Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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¿Cuál es la realidad de la vida matrimonial?

Selección extraída de “El río, La olla y el pájaro” escrito por Aharon Feldman

El único problema que el matrimonio resuelve es el problema de la soltería. Claro está, éste no es un problema sin importancia, ya que el hombre está demasiado solo, demasiado desarraigado y demasiado distraído para ser capaz de afrontar los desafíos reales de la vida sin el matrimonio. Pero el matrimonio por sí mismo no proporciona soluciones definitivas; es simplemente el mejor marco para lidiar con los problemas de la vida.

Que la vida presente dificultades no debería ser sorprendente. La vida debe ser una serie de desafíos. No existe una bendición permanente sobre la tierra. Lo que importa es que afrontemos estos desafíos apropiadamente, ya que entonces habremos logrado nuestro propósito en la vida. Como los Sabios dicen: “Hoy [es decir, este mundo] es para trabajar; mañana [el Mundo Venidero] es para la dicha de la recompensa.” Uno tiene que operar dentro del estado natural de la existencia llamado matrimonio para enfrentar los desafíos de la vida.

La realidad del amor

El rabino Leib Jasman, famoso baal musar y mashgiaj [supervisor espiritual] de la Yeshivá de Jebrón, cierta vez vio a un estudiante comer pescado con gran apetito. “Dime, joven,” le preguntó, “¿Te gusta el pescado? El bajur contestó afirmativamente. “Si te gusta el pescado,” replicó el rabino Leib, “entonces deberías haber cuidado del que está en tu plato; deberías haberlo alimentado y tratado de hacerlo feliz. En vez de eso, lo estás devorando.” En lo que el estudiante buscó una respuesta correcta, el rabino Leib explicó: “Obviamente no te gusta el pescado. Te gustas a ti mismo.”

El rabino Leib estaba tratando de hacer notar que lo que la mayoría de la gente llama “amor” es en realidad amor por uno mismo. El amor vendido en la publicidad y en las pantallas de televisión en todo el mundo es meramente el amor egoísta de la satisfacción del placer. El romance descrito como un ideal es, generalmente, sólo una glorificación de algunos de los instintos básicos del hombre, una fantasía de gratificación física y emocional.

El verdadero amor, en contraste, existe cuando uno está dispuesto de ceder algo preciado para el beneficio de otra persona. Desarrollar una relación de amor no es un proceso instantáneo. Uno no puede amar a menos que algo haya provocado ese amor. Cuando una persona siente gratitud por los beneficios que otra persona le ha dado, cuando encuentra cualidades nobles en el otro, cuando siente que alguien está dedicado a él incondicionalmente, sólo entonces podrá amar verdadera y completamente a esa persona.

No es sorprendente que esta forma de amor no llega en los primeros años de matrimonio. Dos extraños que se han encontrado un limitado número de veces antes de convertirse en marido y mujer no pueden disfrutar de este grado de mutua devoción. El amor, en su sentido verdadero, sólo es posible entre dos personas que han pasado muchos años compartiendo experiencias, que han trabajado juntos hacia objetivos comunes, pasado sacrificios por el otro y construido una vida juntos. Debe ser comprendido que ello puede tomar décadas.

Es por esto que los primeros años de matrimonio son los más difíciles y por lo que la mayoría de los divorcios ocurren en este período. Por esta razón, entre otras, la Torá ordena que el hombre pase el primer año de matrimonio haciendo feliz a su mujer. Como el autor del Sefer HaJinuj explica, un hombre y su mujer, que empezaron casi como dos extraños, necesitan tiempo para acostumbrarse uno al otro. Una pareja recién casada necesita trabajar más durante el primer año de matrimonio que en ninguna otra etapa de su vida conyugal, aprendiendo a ser mutuamente compatibles. Esta obligación refleja la realidad del matrimonio y demuestra la ingenuidad de esperar que el amor empiece simultáneamente con el rompimiento del vaso matrimonial.

El matrimonio no puede comenzar con amor verdadero. Lo que debe estar presente al principio, sin embargo, es un fuerte compromiso de los dos cónyuges de dedicarse a ayudarse y servirse mutuamente como amigos de toda la vida. Esto significa que el marido debe comprometerse a tratar a su esposa tan bien como se trataría a sí mismo: satisfacer las necesidades físicas y emocionales de ella; asegurar su felicidad; no negarle nada que no se negaría a sí mismo y tratarla con todo respeto. Todo esto esta contenido en la prescripción de los Sabios acerca de las obligaciones del esposo a su esposa: “Debe amarla como a sí mismo y honrarla más que a sí mismo.” Esto significa que debe satisfacer sus necesidades tanto como él satisface las suyas, y debe preocuparse de hacerla sentir respetable a sus ojos (tanto como a los ojos de los demás), aun mas de lo que él se preocupa por sus propias necesidades y su propio respeto.

Ya que este compromiso hará sentir a cada cónyuge que su esposo o esposa genuinamente se preocupa por él o ella, éste es el primer paso y el camino más seguro para construir la unión emocional que los llevará a un matrimonio feliz.

Esto es posiblemente la razón por la que el profeta Malají llama a la esposa, “Tu compañera y la esposa de tu alianza.” El término “compañera” alude al primer paso del matrimonio, el compromiso de devoción y amistad hecho al principio. La “alianza”, por otro lado, alude al sentimiento de unión sentido por las dos partes de una alianza. El matrimonio como alianza es un matrimonio envuelto con amor que crea esta sensación de unidad. El orden en esta frase, primero “compañera” y después “esposa de tu alianza”, es significante y se refiere a la manera en que el matrimonio se desarrolla. Si la primera etapa, “pues ella es tu compañera” (con el implícito compromiso de guardar las obligaciones conyugales) es cumplida, el matrimonio se desarrollará hacia la segunda etapa donde ella se convierte en la “esposa de tu alianza.”

Hay que notar que “enamoramiento” no es una pre-condición para casarse; lo que se necesita es un compromiso honesto de dedicarse totalmente a las necesidades de su esposa. Aun si faltan emociones intensas al princpio del matrimonio, este compromiso apresurará el amor. , “La actitud de una persona es la imagen reflejada de la actitud de su amigo hacia él.” Actuar con devoción hacia la esposa iniciará un proceso que inevitablemente llevará a una profunda unión emocional.

Se puede admitir que el compromiso de devoción no es fácil de hacer y de conservar. El hombre tiene un egoísmo innato que lo dirige a explotar todo y a todos cerca de él para su propia gratificación. Su inclinación natural será, por lo tanto, satisfacer sus propias necesidades a expensas de su esposa y no ceder demasiado a las necesidades de ella. Cada vez que él actúa con egoísmo, las bases de una relación conyugal exitosa se están arruinando. Sólo a través del trabajo de sobreponerse a esta tendencia puede un matrimonio prosperar.

Aharon Feldman

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1 comentario
  1. manuel thomas

    verdaderamente del amor no sabemos nada gracias por este aporte tan importante a modo personal

    09/02/2017 a las 15:46

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