Festejando
Cuenta del Omer
Preparándonos para Shavuot
+100%-

Crear el Tiempo

(selección extraída del libro «Vivir inspirado» por Akiva Tatz, © Ed. Jerusalem de México)

Hasta ahora hemos estudiado algunas de las ideas y los elementos que componen el espectro variado de la inspiración, el trabajo a pesar de la pérdida de la inspiración y el resultado que debería ser el retorno a la inspiración. Teniendo estas ideas en mente, el sendero espiritual que conduce de Pésaj a Shavuot debería ser discernible ya. Definamos este sendero a fin de comprender cuáles son las energías espirituales que en esta época fluyen hacia abajo desde los mundos espirituales.

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Los Sabios expusieron un mashal (alegoría) para arrojar luz sobre este sendero y sobre el concepto de que Pésaj debe ser aprehendido como una totalidad, mientras que sefirat ha ómer, el periodo entre Pésaj y Shavuot debe ser aprehendido en forma opuesta: como una secuencia de elementos individuales.
En cierta ocasión, un padre y un hijo caminaban por un lugar muy peligroso, y hallaron un cofre que contenía un tesoro. El hijo quiso contar inmediatamente las joyas una por una. Pero el padre le dijo: «Es muy peligroso hacerlo; quizás lo perdamos todo si nos demoramos aquí. Tomemos el cofre cerrado con nosotros, y cuando lleguemos a un lugar seguro podremos abrirlo y contar detalladamente todo lo que contiene.»
Lo mismo se aplica aquí. Pésaj debe ser aprehendido como un salto a un nuevo nivel que esté situado incluso a muchas etapas por encima del nivel presente de uno sin que ello implique atravesar cada etapa individualmente. Pero a partir de ahora, comienza el conteo; cada etapa debe ser tomada en cuenta. ¿Qué es lo que esto significa?

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Según hemos visto desde más de una perspectiva, Pésaj es un tiempo de potencial explosivo, de oportunidad para lograr lo que normalmente es imposible. Después del ánimo renovado que Pésaj proporciona, llega el periodo difícil de sefirat ha-ómer, el cómputo del ómer . éste es el periodo de cuarenta y nueve días que conduce hasta Shavuot, el momento de matán torá, la entrega de la Torá. La miztvá de esta fase del año consiste en contar los días entre Pésaj y Shavuot. Lo que no es fácilmente comprensible es qué es lo que se pretende lograr con este cómputo. ¿Qué es lo que se construye en la neshamá y en el mundo por medio del cómputo de los días y de las etapas? ¿De qué modo la labor de contar tiene como consecuencia la simjá (alegría) de Shavuot?
Comencemos por destacar una problemática fascinante derivada de una opinión del Ramban [Najmanides] con respecto a esta mitzvá. El Ramban afirma que ésta es una de las mitzvot que no son she-ha-zemán grama, que no son suscitadas por el tiempo. Hay mitzvot que dependen del tiempo, provocadas por el tiempo; tal mitzvá debe ser llevada a cabo en un momento particular porque el tiempo exige esa mitzvá, porque en cierto sentido el tiempo mismo es la causa de esa mitzvá. Ahora bien, es difícil imaginar una mitzvá que dependa más del tiempo, más definida por el tiempo, que sefirat ha-ómer. Hay que llevarla a cabo específicamente entre Pésaj y Shavuot, cada día al comienzo de cada periodo de veinticuatro horas, al anochecer. Es completamente una mitzvá temporal que señala el paso de los días de Pésaj a Shavuot. ¿Cómo es posible que el Ramban entienda que ésta no es una mitzvat asé she-ha-zemán grama, una mitzvá causada por el tiempo? La palabra «Shavuot» misma significa «semanas»; es el resultado de haber contado siete semanas a partir de Pésaj. ¿Puede haber algo acerca de esta mitzvá que no dependa del tiempo?

