Festejando
Cuenta del Omer
Preparándonos para Shavuot
+100%-

Crear el Tiempo…Continuación

(selección extraída del libro «Vivir inspirado» por Akiva Tatz, © Ed. Jerusalem de México)

…continuación de Contar los días..

La música proporciona una comprensión aún más profunda de este concepto. En términos místicos, uno puede alcanzar una fusión con la unidad o la totalidad de la Creación si es que uno entiende correctamente la forma en que están construidas sus partes. En la música existe el potencial para experimentar esto de algún modo misterioso. Está escrito que cuando un cierto profeta necesitaba inspiración para poder profetizar se hacía traer música. La forma convencional en que se entiende este fenómeno es que la música calma y da ánimo, condiciones necesarias para la profecía.
Sin embargo, este fenómeno es mucho más profundo que eso. La música es una expresión de la armonía perfecta de componentes individuales necesaria para producir una entidad nueva, una experiencia nueva. éso es una condición necesaria para la profecía: tomar los componentes finitos de la vida física y utilizarlos para que se conviertan en receptáculos para la trascendencia, para la revelación. De hecho, las palabras utilizadas en ese contexto son: Ve-hayá k-naguén ha-menaguén, lo cual puede ser entendido en el sentido de «cuando el músico tocaba», entonces se alcanzaba la profecía. Pero un examen más minucioso de estas palabras nos da una traducción mucho más impactante: Ve-hayá k-naguén ha-menaguén -«cuando el músico se convirtió en música». Ciertamente entonces que se alcanzaba la profecía.
Como ya hemos señalado, es sumamente difícil expresar estos conceptos con palabras. Las palabras siguen siendo notas individuales, aisladas. Deben ser entonadas correctamente para poder ser escuchadas.

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Sefirat ha-ómer es un cómputo así. La trascendencia de Shavuot -la Torá- no es alcanzada por un acto único que la construye, sino por una construcción deliberada y laboriosa de cada uno de los siete días de las siete semanas que llevan a él. Y cuando esto es realizado, Shavuot es el resultado. Nosotros trabajamos en el proceso, en el camino que conduce a él, no en el resultado; y entonces el resultado ocurre por sí mismo.
La ilustración más clara de este principio es el hecho de que la Torá ordena «contarás cincuenta días», y sin embargo solamente contamos cuarenta y nueve días. ¿Por qué? ¿Por qué no contamos en la práctica el quincuagésimo día en Shavuot mismo tal como esas palabras indican? La respuesta es sorprendente: no podemos contar el quincuagésimo día; éste es trascendencia pura, pertenece a otra dimensión completamente, más allá del cómputo finito. Es Shavuot, la entrega de la Torá. Lo estaríamos limitando si le asignamos un número finito. No es un elemento más; es la totalidad. Podemos contar las cuarenta y nueve etapas finitas, humanas; cuando lo hacemos, la trascendencia de Shavuot llega como un regalo, como la maravillosa consecuencia de nuestra atención a los fragmentos. De hecho, cumplimos el mandamiento de la Torá de contar el quincuagésimo días al no contarlo, al no limitarlo a un número finito. éste es el único modo en que podemos llegar a Shavuot: hacer todo lo que podamos y luego dejar que la kedushá se manifieste.
Esta es la cualidad esencial de lo espiritual: hace efecto sobre lo físico cuando éste ha sido utilizado y preparado correctamente; es la totalidad y la unidad que trasciende la suma de sus partes. Nosotros contamos cuarenta y nueve; Dios cuenta cincuenta.

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Y ésta es la razón por la que contamos a partir de Pésaj y no hacia Shavuot. No podemos provocar Shavuot; solamente podemos construir el camino a él. Construimos sobre la base del ómer, en lo que tenemos como comienzo en Pésaj. éste constituye nuestro punto focal: «Hoy es un día del ómer» -hemos construido un día; «hoy son dos días del ómer» -hemos construido dos días. Cuando hayamos construido cuarenta y nueve días correctamente, Shavuot toma las riendas. Y tanto nosotros como nuestro cómputo nos habremos convertido en una realidad superior: Ve-hayá k-naguén ha-menaguén.
Contar es construir. Algunas personas cuentan específicamente las cualidades de carácter según las siete subdivisiones correspondientes a las siete categorías principales a lo largo de las siete semanas de la sefirá, y trabajan con intensidad en cada una de estas cualidades en el día que le corresponde; un verdadero acto de «cabalgar sobre las olas» del tiempo que puede ser hecho en esta época del año. Pero incluso sin tener esta intención específica, el cómputo mismo construye. Existe la idea de que cuando una mujer cuenta los siete días que conducen al nivel espiritual superior que experimenta al sumergirse en el mikvé, debe contar específicamente cada día; no sólo asegurarse de que ya ha transcurrido el intervalo de tiempo requirido, sino activa y conscientemente contar cada día. El cómputo mismo construye ese nivel.

