Estudiando
6.Mishpatim
El Libro de Shemot (Exodo)
+100%-

Cuidar la Lengua

Drasha de TORAH.ORG

En una porción repleta de órdenes y leyes que detallan centenares de los más diversos aspectos de la vida judía, nuestros sabios analizaron detenidamente las yuxtaposiciones de estas leyes, elucidando aún más sabiduría y guía moral en las santas palabras de la Torah. Es así que explicaron la muy interesante yuxtaposición de dos preceptos que son totalmente diferentes. Un versículo nos dice acerca de las leyes de un animal de taref (no permitido): «Un pueblo santo serán para Mí; no comerán carne de un animal que murió en el campo; al perro lo tiraran» (Éxodo 22:30).

El próximo versículo nos advierte acerca de dar testimonios falsos, «no acepten un testimonio falso, no extiendan la mano al malvado para ser un testigo falso» (Éxodo 23:1). Los dos versículos parecen estar bastante desarticulados. Pero el Talmud en el tratado de Pesachim, pagina 118 cita a Rav Sheshet en nombre del Rav Elazar ben Azariah que conecta los dos versículos. «Quien habla o acepta el chisme (lashon hara) es digno de ser tirado a los perros, pues el versículo “…al perro lo tiraran…» e inmediatamente después la Torah dice «…no acepten un testimonio falso…”

Al principio la conexión es difícil de entender. ¿Qué tiene que ver que hay que tirar carne la taref a un perro con la persona que chismorrea? Los dos parecen ser totalmente inconexos. Según el comentario del Mechilta, la carne dada a los perros es una recompensa por su comportamiento en la noche del éxodo de Egipto. Esa noche, a pesar de los gritos de los egipcios por la muerte de los primogénitos, los perros estaban tranquilos. «Contra ningún hijo de Israel los perros afilarán su lengua, ni contra el judío o su bestia, para que sepan que Hashem habrá diferenciado entre Egipto e Israel» (Éxodo 11:7) Por lo tanto ellos son recompensados con la carne de la que un judío debe abstenerse de comer. ¿Cómo su recompensa por no haber atacado es una lección para que aprendamos a no hablar chismes?

Leí recientemente acerca de un hombre que pasaba sus vacaciones en una de las islas del Caribe. El hombre quiso una habitación para él mismo y para su perro, y por lo tanto preguntó si el establecimiento, un hotel en Kingston, Jamaica, permitiría al animal.

Unas semanas mas tarde, el hombre recibió la respuesta: “Estimado Señor: He estado en el negocio hotelero por cuarenta años y nunca tuve que expulsar a un perro desordenado, nunca tuve un caso de un perro que queme un colchón mientras fumaba. Nunca tampoco tuve a un perro que se robe una toalla o que se vaya sin haber pagado su habitación. Nunca tuve como huésped a un perro borracho. Su perro es bienvenido en nuestro hotel. Lo saludo atentamente.”

El Chafetz Chaim explica que el Talmud hace una comparación asombrosamente profunda. La razón por la que se recompenso a los perros fue porque su naturaleza es de ladrar y atacar cuando sus amos son atacados o cuando ocurre una tragedia. A pesar de su instinto, ellos fueron contra su naturaleza y se refrenaron. Ellos siguieron la orden del Todopoderoso y se mantuvieron calmos. La Torah recompensó esa actitud con nuestra carne taref que nosotros debemos cuidarnos de no comer.

Pero cuando los seres humanos, que supuestamente deben controlar sus deseos y la lengua, pierden el control, no hay mejor método de aprender a cómo mejorar esta falla que a través del ejemplo de los mismos animales que dominaron su instinto en momentos de suma dificultad.

Cuán apropiado es que los dos versículos, el que recompensa a los perros por controlar su instinto, se yuxtaponga con aquel que advierte a sus amos mortales de cuidar la lengua, pues desgraciadamente perdemos perspectiva con demasiada frecuencia. Somos los amos de nuestros animales, pero cuanto más debemos ser los amos de nuestros propios deseos!

Shabat Shalom

Rabbi Mordechai Kamenetzky

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