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Cuanto vale un momento?

Extraído de Escoge la vida, por el Rab Ezriel Tauber

La idea de que kidush Hashem (Di-s) es el propósito por el cual fuimos creados, es una idea totalmente extraña para el mundo exterior. El mundo, en general, no tiene idea de cuál es el propósito de la vida. Por ejemplo, el celebrar cumpleaños. ¿Cuál es la justificación para celebrar un cumpleaños? Analicemos. ¿Por qué hacemos fiestas de cumpleaños? Imaginen a una persona que ha sido condenada a muerte por la corte. Viéndolo destrozado por el veredicto final, el juez trata de tranquilizarlo: “No te preocupes. Antes de ponerte en la silla eléctrica te vamos a subir a un tren que va a parar en ocho estaciones. Y en cada estación se te hará una fiesta.” El hombre, recién condenado a muerte, probablemente va a decir: “No, gracias”.
Sin embargo, no tiene otra opción. Lo suben al tren y no hay escapatoria. ¿Tiene sentido que este hombre festeje en cada estación? Cada parada es una estación más cercana a la silla eléctrica.

Nosotros funcionamos de la misma manera. Desde el primer minuto en que nacemos se nos sentenció a morir. Cada año es una parada más cercana al final. Y no hay escape. ¿Es acaso una consolación que se nos permita celebrar en cada estación?
Si algo se tuviera que hacer, lo contrario sería más apropiado: tal vez un mini-funeral. Podríamos escuchar sesenta o setenta elegías antes de que termine todo. Eso tal vez sí sea un consuelo.

En una ocasión mencioné esto a un auditorio y alguien me respondió que la verdadera razón por la que se hacen las fiestas de cumpleaños es porque es un día triste. Y para quitar esa tristeza, hacemos una fiesta. Desafortunadamente, lo que dijo esa persona es más cierto de lo que la misma persona sospechaba. Para mucha gente la definición de vivir bien, es olvidarse acerca del hecho de que se está vivo.
Toda la tristeza del mundo nace del hecho de que la gente no sabe cuál es el propósito de la vida. Esto es algo serio; creo que si lo analizamos un poco, vamos a ver que es cierto. ¿Cómo es que toda la tristeza sea el resultado de no saber cuál es el propósito de la vida?

Porque la felicidad no es un fin por sí mismo, sino es el resultado de luchar hacia una meta. Si la gente persigue la felicidad como un fin, se le escapa ya que al verlo como un fin por sí mismo, automáticamente pierden el enfoque de la verdadera meta que se necesita para ser feliz. Cuando uno busca la felicidad, no la alcanza; pero cuando uno persigue una meta naturalmente se siente feliz, motivado y completo. Por lo tanto, cuando uno sabe cuál es el propósito de la vida y lo persigue, adquiere la felicidad.

Sin embargo, la mayor parte de la gente no sabe cuál es el propósito de la vida. Ni siquiera saben que existe un propósito, por consiguiente, no saben lo que pueden lograr en esta vida. A menudo hago la siguiente pregunta a mi auditorio: ¿cuánto pagarían por un momento de vida? Casi siempre hay un hombre de negocios que responde: “Depende cuánto dinero podría ganar en ese momento.” El tiempo es dinero – -como dice el dicho –. En otras palabras, el tiempo en sí mismo, no es nada; a menos que se utilice para ganar dinero, sólo entonces adquiere valor. Por supuesto otras personas contestarían que la vida no tiene precio. En efecto, un momento de vida no tiene precio. ¿Pero, realmente así piensan?

Supongamos que le ofrecen a alguien extender su vida un momento más. Pero para darle ese momento extra, tiene que dar los ahorros de toda su vida, incluyendo cualquier cantidad de dinero que haya ahorrado para sus hijos y seres queridos. ¿Estaría dispuesto a hacerlo? Probablemente no. Después de todo, la gente argumentaría: ¿qué puedo ganar en un sólo momento? De cualquier manera, sería una decisión difícil. Sin embargo ¿cómo puede ser difícil decidirlo si esa misma persona acaba de decir que un momento de vida es invaluable? Mi respuesta es que la mayor parte de la gente realmente no lo cree. La mayor parte de nosotros no sabemos lo que se puede ganar en un “momento” de vida.
Aquí es donde conocer el propósito de la vida y estar dedicado a ese propósito, no sólo cambiaría nuestra decisión y optaría por ese momento extra de vida, sino que ayudaría a vitalizar y rejuvenecer todos los momentos de su vida empezando desde ahora.