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Antes de intentar responder a esta interrogante, planteemos un par de preguntas más. La forma convencional de entender la cuenta del ómer es que se trata de una cuenta atrás, es decir, el cómputo de los días que quedan para llegar a Shavuot; ésta es la actitud normal de quien anticipe con fruición un evento esperado. Cuando uno espera la llegada de un día significativo, uno cuenta los días que quedan entre el día presente y aquel día. Entonces, ¿por qué razón contamos los días que han transcurrido a partir de Pésaj? Lo lógico sería contar los días que quedan hasta Shavuot, cada vez un día menos, en vez de hacer una cuenta incremental de los días que han transcurrido. Pero de hecho en la sefirat ha-ómer contamos ascendentemente: un día del ómer, dos días del ómer, y así sucesivamente. ¿Por qué?
Otra faceta del mismo problema es la siguiente: contamos hacia Shavuot y, sin embargo, a este cómputo lo llamamos sefirat ha-ómer, «el cómputo del ómer», que es la ofrenda que se ofrece en Pésaj. ¿Por qué recibe esta mitzvá su nombre del punto de partida y no de su objetivo? Sin duda alguna, la idea de estas siete semanas es que se trata de un desarrollo progresivo: de la tosca ofrenda de cebada en Pésaj a la ofrenda de harina fina en Shavuot. De hecho, los comentaristas señalan que la cebada es alimento para animales, mientras que la harina fina es alimento para humanos; el concepto subyacente es tomar la parte animal baja y subdesarrollada y elevarla por etapas. Si se trata de un desarrollo hacia un nivel superior, ¿por qué enfocamos hacia atrás? Estas son preguntas fundamentales con respecto a esta mitzvá.

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Intentemos comprender esto. El jidush (la idea novedosa) que hay que entender aquí es que en la Torá contar no es una marca sentimental del paso del tiempo hasta llegar a la meta; es construir esa meta. Contar es un trabajo. Contar significa dar cuenta de y desarrollar cada componente de un proceso en forma total, responsablemente y en su secuencia correcta. Solamente cuando cada detalle ha sido laboriosamente creado e integrado en el proceso mismo se puede llegar a la meta deseada; de hecho, ese acto constituye la meta misma. La secuencia es responsabilidad nuestra; si es llevada a cabo correctamente, siempre se llegará a la meta. En términos espirituales, la meta misma no puede ser construida o alcanzada directamente; es trascendente. Pero los componentes finitos sí pueden ser construidos; cuando eso se hace correctamente, el resultado se manifiesta en forma de regalo.
Una analogía de esto es la siguiente: la música es un profundo y maravilloso paradigma de la belleza que uno puede percibir en el mundo. Una experiencia musical es, sin lugar a dudas, más grande que la suma de sus partes, las notas individuales que deben ser tocadas para producir la melodía. Uno se conmueve por el conjunto global de la melodía, la interrelación y armonía de las notas que se combinan para producir la cualidad distintiva de la melodía en su totalidad. Sin embargo, ese efecto solamente es alcanzado tocando esas notas individuales. Cada nota debe ser la correcta, tocada en el instante correcto… ¡y entonces se produce la melodía! Uno no puede producir música «en su totalidad» por medio de un acto único; lo único que se puede hacer es tocar cada pequeño componente individual con fidelidad y exactitud; cuando esto es hecho cuidadosamente el resultado es la música.
Esta analogía no es arbitraria: la música está compuesta por siete notas (la octava nota es lo mismo que la primera), las cuales se combinan para formar mucho más de lo que uno podría imaginarse si las escuchase individualmente. El cómputo del ómer cuenta siete semanas de siete días; en términos místicos, estos elementos y los elementos de la música están basados en la misma fuente. De hecho, el término místico que describe el origen último de los siete elementos sobre los cuales está basado el mundo físico es sefirot, palabra que literalmente significa «elementos computacionales» (La raíz s-for significa contar, la misma que la de la palabra mispar, número.) El mundo mismo está basado en un cómputo, en unidades específicas combinadas de modos específicos para producir la
totalidad del universo. Ahora podemos comenzar a comprender qué se quiere decir cuando se habla de «la música de las esferas».

Akiva Tatz

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