Festejando
Jol Hamoed y el Séptimo día de Pesaj
Pesaj
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Cosecha de un momento

(Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe: Menajem Mendel Schneerson)

Nuestros Sabios cuentan que cuando el Iam Suf se abrió para el pueblo judío, árboles frutales crecieron del lecho del mar; los niños tomaron la fruta de estos árboles y con ella alimentaron a los pájaros, quienes se unieron al pueblo judío en su cántico de alabanza al Omnipotente[1].

Se nos dice que Di-s es reacio a alterar las leyes que El Mismo estableció para definir y regular el orden natural del universo[2].

Un milagro es, así, un suceso extraordinario, realizado únicamente cuando es absolutamente necesario. ¿Cuál era el propósito de estos árboles que instantáneamente brotaron y se cargaron de frutos?

Oportunidad Histórica

“Todo fue creado para servirme”, declara el Talmud, “y yo fui creado para servir a mi Creador”[3]. Pues sólo al hombre se le ha concedido la libertad de elección y voluntad; únicamente sus actos tienen una importancia moral y trascendente.

De modo que mientras cada entidad y ser tiene un rol en el propósito Divino puesto en la Creación, todos ellos dependen del hombre para la concreción de este papel a través de que él los desarrolle y utilice conforme el diseño del Creador.

Es el hombre a quien la Torá, que plantea este diseño, ha sido dada, y es el hombre a quien se le ha otorgado la concesión y capacidad para implementarla.

Cuando el hombre ejecuta un acto que sirve al plan de Di-s para la creación, con ello “eleva” la multitud de objetos y fuerzas que involucra en su acto.

Por ejemplo, cuando la persona escribe un cheque para caridad, eleva el papel y la tinta de su cheque, todo el conjunto de herramientas y recursos de los que se aprovechó, y la energía invertida, para ganar el dinero, el alimento y la bebida que abasteció esta energía, el entorno que produjo este alimento, etc., etc.

Todos estos se convierten ahora en socios de un acto moral, un acto que trasciende la naturaleza mundana, orientada a sí misma, de todas las cosas físicas – algo que ellos nunca podrían haber logrado por sus propios medios.

Finalmente, cada cosa creada tiene su potencial particular para asistir al hombre en su servicio al Creador.

Nuestros Sabios nos dicen que un arroyo que corre por un remoto claro del bosque puede aguardar miles de años su única oportunidad de ser elevado; aguardar el día en que un judío pase por allí y, proclamando la bendición “Bendito eres Tú, Di-s… que todo fue creado con Su palabra”, beba ávidamente de sus aguas.

El Precedente

El cruce del Iam Suf fue un paso importante en nuestra travesía desde Egipto hasta Sinaí, donde recibimos la Torá, el documento que habría de definir nuestro mandato y misión en el mundo de Di-s. Por lo que en este cruce se nos demostró la naturaleza de nuestro rol en desarrollar y sublimar nuestro ambiente.

La tierra ha sido imbuida por el Creador con el poder de hacer germinar una semilla y nutrirla desde la siembra hasta la producción de frutos.

Sin embargo, aquí había un trozo de tierra que, miles de años antes de este momento y miles de años después, no tendría oportunidad de concretar este potencial.

Y por el fugaz momento en que el mar se separó para permitir cruzar al pueblo de Israel, esta estrecha faja de tierra cobró vida, haciendo brotar árboles y rindiendo frutos, todo para que los pájaros fueran alimentados y cantaran, embelleciendo el cántico de alabanza de un judío al Omnipotente.

Esto era para establecer un precedente por demás poderoso acerca de cómo debemos relacionarnos con los recursos que han sido puestos a nuestra disposición.

Ningún potencial, por más efímero o periférico que fuere, ha de ser dejado de lado. Pues éste muy bien puede ser el momento en que una importante parte de la creación de Di-s concrete su propósito y esencia Divina a través de su contacto con tu vida.

Basado en una Sijá del 15 de Shvat, 5723

Notas:
1. Contado en nombre del Maharal de Praga; véase también Midrash Rabá, Shemot 21:9.
2. Véase Jeremías 33:25; Talmud, Avodá Zará 54b y Shabat 53b; Derashot HaRán, pág. 8.
3. Talmud, Kidushín 82a.

Menajem Mendel Schneerson

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Torá , Biblia Pensamiento judío




1 comentario
  1. Maria

    Qué gran enseñanza, para mi un aprendizaje:fuimos creados para alabar a nuestro Creador.
    No entiendo por qué nos complicamos tanto.
    Éxitos en su transmisión de Tora.

    19/03/2019 a las 08:40

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