¿Cuál es entonces el propósito de la vida?
La verdadera meta final de la vida es servir a Dios a través de llenar este mundo con el conocimiento de El. Es decir, divulgar el conocimiento de Dios por medio de la esencia de nuestra vida, o sea, hacer kidush Di-s es la verdadera meta. Si esa es la meta, entonces cada momento y cada medio, se convierte en un fin por sí mismo.
Si entendiéramos esto, entonces valoraríamos nuestro tiempo de forma diferente. Digamos que una persona trabajó toda la semana, cobró su cheque y en el camino a su casa lo asaltaron. Se sentiría terriblemente mal. Una semana entera desperdiciada. Así es como uno se sentiría si vive con la creencia de que el tiempo es dinero. Sin embargo, si una persona fuera a trabajar esa semana, porque sabe que Dios lo puso en ese lugar para ser un ejemplo viviente de santidad, un Judío observante de la Torá, entonces esa semana fue todo un éxito. ¿El dinero? Dios lo da y lo quita.

¿Cuánto vale un momento? Depende… Si pensamos en términos de lo temporal, entonces ese momento es temporal; nos entrega una gratificación inmediata que se goza por más o menos 60 segundos. Después de estos pocos segundos, nunca regresa. Si por otro lado, uno sabe que cada momento posee el premio de la eternidad, la posibilidad de cumplir con el propósito de la vida y crear kidush Di-s, entonces el momento no es unos cuantos segundos, sino es eternidad.

¿Cómo puede uno distinguir entre lo temporal y lo eterno? La elección no siempre es obvia para nuestra mente inexperta, especialmente considerando el hecho de que todo ser humano tiene una gran habilidad para racionalizar. La única respuesta satisfactoria es, entonces, que Dios le indica al hombre qué es para la eternidad y qué no. “Pongo delante de ti la bendición y la maldición – -la vida y la muerte – – escoge la vida!”

Cada uno de los mandamientos en la Torá, nos indica la bendición, la vida y la eternidad. ¿Exactamente cómo es el comer kasher o ponerse tefilin una elección de eternidad? A simple vista esto no se ve con claridad. Nosotros somos “operadores de computadora” que estamos conectados a través del tiempo con el primer operante de la computadora, Avraham.

Nosotros no somos Dios; nosotros no somos el Programador Principal que sabe exactamente qué teclas presionar y cuál es su resultado. Todo lo que sabemos es que tenemos instrucciones frente a nosotros. Estas instrucciones son los mandamientos de la Torá; son las indicaciones en la pantalla que le dicen al operador cuál es la siguiente tecla a presionar. Mientras presionemos las teclas correctas (aun si el acto mismo no tiene sentido para nosotros), produce el efecto deseado.

Por supuesto, eso no excluye el hecho de que podamos experimentar una gran satisfacción al cumplir los mandamientos; sin embargo, sentir la recompensa inmediata al cumplir cada uno de los mandamientos no debe ser la razón por la cual los cumplimos. Si cada momento es otra oportunidad para presionar otra tecla y al presionar esa tecla estamos produciendo recompensa infinita, entonces ese momento no es de unos cuantos segundos, este momento es eternidad. Este conocimiento es suficiente para darle sentido y felicidad a la vida.

Por supuesto, la elección no es fácil. El precio de la eternidad es el estar dispuesto a sacrificar las tentaciones del momento. A menudo explico esto con una analogía. Imaginemos que una persona tiene en sus manos la última manzana del mundo. Esta persona tiene mucha hambre y decide comérsela. Temporalmente satisfizo su estómago, sin embargo acaba de destruir la última oportunidad de llenar al mundo con árboles de manzanas.

Así también, cada momento en la vida, tiene el potencial de ser semilla. Si se consume para una gratificación personal, su eternidad será borrada. Si uno está dispuesto a dejar el placer temporal y uno “siembra” el momento, entonces su eternidad va a dar frutos; como decimos en nuestros rezos matutinos: “…Nos has dado una Torá verdadera y la vida eterna, la plantaste entre nosotros.”

Entre más comprende un Judío lo que gana al cumplir la Torá, es menos el sacrificio y a la vez se convierte en el placer más grande. La Torá nos da la oportunidad de hacer que cada momento tenga su propósito. El tener ese conocimiento nos produce verdadera felicidad, aun cuando el propósito para ese momento sea quitar algo de una gratificación inmediata. Si se entendiera el valor de un sólo momento, no se cambiaría por nada; lucharíamos por ese momento de vida. Ese es el singular mensaje de el propósito de la vida de acuerdo a la Torá.

Rab Ezriel Tauber

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