Profundizando
1. Perspectiva del Amor desde la Torá
El Amor, La Mujer Judía y El Matrimonio
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¿Cómo uno puede adquirir la cualidad de dar?

(Selección extraída del libro “En busca de la verdad”, por Rab Dessler,  © Jerusalem de México)

¿Cómo puede uno adquirir la cualidad de dar?

Antes de que una persona alcance las alturas de la perfección humana tiene que ser forzosamente deficiente: sus acciones proceden de la experiencia de una carencia y de la necesidad de satisfacerla. No posee aún ese noble impulso que emana de la satisfacción interior y que describimos en el Capítulo Ocho. De modo que en su ascenso hacia su meta debe hacer buen uso incluso de los impulsos análogos al hambre, cuyo fin es la satisfacción egoísta de un deseo personal.
Por ejemplo, en su servicio a D-os actuará sheló lishmah, o sea por interés propio (y del sheló lishmah tratará de alcanzar lishmah); hará cosas por temor, o sea, que tendrá miedo de ser castigado, y realizará mitzvot con la idea de recibir “la porción asignada por el amo a sus sirvientes”, es decir, que buscará recompensa para sí mismo. En las mitzvot entre hombre y hombre, además de estas motivaciones, estará actuando por compasión y simpatía, que no son motivos de amor puro y altruísta, puesto que básicamente están centrados en el yo, siendo su fin el evitar el dolor que causa el ver el sufrimiento de otros.
Todas estas motivaciones están basadas en el tomar, puesto que al final de cuentas uno actúa por beneficio propio; sin embargo es aconsejable hacer uso de todas las motivaciones de este tipo con propósitos espirituales. Este es el significado de ese dicho de los Rabís, de tan difícil interpretación: “Amarás a Hashem, tu D-OS, con todo tu corazón, con tus dos inclinaciones.. tanto la buena como la mala”. La persona que va en ascenso debe hacer uso de sus malas cualidades -es decir, de sus impulsos egoístas- para bien de su progreso espiritual.

Aquí se insinúa un notable concepto para ayudarlo a uno a adquirir la cualidad de dar. El talento artístico es un don divino del hombre, le permite utilizar su refinada imaginación para percibir los matices más sutiles del carácter humano que otros no pueden percibir y expresarlo en la palabra hablada o escrita, en la escultura o en la pintura. Uno tendría que ser en verdad un gran artista para expresar plenamente, por ejemplo, la preocupacion de una madre por sus hijos, lo íntimo y profundo de sus sentimientos. La madre misma no necesita de arte alguno, ella actúa y siente conforme a su naturaleza; pero cuando se da expresión artística a estas emociones, ellas deben impresionar profundamente a todos.
Hashem ha colocado una chispa del artista en cada uno de nosotros, dotando a cada quien de acuerdo a sus capacidades. Siempre que hacemos uso de nuestra imaginación para retratarnos algo a nosotros mismos, ello despierta nuestras emociones y nos impresiona grandemente. Esto es algo de gran valor para cualquiera que adiestra para desarrollar sus emociones en las direcciones que exige la Torah; lo mismo sucede con la cualidad de dar. Antes de llegar a la meta definitiva de gozo y unión estática a D-os en amor (que constituye la base del dar verdadero, como hemos visto) podemos por lo menos tratar de representar para nuestro beneficio la preocupación y angustia de nuestro prójimo en todos sus detalles y matices; la simpatía y la compasion así engendradas pueden impulsamos a actos de amor. En forma análoga podemos imaginar el alivio y la felicidad de nuestro prójimo cuando obtiene lo que tan seriamente necesita. El saber que está dentro de nuestro poder hacer feliz a nuestro amiga o primo, seguramente que hara mas fácil el dar de nuestra parte. Pero para este cuadro que imaginamos sea real, debemos poseer ya cierto grado de amor hacia nuestro prójimo; si éste es insuficiente podemos hacer uso del servicio por miedo”. Podemos sentir que es nuestro deber dar y nuestra imaginacion puede decirnos cómo debe sentirse una persona que da. Asímismo debemos realizar tantos actos de amor como nos sea posible, confiando en que las acciones repetidas influiran sobre la cualidad de nuestro dar, en lo profundo de nuestros corazones.

Cuando hemos alcanzado la cualidad de dar, ya no necesitaremos de las “obras de arte” pues nuestra nueva naturaleza se hará cargo, nuestro dar será puro, surgira de la bondad de nuestro corazon generoso y ya no guardará relación con el interés egoísta en uno mismo.

Rabí Eliyahu Dessler

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