de la pandilla, “el era judío”. La mayoría de los co-defensores se retiraron con argumentos tan ligeros que el Ministro de Justicia de Francia tuvo vergüenza de llamar a un nuevo juicio. Pero tal vez más ominosa fue la declaración audaz del fiscal Francés, quien acusó a los defensores de hacer de un “antisemitismo normal un antisemitismo odioso”. ¿Qué, en realidad, define la línea entre antisemitismo “normal” (entonces ostensiblemente aceptable) y la variedad “odiosa”? ¿Si los atacantes musulmanes hubieran matado a Ilan sin torturarlo por 24 días, sería eso aceptable en la Francia del Siglo 21?

“Europa se está convirtiendo en Eurabia”, la Rebetzin Jungreis declara abiertamente. El continente está siendo dominado por musulmanes radicales, que son vehementes activistas anti-Israel. “Y…”, ella advierte, “anti-Israel significa anti-judío. Hoy en día es políticamente correcto ser anti-Israel o anti-Zionista, en vez de antisemita. Pero si alguien tiene alguna duda sobre las intenciones de los radicales musulmanes, sólo recuerden a Daniel Pearl. El no era un colonizador, ni un israelí, ni siquiera estaba involucrado activamente en el judaísmo. De hecho, estaba casado con una no judía. ¿Cuál fue su crimen? Lo que sus asesinos lo hicieron declarar antes de decapitarlo: ‘Yo soy judío’”.

La palabra “asustada” no puede ser aplicada a esta pequeña dinámica mujer, quien a la edad de 73 puede hablar en cuatro diferentes continentes en una semana y cuyas enseñanzas, escritos y su programa de consejería, con menos de tres horas de sueño cada noche, desgastarían a una persona la mitad de su edad. Sin embargo, como sobreviviente del Holocausto, la Rebetzin Jungreis esta claramente preocupada por un sentimiento de algo ya visto, mientras ella observa a un mundo en silencio frente a un antisemitismo creciente.

“Antes y durante el Holocausto, no hubo siquiera una nación que se levantara y hablara por nosotros. Y hoy, todavía no hay ni una nación que hable por nosotros. El mundo entero está negociando con dictadores despreciables. Mientras más depravadas se convierten las naciones musulmanas, ramas de olivo son tiradas a sus pies, y más presión es puesta sobre Israel, la única democracia en el Oriente Medio. Esta presión emana no únicamente de las fuentes tradicionales antisemitas, sino de nuestro gobierno Americano también. Las concesiones que Washington demanda de Israel no están muy lejos del suicidio. Y aún así, muy pocos parecen preocuparse. Adicionalmente, la administración ha dado luz verde al programa de fuerza nuclear de Irán, con tal que, ¡sea utilizado para propósitos de paz! Si no fuera tan trágico, sería para reír. ¿No entienden ellos que nosotros… no, no sólo nosotros, el mundo entero, escuchó a Ahmadinejad abiertamente proclamar sus intenciones de borrar a Israel del mapa?”.

La Rebetzin Jungreis cita el discurso de Ahmadinejad, en septiembre de 2008, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el cual proclamó:

“La dignidad, integridad y derechos del pueblo americano y del pueblo europeo son puestos en juego por un pequeño pero engañoso número de personas llamados Sionistas. A pesar de que son una minoría minúscula, ellos han estado dominando una importante porción de los centros monetarios y financieros al igual que los centros de decisiones políticas de algunos países europeos y de los Estados Unidos, de una manera engañosa, compleja y secreta… Esto significa que el gran pueblo americano y varias naciones de Europa deben obedecer las exigencias y los deseos de un pequeño número de gente codiciosa e invasora. Estas naciones están gastando su dignidad y recursos en los crímenes, ocupaciones y amenazas de la red Sionista, en contra de su voluntad”.

