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D´s, la Creación y el Alma.
Sobre D´s, el Alma y la Unidad
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continuación de D-s

Selección extraída del libro “Hacia una Vida Plena de Sentido”. Adaptado por Simon Jacobson de las Enseñanzas del Rebe de Lubavitch, © Kehot Lubavitch Argentina.

¿Por qué Existimos?

Una vez que reconocemos a Di-s como la realidad absoluta, debemos cuestionar la existencia humana. Ahora sabemos que existimos (porque Di-s nos lo dijo) pero también sabemos que no hay nada que diga que debemos existir. El universo de Di-s difícilmente dejaría de existir si alguno de nosotros no hubiera nacido. De hecho, la realidad absoluta de Di-s no sería afectada en modo alguno si toda nuestra existencia no hubiera ocurrido nunca.

Nuestra creación, entonces, es el modo de Di-s de elegir que cada uno de nosotros exista. Ninguno está aquí por accidente; estamos aquí porque Di-s quiere que existamos. ¿Pero por qué?

Di-s creó el universo y la vida como los conocemos para realizar Su visión como divino arquitecto. “Di-s deseó tener una morada en los mundos inferiores” (Midrash Tanjumá, Nasó 7:1. Tania, cap. 36). Creó la Tierra, los recursos que descansan dentro de ella, y los seres humanos que viven sobre ella. Es nuestro deber aprovechar esos recursos para refinar y perfeccionar el mundo material y hacerlo una morada para Di-s. Éste es el propósito de la vida humana.

Para que podamos lograr este propósito, Di-s creó este mundo “inferior”, el nuestro. Es un mundo en el que la realidad de Di-s inicialmente está oscurecida, donde vemos la realidad humana como primordial. ¿Por qué Di-s quiso oscurecer Su “autoría”? Porque, para que el hombre exista realmente, y haga elecciones en su vida, se nos permite experimentamos a nosotros mismos como una realidad independiente. Si no tuviéramos independencia, nuestra existencia sería insignificante; seríamos como meros muñecos tirados por un hilo.

En lugar de eso, Di-s creó un mundo “agnóstico”, donde Su realidad no es visible. Oscureció Su presencia de nosotros con tanta eficacia que realmente nos percibimos a nosotros mismos como la única realidad. Podemos comprender que Di-s es la realidad, pero experimentamos la existencia de Di-s como algo fuera de nosotros, como una realidad sobreimpuesta, mientras que en verdad, es Di-s quien es real y nuestra existencia está “del lado de afuera”.

Hay capas y capas de comprensión separando nuestra realidad sensorial de la realidad absoluta de la energía Divina. ¿Este es un juego que está jugando Di-s, de ocultarse de los ojos humanos? Por el contrario; en realidad es un don, una oportunidad para nosotros de acostumbrarnos al paisaje. Antes de que un niño pueda escribir, debe aprender el alfabeto. Y antes de que podamos comprender la brillante luz de la realidad de Di-s, debemos dejar que nuestros ojos se acostumbren a la luz que nos rodea. Después podemos usar nuestra luz para espiar dentro de las muchas capas de una realidad más profunda.

Pero si toda nuestra existencia se basa en el principio de que Di-s está oscureciendo Su presencia, ¿cómo sabemos que realmente existimos a Sus ojos? ¿Cómo sabemos que realmente estamos haciendo algo al perfeccionar nuestro mundo material? En la Biblia, Di-s nos dice que Él quiere que Lo conozcamos, ¿pero cómo podemos conocer a un Di-s que está totalmente por encima de nosotros? ¿Y realmente le importa a Di-s lo que nosotros hagamos?

La respuesta a estas preguntas está en comprender el proceso misterioso y complejo por el que Di-s creó la existencia humana. Di-s, que es en Sí mismo indefinible e indescriptible, eligió crear al hombre y ponerlo en un mundo físico que es a la vez definible y describible. También eligió manifestarse en este mundo a través de las leyes de la lógica que Él creó, a través del asombroso plan de la naturaleza y de cada ser humano, y a través de la divina providencia. Se nos permite experimentar estos divinos atributos para que podamos empezar a comprender a Di-s y a tener una relación personal con Él. Después aprendemos a abstraerlo, hasta comprender en última instancia que Di-s está inclusive más allá de cualquier cosa que podamos abstraer.

Sí, realmente existimos en la perspectiva de Di-s, y Di-s tiene en cuenta que lo hacemos; no porque debamos existir o porque Di-s deba tomarnos en cuenta, sino porque Él elige que sea así. De ahí que Su cuidado de nosotros sea absoluto, no arbitrario y no negociable.

