Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
+100%-

Compromiso total

Extraído de “Dos partes de un todo” Basado en la serie de conferencias de Rabbi Irmiahu Abramov y su esposa Tehilla Abramov sobre Shalom bait

La vaca y la gallina bajaban juntas por el camino, cuando la gallina vio un cartel con la publicidad de un desayuno en un restaurante. El texto del cartel decía: “Servimos bife con huevos”.
Emocionada, la gallina le dijo a la vaca: “¡Mira, ambas somos famosas; figuramos las dos juntas en el cartel!”
La vaca contestó descortésmente: “No me compares contigo. Para ti, es una miserable donación. Para mí, es un compromiso total”.

* * *

Para tener un matrimonio exitoso, tenemos que comprometernos totalmente. Tenemos que aprender a dar en todos los sentidos. Las donaciones superficiales y los gestos simbólicos, simplemente, son insuficientes para enfrentar la plétora de desafíos que ofrece un matrimonio normal. Un elemento necesario para aprender a dar con dicha totalidad es considerar nuestros matrimonios como un absoluto, a nuestras esposas como compañeras eternas.

Muy frecuentemente, un matrimonio atraviesa períodos difíciles, y tanto el marido como la mujer comienzan a tener dudas en cuanto a su cónyuge. “Podría haber elegido a alguien mejor”. “Me tendría que haber casado con éste o con aquél”. Las personas se sienten decepcionadas por el cónyuge y por el shadján (el casamentero). Piensan, “¡me tendrían que haber avisado sobre este notorio defecto!” Esta predisposición a bajar los brazos sin esperanza pareciera tener dos orígenes culpables. El primero es la era en que vivimos. Esta es una generación de plástico y dado que tantas cosas de nuestra vida son descartables, ésto influye en la manera de ver el mundo. Como resultado, también vemos las relaciones, incluso el matrimonio, como algo descartable.

La segunda razón por la que es probable que renunciemos a nuestros matrimonios demasiado rápidamente es porque nos cuesta reconocer que nuestro matrimonio es producto de D’s. Quedamos tan atrapados con los preparativos para la cita, el compromiso y el casamiento que empezamos a creer que nosotros estamos haciendo este matrimonio. Olvidamos que los matrimonios, en realidad, se hacen en el Cielo. Cuando dos judíos se paran debajo de la jupá, ésto está predestinado Divinamente. La Guemará dice que cuarenta días antes de la concepción, una voz del cielo dice: “bat Ploni l’Ploni“, “esta persona está destinada para esta persona”, (Sotah 2a). Cuando nos casamos, hemos encontrado a nuestra compañera espiritual. Aunque a veces parezca imposible, es con esta persona con la que somos capaces de lograr todo nuestro potencial. Después de la jupá, nunca debe haber un elemento de duda.

El Jazón Ish dice que la mayor alegría que puede experimentar una persona es la resolución de una duda. Quizás, ésta sea una de las razones más profundas por la cual uno siente tanta alegría al casarse. Pues en el día en que una persona se casa, se resuelve una gran duda. Al estar debajo de la jupá, la gran pregunta acerca de “¿quién es mi compañera espiritual?” se resuelve. Un hombre debe relacionarse con su mujer con la firme actitud de “tú eres mi compañera espiritual”. Un hombre debe ver a su esposa como si fuera la única mujer del mundo.

Esto se expresa elocuentemente en una de las bendiciones que se da debajo de la jupá. En la quinta berajá decimos: “…k’samejaja itzirjá b’gan Edén mikedem“, “…así como le conferiste alegría a Tu creación en el jardín del Edén, en otro tiempo”. La simjá que uno siente al encontrar a la compañera espiritual se asemeja a la simjá que Adam HaRishón, el primer hombre, sintió al casarse. ¿Cuál es la semejanza? Tenemos que estar tan seguros como lo estuvo Adam HaRishón de que nos estamos casando con la mujer correcta. Así como Adam HaRishón se casó con la única mujer del mundo, un hombre tiene que verse a sí mismo como si se estuviera casando con la única mujer del mundo.

No obstante, existe la opción del divorcio. Cuando marido y mujer tienen una pelea, pueden tener la tentación de mencionar el divorcio como una forma de arreglar las cosas. Este es un terrible error, dado que cuestiona la permanencia de la relación. El divorcio se debe considerar sólo como ultimo recurso. El hecho de que marido y mujer sean compañeros espirituales significa que tienen el potencial para solucionar sus problemas. Son capaces de adaptarse a los defectos y a la idiosincrasia del otro. Esto sólo es posible, sin embargo, cuando hay una actitud de compromiso total y absoluto.

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