Aunque el engañoso dictador Iraní difirió de las diatribas similares de Hitler reemplazando el título “Juden” por “Sionistas”, ni un solo país miembro de las Naciones Unidas (excepto Israel) salió durante su discurso. De hecho, señala la Rebetzin Jungreis, la Universidad de Columbia invitó a Ahmadinejad a hablar. “¿Podrías imaginarte invitar a Hitler a hablar en la Universidad de Columbia?”, ella pregunta con pesar.

La misma noche, después de su discurso en las Naciones Unidas, Ahmadinejad apareció en Larry King Live. En vez de enfrentar las acusaciones de Ahmadinejad, Larry King (él mismo es judío), amablemente le preguntó a su invitado, “¿Cuántos años tienes? Te ves tan joven, pero ya tienes hijos casados”. La Rebetzin Jungreis, con voz suave pero con sus ojos en llamas, declara: “Yo le hubiera hecho preguntas muy diferentes”.

¿Qué puedes hacer tú?

Si tu fueras un judío en Europa, en Marzo de 1939, y de alguna manera, mágicamente, supieras todos los horrores que serán perpetrados contra los judíos de Europa – los ghettos, la hambruna, los vagones, los campos de concentración, las cámaras de gas, las marchas hacia la muerte – ¿qué harías para detenerlos?

Esta fue la pregunta que recientemente hice a un grupo de estudiantes universitarios americanos, quienes están siendo preparados para cargos de dirigencia comunitaria judía. Una mujer levantó su mano y contestó, “Yo alertaría a los dirigentes mundiales”.

Yo respondí: “El líder mundial que simpatizaba más con los judíos era FDR, pero en 1944, cuando supo lo peor, incluso él, como lo sabemos ahora, rehusó bombardear los rieles de los trenes que iban hacia Auschwitz, un acto que hubiera salvado la vida de cientos de miles de judíos húngaros”. Me volví hacia el grupo y pregunté: “¿Cuántos de ustedes piensan que los judíos podrían haber sido salvados alertando dirigentes mundiales?”. Ni una sola mano se levantó.

Yo pedí otras sugerencias, y un hombre joven ofreció: “Habían ejércitos mercenarios en aquellos días. Yo hubiera utilizado dinero judío para contratar un ejército mercenario que nos defendiera”.

“¿Un ejército mercenario? Ningún ejército en Europa podía derrotar al monstruo destructivo de Hitler. ¿Cuántos de ustedes piensa que los judíos podrían haber sido salvados por un ejército mercenario?”. Ninguna mano se levantó.

“Yo hubiera advertido a los judíos de Europa que huyan”, una joven mujer sugirió.

“¿Hacia dónde?”, le pregunté. “Todos sabemos que ninguna nación del mundo, incluyendo los Estados Unidos, quería recibir judíos que aún podían salir de Alemania en 1938. Aparte, numerosos relatos atestiguan que los judíos que fueron advertidos por aquellos que escaparon de los campos de la muerte, simplemente rehusaron creer que fuera posible que en el siglo 20, en la Europa iluminada, hombres judíos, mujeres y niños fueran masacrados en fábricas de muerte. Como continuamos viendo hoy, la capacidad judía de auto-engaño en relación a las intenciones de nuestros enemigos es ilimitada”.

Los alumnos universitarios se quedaron sentados en silencio, con mirada tétrica.

Acabábamos de ver una película de “La Tercera Jihad”, (The Third Jihad), un documental sobre los peligros de los militantes del Islam. “Yo no estaba preguntándoles a ustedes en realidad cómo prevenir el Holocausto”, les expliqué. “Realmente, yo les estaba preguntando cómo prevendrán el próximo Holocausto. ¿Hay alguien aquí que cree que soluciones diplomáticas o militares podrían salvar a los seis millones de judíos de Israel, quienes inminentemente enfrentarán una bomba nuclear Iraní?”.

El grupo se quedó en silencio.