El hecho de que Di-s oscurezca Su presencia de nosotros de modo que sintamos que somos una existencia autónoma, no significa que no existamos en la perspectiva de Di-s. El hecho de que Di-s oculte Su presencia no es una ausencia de luz; más bien es como una “caja” que oculta de nuestro ojos lo que hay adentro. Y lo que hay adentro de la caja es la pura luz y energía de Di-s.

Por nosotros mismos, entonces, no existimos, pues “no hay nada más aparte de Él”. Pero “con Él”, existimos. Lo que no es real es nuestra percepción de que nuestra existencia es todo lo que hay. El intelecto humano no alcanza para comprender cómo Di-s puede ocultar Su presencia mientras nos permite llevar una existencia independiente. Pero el misterio no limita nuestra relación con Di-s; en realidad la acentúa, demostrando más aún qué apartado está Di-s de nuestra existencia, induciéndonos así a una mayor reverencia y anhelo de acercarnos a Él e integrar Su realidad a nuestras vidas.

Para unirnos con Di-s debemos combinar ambas perspectivas, la de Di-s y la nuestra. Debemos primero usar plenamente nuestras mentes y corazones para descubrir y comprender a Di-s tanto como seamos capaces; después debemos aceptar que la mente humana no lo es todo, que algunas cosas simplemente no pueden comprenderse con nuestra limitada percepción. Este reconocimiento nos permite relacionarnos mejor con el misterio mismo de la existencia de Di-s. Reconocemos la paradoja de que Di-s está más allá de la realidad que conocemos, mientras que al mismo tiempo abarca la realidad. Que Di-s es capaz de crear tanto lo finito como lo infinito, lo físico y lo trascendente -porque Él está por encima de ambos; Él no es definido ni indefinido. Al contemplar este misterio, nos elevamos a un plano enteramente nuevo; sobre todo, llegamos a relacionarnos con Di-s en Sus términos.

Puesto que Di-s quiere que nos unamos con Él, creó un proceso complejo y elegante por el que podemos hacerlo. Empezamos elaborando y haciendo preguntas, después nos enfrentamos emocionalmente con nuestro dolor existencial mediante nuestra busca de sentido. Lentamente escalamos la vasta montaña de realidad, paso a paso, respondiendo algunas preguntas y descubriendo otras nuevas, encontrando continuamente respuestas más profundas, hasta que finalmente empezamos a relacionarnos con Di-s y unirnos a Él. Llegamos a comprender que no podemos definir a Di-s; aceptamos que está más allá de toda definición, incluyendo el término “más allá de toda definición”. Ésta es la definitiva unidad: en un mundo de definiciones y paradojas, reconocemos a Di-s, que está más allá de todas las definiciones y paradojas.

Todo en este universo consiste de dos dimensiones, una externa y una interna. Con el tiempo, llegamos a comprender esta dicotomía dentro de nosotros. Reconocemos que aunque el cuerpo físico es nuestra dimensión más visible y externa, es nuestra dimensión interna (nuestras emociones, nuestros deseos y aspiraciones, nuestras almas) la que es, con mucho, más importante.

Debemos prepararnos para mirar al universo del mismo modo. Es cuestión de cambiar nuestra perspectiva “de afuera hacia adentro” en “de adentro hacia afuera”. En lugar de mirar primero la capa externa, y después viajar hacia adentro, debemos aprender a ver la capa interior como nuestra fuerza primordial. Y debemos cultivar la experiencia de esta capa al punto donde podamos usarla para informar a la capa exterior.

No es una tarea simple, pues pasamos todas nuestras vidas mirando al universo de afuera hacia adentro. Al principio, puede parecer imposible llegar a conocer a un Di-s que es tan diferente de nosotros. Pero Di-s nos dio la capacidad de hablar sobre Él, y nos dijo que debemos hacerlo. Podemos encontrar a Di-s dentro de nosotros, y podemos inclusive encontrar al Di-s que está muy por encima de nosotros.

Es nuestro deber, y nuestro mayor desafío, reconocer la diferencia entre la realidad humana y la realidad Divina, y aceptar las oportunidades que Él nos ha dado de transportarnos de un plano al siguiente.

¿Cómo nos relacionamos con Di-s?

Para encontrar a Di-s, debemos aclimatarnos lentamente al crecimiento espiritual. Debemos ascender paso a paso hasta que podamos empezar a ver el universo desde una perspectiva espiritual y, en última instancia, desde la perspectiva de Di-s. Este viaje completa el círculo de nuestra misión cósmica: empezar en Di-s y terminar en Di-s, concretando de ese modo la visión de nuestro Creador.