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Es por esta razón que contamos a partir de Pésaj en vez de contar hacia Shavuot. ésta es también la razón por la que este festival es llamado Shavuot, «semanas»; recibe su nombre a causa del tiempo mismo que hemos contado. Y esto también proporciona un indicio de por qué las fuerzas espirituales esenciales son llamadas sefirot, los «cómputos» del mundo.
Ahora podemos regresar a la cuestión que habíamos planteado al principio acerca de la intrigante opinión del Ramban de que sefirat ha-ómer no es una mitzvá causada por el tiempo. El Ramban nos está revelando aquí una extraordinaria idea: la Torá nos quiere enseñar que, contrariamente a lo que pensamos, el tiempo no es necesariamente una entidad fija que provoca cambios y eventos, que el tiempo exige, causa y provoca una determinada respuesta por parte de nosotros. Esto no necesariamente es así. Al contrario, nuestros actos, nuestras mitzvot pueden ser una raíz mucho más profunda aún. El tiempo no es -como solemos pensar comúnmente- algo fijo y establecido de una vez por todas; no, puede incluso depender de nosotros. En otras palabras, sefirat ha-ómer no es una mitzvá causada por el tiempo, sino que el tiempo es causado por sefirat ha-ómer. Nuestro cómputo construye la realidad. Qué extraordinaria comprensión acerca del poder causativo y creativo de la Torá y las mitzvot, la base fija y subyacente de la realidad.

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Y qué comprensión tan grande acerca del sendero espiritual. No hay que esperar a que los eventos nos ocurran a nosotros; no hay que esperar para que la inspiración, la bendición y la santidad de las temporadas lleguen a nosotros; debemos construir estas mismas cosas. No hay que permanecer estacionarios en el tiempo mientras éste pasa sobre nosotros, debemos movernos activamente hacia adelante para salir al encuentro de estos grandes momentos. Los sabios de la mística afirman que si uno espera a que llegue la kedushá, la santidad, podría no llegar nunca. Uno debe salir hacia ella; es entonces que ella se apresura hacia el que la busca.
En la dimensión del espacio hallamos que en los regalim, los festivales de Pésaj, Shavuot y Sucot, tenemos la mitzvá de aliyá la-reguel -ir, viajar hacia el bet ha-mikdash, el Templo, el centro de la kedushá en la dimensión espacial. Y específicamente en estas ocasiones, cada una de ellas siendo un punto focal de kedushá en el tiempo.
Los cabalistas tenían la costumbre de salir hacia el campo para recibir el Shabat. Es por eso que ahora decimos likrat shabat lejú ve-neljá -«vengan, vayamos al encuentro de Shabat». Shabat, el centro de la kedushá en el tiempo, debe ser buscado activamente, hay que acercarse a él, hay que moverse hacia él. ésta es la única manera de que sea mekor ha-berajá, «la fuente de la bendición».

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Contar los días, crear el tiempo. No debemos sufrir pasivamente el tiempo; debemos construir nuestras vidas de tal modo que provoquemos que el tiempo se haga real. Atravesar pasivamente el tiempo deja que el tiempo disuelva inexorablemente la vida. Construir la vida mediante la construcción consciente y activa de sus elementos en la kedushá provoca que el tiempo trascienda hacia la eternidad, y que nosotros nos hagamos parte de esa sublime melodía.

Akiva Tatz

1 comentario
  1. arual

    precioso disertar sobre las esferas, que elevaran al cielo en cada ser una especifica melodia, dependiendo se su transitar.

    21/04/2018 a las 13:39

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