La solución de la Rebetzin Jungreis

El día de ayuno de Tishá B’Av conmemora la esencia trágica de la historia judía: la destrucción del Primer y Segundo Templo en Jerusalem. Tishá B’Av no fue solamente una tragedia espiritual (debido a que se retiró la presencia Divina), sino que también dio paso a todas las tragedias físicas de los 2000 años de exilio; todas las Inquisiciones, Cruzadas, Pogromos y Holocaustos, nacieron de la calamidad de Tishá B’Av.

Los Sabios del Talmud hicieron una curiosa pregunta: ¿Qué causó la destrucción del Templo? Estos sabios estaban cronológicamente tan cerca de la destrucción del Templo como lo estamos nosotros del Holocausto – una sola generación. Todos ellos sabían que los romanos habían encendido fuego al Templo. Aún así, ellos entendieron que lo que nos sucedía a nosotros como pueblo judío, estaba determinado por Dios en respuesta a nuestras propias acciones. Es por ello que los Sabios famosamente concluyeron que el Templo fue destruido por nuestras faltas espirituales, por sinat jinam, odio gratuito entre judíos.

Igualmente, la Rebetzin Jungreis apunta a una solución espiritual para nuestra terrible situación. Cuando le preguntan cómo los judíos de hoy en día pueden utilizar el surgente antisemitismo para abrazar su judaísmo en vez de huir de él, la Rebetzin Jungreis contesta: “Si un judío trata de escaparse de su pacto con Dios, entonces Dios pone avisos de “Se Busca” en todos los periódicos del mundo: ‘SE BUSCA: ANTI-SEMITAS PARA RECORDARLE A MI PUEBLO QUIéNES SON’. Y desafortunadamente, hay siempre millones de voluntarios. En cada país, donde vayas, encontrarás antisemitismo. No importa lo qué haga un judío, su obligación con el Pacto lo seguirá para siempre. Muchos judíos en Hungría antes de la Segunda Guerra Mundial, se convirtieron al Cristianismo. Cuando éramos empujados dentro del vagón de ganado, una mujer le gritó al guardia Nazi, “¡Yo no soy judía!”. él simplemente la empujó con la cacha de su rifle dentro del vagón.

“Dios no es castigador, él es correctivo”, la Rebetzin Jungreis explica. “Un padre amoroso disciplinará a su hijo cuando deba hacerlo – no por enojo, sino por el genuino deseo de hacer lo que es mejor para el niño. Dios es nuestro Padre. Nosotros estamos experimentando la tragedia de una nación que ha olvidado quién es, así que Dios utiliza el antisemitismo para recordarnos”.

Ella ilustra con un abrasador ejemplo: De acuerdo al Talmud, una de las razones por las que Dios nos salvó de la esclavitud en el antiguo Egipto fue porque no cambiamos nuestros nombres judíos. “Rebobinar hacia adelante”, La Rebetzin Jungreis declara, señalando que en Alemania antes de la Guerra, la asimilación y el matrimonio mixto eran desenfrenados. La mayoría de los judíos se olvidaron de sus nombres hebreos. Ellos se convirtieron en Otto y Eva. Entonces, en 1938, Hitler pasó las Leyes de Nuremberg. Una de esas leyes demandaba que todos los judíos debían asumir un nombre judío, que cada hombre judío debía añadir el nombre “Israel” y cada mujer judía debía añadir el nombre “Sara”. Por lo tanto, si el nombre de un judío era Otto Schwartzbaum, el debía convertirse en Otto Israel Schwartzbaum. Los judíos habían olvidado quienes eran, pero Hitler se los recordó.

“Rebobinar hacia adelante, hasta el año 2010”, La Rebetzin Jungreis dice. “Cuando yo hablo en las universidades, doy libros gratis, y dedico cada libro al receptor. Le pregunto a cada estudiante ‘¿Cuál es tu nombre judío?’. La mayoría de ellos contesta, ‘No sé’. Yo les digo ‘Debes averiguar urgentemente cuál es tu nombre judío’. Si no tienen un nombre judío, les digo que vayan donde su rabino y le pidan un nombre judío, o incluso yo les doy un nombre judío. Porque tu nombre judío no es simplemente un nombre. Tu nombre judío es tu raíz, tu herencia, tu identidad. A través de tu nombre judío te vinculas a la misión de tu vida”.