El primer paso en este proceso es simplemente reconocer una realidad que es mucho más grande que nosotros, y reconocer que nuestra realidad no es real en sí; es sólo una extensión de la energía divina. El segundo paso es hacer de este mundo una cómoda morada para Di-s. Por fin, unimos ambas realidades, la nuestra y la de Di-s.

Lo logramos viviendo una vida material al servicio de un objetivo espiritual: haciendo realidad nuestra alma, nuestra capa más interna, para que dirija a nuestros cuerpos, nuestra capa externa, hacia un objetivo más alto. Una persona puede pasar el noventa por ciento de su vida comiendo, durmiendo, ganándose la vida, divirtiéndose, y en general atendiendo a sus necesidades materiales. Pero si todo esto se hace para dedicar el restante diez por ciento a la plegaria, el estudio, la caridad y otras tareas Divinas, entonces esa persona está transformando activamente la naturaleza misma de su realidad física.

Al abrir nuestra mente a una nueva posibilidad -que toda realidad humana no es sino una pequeña parte de una realidad abarcadora- podemos exceder los límites de la existencia humana. Empezamos aprendiendo a pensar como Di-s mismo. Aprendemos a abarcar la fe y la razón, la independencia y la unidad. Una vez que nos hemos alzado por sobre los límites del pensamiento humano, podemos incorporar este conocimiento más alto en nuestras vidas físicas: en nuestra lógica, nuestras emociones y, más importante, en nuestra conducta. Como nos instruyen los sabios: “Como Di-s es piadoso, así tú debes ser piadoso. Como Di-s es compasivo, así tú también debes ser compasivo (Talmud, Shabat 133b. Sifrí sobre Deuteronomio 11:22. Maimónides, Código de Leyes, Leyes de la Conducta Adecuada 1:6). Esa conducta Divina crea una unidad entre el hombre y Di-s; para lograr esta unidad es que fuimos puestos en la Tierra. Nuestra perspectiva misma del mundo empieza a cambiar; empezamos a percibir la “luz” dentro de la “caja”. Reconocemos a Di-s en todo lo que nos rodea. Cuando comemos, comprendemos que nos estamos alimentando con fines constructivos y Divinos. Comprendemos que cada objeto tiene un objetivo divino más grande que la mera consumación de nuestras necesidades. La mesa es para estudiar, la sala es para sostener conversaciones importantes. El trabajo ya no es un medio de ganarse la vida, sino una oportunidad de comportarse de modo más ético y moral, y de introducir a Di-s en nuestro mundo. Un médico reconoce la maravilla divina dentro del cuerpo humano y un ingeniero ve en su trabajo un reflejo del plan y la unidad divinos.

Y por último, aprendemos a ser sensibles a la divina providencia. Reconocemos que todo, desde la agitación de una hoja en el viento al movimiento de las galaxias, es impulsado por la mano de Di-s. En lugar de mirar la vida desde afuera, aprendemos a mirarla desde adentro. La próxima vez que hagamos un viaje de negocios o de vacaciones, no nos preocuparán los aspectos triviales o externos de la gente que encontremos o las cosas que veamos. En lugar de eso, examinaremos nuestra vida a un nuevo nivel de realidad, y nos preguntaremos: ¿Por qué Di-s me trajo aquí? ¿Qué lección más profunda debo aprender de este encuentro?

A medida que aprendemos a buscar el sentido en todo lo que pasa en nuestra vida, encontraremos que nuestra vida misma se hace más significativa. Las interacciones cotidianas, por triviales que sean, toman nuevo significado. Cuando empezamos a separar las muchas capas que ocultan la realidad Divina, nuestro intelecto y percepción sensorial se hacen más agudos. El mundo real empieza a emerger, ya no amortajado en la confusión y la oscuridad, sino bañado en la luz del conocimiento superior.

En ese punto, logramos una hazaña sin precedentes: A la vez que mantenemos nuestra existencia, nos reconocemos como una manifestación de lo Divino. Además, introducimos una energía nueva en este mundo “inferior”; ayudamos a revelar la esencia de Di-s en un universo que originalmente se vio a sí mismo independiente y opuesto a Di-s. Reconocemos que nuestro mundo, que siente que no tiene causa, pudo haber sido traído a la existencia sólo por un Di-s indefinido e indefinible, que no tiene causa.

