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Cuídate y Hashem te cuidará

Dos Iehudím, Reubén y Shimhón, viajaban en un barco para ver a sus respectivas familias. Se desató en el medio del mar una terrible tormenta, y la nave se vio obligada a anclar en un puerto de España, en plena época de la inquisición.
Cada uno de ellos fue alojado en una casa diferente, y como estaban en peligro sus vidas porque hacía cuatro días que no probaban bocado, se vieron obligados a alimentarse con comidas no Kasher. Una vez repuestos, se dispusieron a despedirse de sus anfitriones y les agradecieron por las atenciones recibidas.
Cuando estuvieron nuevamente en el barco que los llevaba a continuar el viaje, hablaron de sus experiencias:
“A mí me tocó vivir en una casa donde de veras odiaban a los Iehudím“, relataba Shimhón “Menos mal que no les dije que soy Iehudí, porque si no, seguro que me mataban”.
“A mí me ocurrió algo que tengo que atribuirlo a un milagro. Yo tampoco les dije que soy Iehudí, y cuando me estaba por ir, el dueño de casa me dijo: “por tu cara, veo que eres Iehudí. Pero no te preocupes; nosotros también lo somos. Nos hacemos pasar por no-judíos, pero realmente cuidamos todas las Mizvot de la Torá. Tú habrás creído que en estos días que estuviste con nosotros comiste Taref (no-casher), pero no fue así.

Ven; te mostraré cómo en nuestro sótano le hacemos Shejitá a los animales, y hasta nos cuidamos de no mezclar carne con leche…”. He visto con mis propios ojos -continuaba relatando Reubén-, cómo Hashem me cuidó para que en mi boca no entre ningún alimento no Kasher…”.
Shimhón, al escuchar a su compañero, se sintió mortificado. Si bien es cierto que la Torá permite comer cualquier cosa para alimentarse si la vida está en peligro, quería saber por qué Hashem no lo protegió milagrosamente como lo hizo con Reubén.

Cuando llegó a destino, se dirigió a un Rab para preguntarle. Luego de contarle todo, el Rab le preguntó: “Dime la verdad: ¿Tú alguna vez comiste algo no Kasher por propia voluntad sin que nadie te obligue a hacerlo?”.
“Bueno. No le voy a mentir -confesó Shimhón-. Una vez estaba paseando en el bosque y me encontré con un grupo de Iehudím que estaban comiendo y bebiendo. Me invitaron a participar de su fiesta, y allí comí carne y queso Taref, y tomé del vino de ellos. Cuando me levanté de allí dije: “¡Qué Di-s me perdone!”.
“Pues mira tú mismo cómo Hashem conduce a Sus criaturas -le dijo entonces el Rab-. Tu compañero nunca comió voluntariamente alimentos no permitidos, y Hashem lo cuidó y permitió que sólo entre “Kasher” a su cuerpo, a pesar de que si hubiese comido Taref estaba exento de faltas, pues su vida corría peligro. Y de todas las casas a las que podía haber entrado, Hashem lo condujo a aquella que estaba habitada por Iehudím que cumplían Mizvot. En cambio tú, por no haberte cuidado cuando debías haberlo hecho, perdiste la oportunidad de que Hashem te cuide…”.

Niflaim Maaseja

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

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