Hace pocos años, ella fue invitada a encontrarse con ministros del parlamento húngaro. Uno de los ministros le preguntó: “¿Estás enojada?”.

La Rebetzin Jungreis inquirió, “¿Qué quiere usted decir?”.

El ministro explicó: “Durante el Holocausto, este mismo parlamento aprobó todas las leyes antisemitas”.

La Rebetzin contestó: “Nosotros no somos una nación que se satisface con el enojo. Pero permítame contarle una historia. Mis ancestros en el antiguo Egipto sufrieron esclavitud y degradación. Si usted hubiera preguntado quién tenía más oportunidad de sobrevivir el milenio, los esclavos israelitas o el imperio egipcio, todo el mundo se hubiera reído de usted. Pero todo lo que quedó del imperio egipcio son las pirámides y un par de reliquias en el Museo Británico, y nosotros, el pueblo judío, aún estamos aquí. Y esto es así para todos los grandes imperios del mundo, desde el babilónico hasta el romano. El gran imperio romano mató a cientos de miles de judíos. El emperador Tito construyó un arco de triunfo en Roma para conmemorar la conquista de los judíos. Yo pasé por ese Arco saliendo de los campos de concentración de Hitler en nuestro camino hacia la libertad. Hitler clamó que él dio al mundo “la solución final”. El incluso construyó en Praga un museo para exhibir los artefactos del extinto pueblo judío. Pero su ‘Reich de mil años’ sobrevivió 12 años, y nosotros, los judíos aún estamos aquí.

La supervivencia judía, explica la Rebetzin Jungreis, es la parte Divina del Pacto. Nuestra parte es guardar los mandamientos de la Torá.

“Si tan sólo nos permitiéramos un momento de verdad que ilumine nuestros corazones”, dice con dolor la Rebetzin Jungreis, “fácilmente admitiríamos nuestro lamentable estado. Sólo considera que nosotros, la nación que enseñó al mundo pagano sobre Dios, nosotros, la nación que introdujo el lenguaje del rezo a la humanidad, nosotros, la nación que ha dado significado al concepto de fe y confianza, ha olvidado cómo voltearse hacia Dios, cómo confiar en él, cómo tener fe en él”.

Con dolor obvio, ella cita un artículo reciente en el New York Times. El artículo mantenía que en estos tiempos de crisis económica la gente no puede ir a psicoterapia, así es que, en vez, van a sus consejeros religiosos. Una mujer de negocios musulmana, entrevistada por el reportero, se quejó que es difícil encontrar un buen lugar para rezar cinco veces al día cuando ella está en el mundo de los negocios. Una mujer católica se quejó que las exigencias sexuales de la Iglesia son muy restrictivas. ¿Cuál fue la queja de la mujer judía? Ella encuentra muy estresante tener un apellido judío y ser identificada con Israel. Por esta razón, ella le asegura a las personas que no tiene ningún problema con comer puerco y que Israel no tiene nada que ver con ella. “¿Qué ha sucedido con nosotros?”, lamenta la Rebetzin Jungreis. “Dios mira a Sus hijos y llora”.

La Rebetzin Jungreis termina con una fuerte nota:

“Hitler necesitaba ghettos. Yo sé. Yo estuve en uno.

“Hitler necesitaba vagones de ganado. Yo sé. Yo estuve en uno.

“Hitler necesitaba campos de concentración. Yo sé. Yo estuve en uno.

“Hitler necesitaba cámaras de gas. Yo sé. Yo estuve en una… sólo que aquella vez, salió agua en vez de gas.

“Ahmadinejad no necesita ghettos, ni vagones de ganado, ni campos de concentración, ni cámaras de gas. él puede conseguir lo mismo solamente apretando un botón. ¡Dios no lo permita!”.

¿Qué harás para detenerlo?

Sara Yoheved Rigler

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