Para lograr todo esto, el divino arquitecto dio un plano, un mapa de ruta que ilumina los muchos senderos tortuosos y oscuros del mundo. Este mapa de ruta es la Biblia, que le da a la humanidad las instrucciones para llevar una vida significativa y productiva. Nos da la perspicacia para ver más allá de las capas externas de nuestro universo físico y ver lo Divino que hay adentro. Nos muestra las buenas acciones que cada persona debe realizar, los medios por los cuales refinar nuestras vidas y nuestro ambiente. Todo ser humano tiene un pequeño rincón del universo material que debe ser refinado y preparado como hogar para Di-s. Ya sea un médico o un científico, un empleado o un camionero, un padre o un maestro. Y cuando todo el universo llega a comportarse de acuerdo con las intenciones de su creador, entramos a la Era Mesiánica: el tiempo de la redención y la revelación de lo Divino en todo el universo.

Suspendiendo nuestros impulsos egocéntricos y tendiéndonos hacia Di-s, no nos volvemos menos, sino más. Dado que nosotros y todos nuestros empeños materiales son pasajeros por naturaleza, también lo son todas nuestras recompensas y objetivos materiales. Cuando vinculamos nuestras vidas a una realidad que es real y eterna, todas nuestras actividades y logros se vuelven más reales y eternos. Recordemos: Di-s nos creó a cada uno con capacidades únicas. La misión que hemos sido elegidos para cumplir en esta tierra no puede ser cumplida por nadie más que nosotros; es nuestra responsabilidad hacernos conscientes de nuestra misión y canalizar todas nuestras energías en esa dirección.

Paradójicamente, nuestra vida se vuelve significativa sólo cuando descubrimos lo carente de sentido que es por sí misma, en relación a la existencia de Di-s. Pero en última instancia, una vez que alcanzamos la perspectiva de Di-s, vemos que la vida no podría tener más sentido.

Solemos oír a gente que cuestiona la existencia de Di-s. Quizás alguno de ustedes sea uno de ellos. Es interesante notar que mucha gente tiende a cuestionar la existencia de Di-s con mucho más rigor que cuestionan muchos otros aspectos de sus vidas. Pensemos en la frecuencia con que nos apoyamos en el saber especializado de otros para determinar nuestras decisiones vitales. Aceptamos el juicio de médicos y científicos. Aceptamos el consejo de gente que nos dice cómo comer y dormir, cómo jugar y trabajar, cómo vestirnos y cómo comportarnos. ¿Con cuánta frecuencia pedimos examinar la investigación básica en que se apoya el diagnóstico del médico, o pedimos inspeccionar la cocina del restaurante donde comemos?

Pero cuando se trata de Di-s, somos mucho más escépticos. ¿Por qué de pronto nos ponemos tan rigurosamente lógicos? ¿Será que tememos la enorme responsabilidad que estamos aceptando cuando nos embarcamos en nuestra misión divina de llevar una vida productiva y plena de sentido?

La gente hoy habla cada vez más sobre Di-s, sobre la necesidad de volver a una busca de valores más altos y mayor conciencia de nuestra misión espiritual en la Tierra. Todo este discurso está bien intencionado; ahora es hora de hacer algo al respecto.

Dejemos entrar a Di-s en nuestra vida. No cuesta mucho. Di-s sólo nos pide una pequeña abertura, el ojo de una aguja, a través del cual Él nos proveerá la más amplia entrada a una realidad absoluta. Dediquemos apenas un pequeño rincón de nuestra vida a Di-s, pero usemos ese rincón para ese solo fin.

Somos la generación que completará el proceso de traer a la conciencia la presencia de Di-s en el mundo. Alcemos por fin la cortina que ha ocultado la presencia de Di-s tanto tiempo. Estamos cansados de la mascarada. Hemos estado esperando, y Di-s ha estado esperando. No Lo hagamos esperar más.

 

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D-s
5 comentarios
  1. cristina

    esta enseñasa de por que existimos, El es la relidad absoluta por eso sabemos que por esto existimo, estamos aqui no por accidente porque Di-s quiere existamos el proposito es la humanidad.En la Biblia Di-s nos dice el nos el quiere que lo conozcamos

    14/08/2016 a las 22:05
  2. Armando

    Excelente.

    15/01/2017 a las 17:52
  3. Raul

    Lo finito y lo infinito no existe para él el porque es no hay otra cosa que pueda medirlo porque él no tiene medida.solo existe en nuestra creación y debemos aprender a verlo desde nuestro interior cada día más y más.

    06/06/2017 a las 11:47
  4. Fredy Konda

    Sim comentario, bellesa pura.

    29/09/2017 a las 12:53
  5. Graciela Quiroga

    Excelente, gracias gracias, me fortalece en el sentido y conocimiento de Todo

    05/10/2018 a las 23:35

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