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Cómo mantener la Autoestima

Extraido de Criar Hijos con Conciencia

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La autoestima se basa en el amor (a uno mismo y a otros) y el dominio (de uno mismo y de importantes habilidades para la vida). Puesto que quizá tu entorno exterior no siempre te provea de amor o una sensación de control, debes aprender a apoyarte en ti misma para mantener tu sensación de valía personal sin importar lo que suceda a tu alrededor. Lo siguiente te ayudará a evitar sentirte devastada cuando las cosas no marchen a tu modo o los otros no te den el amor y aprecio que te gustaría:

Primero, debes saber que tienes una valía intrínseca, a pesar de ser imperfecta, porque has sido creada betzélem Hashem, a imagen de Dios (Bereshit 1:27). No permitas que tu autoestima suba o baje de acuerdo con el estado del lavaplatos de la cocina o la conducta de tus hijos. El desorden y la mala conducta no reflejan el estado de tu ser a menos que seas deliberada y excepcionalmente despreocupada y negligente.

Segundo, en lugar de pensar en ti misma como un fracaso cuando las cosas no marchen sin problemas, asume que careces de la información, habilidades, disciplina o experiencia para hacerlo mejor. Todas llegamos a la maternidad con aptitudes diferentes para las diversas habilidades que suponen la buena maternidad y cuidado del hogar. Cuando notes un área en necesidad de mejoría, no te desanimes. Descubre qué puedes hacer para cambiar y entonces hazlo. Recuerda, no es necesario ser perfecta para ser merecedora de amor y respeto, pues si ese fuera el caso, nadie lo merecería, ¡porque nadie es perfecto! Es esencial romper la conexión entre incompetencia en ciertas habilidades y la condena de total fracaso. Todos tienen áreas de deficiencia. Esto de ningún modo implica la total falta de valía.

Tercero, conquista aquello que sea difícil. Si tienes una elección de tareas por llevar a cabo, haz lo difícil. Esto edifica la fortaleza interior y el respeto por una misma. Por ejemplo, si tienes la elección de ir al dentista o evitar aquella tarea a menudo costosa y poco placentera, ¡ANDA! Si te preguntas si tendrías que quedarte en tu casa o ir a aquella clase estimulante o sesión de ejercicios, haz aquello que edifique tu sensación de valía personal. Haz las cosas que has estado aplazando, como escribir aquellas notas de agradecimiento o ir a ver a la maestra de tu hijo si es que ha habido problemas en clase.

Hacer lo que sea conveniente o confortable pudiera ser satisfactorio a corto plazo, pero con el tiempo te hará sentir menos respeto por ti misma. ¿Tendrías que recostarte o lavar los platos? Haz aquello que sea mejor para tu salud mental y física. La actividad y la dificultad son mejores que la apatía y la pasividad. Exígete hasta tus límites. Te sentirás mejor por tus esfuerzos. Por supuesto, si estás enferma o débil, entonces lo “difícil” para ti pudiera ser descansar el cuerpo y no exigirte. Sólo tú puedes elegir por ti misma qué es lo mejor para tu persona dadas tus circunstancias específicas.

Cuarto, reconoce que los términos éxito y fracaso son relativos, en cambio permanente, y con frecuencia totalmente faltos de sentido. Algunos días, el solo hecho de poner un pie delante del otro y hacer un mínimo del trabajo doméstico es un logro importante. éxito puede significar gritar en lugar de propinar una paliza, o dar una ligera bofetada en lugar de un golpe fuerte. Respeta tus limitaciones. No pienses en ti misma en términos de blanco/negro absolutos. Todos tropezamos y caemos. Nadie se queda quieto. Nadie sabe qué presiones o problemas te están afectando en cualquier momento dado. Ninguna persona de afuera puede evaluarte a ti como un éxito o un fracaso. Esto es algo entre Dios y tú.

Quinto, ten estándares realistas con tus hijos, tu marido y contigo misma. No esperes que todos sean siempre comprensivos, serviciales o agradecidos o nunca sentirte resentida y poco afectuosa. Lo harás. Es normal.

Sexto, céntrate en tus metas. ¿Qué es lo que quieres de la vida? Deseas ser una madre compasiva y disciplinada y tener hijos compasivos y disciplinados. Observa tus pensamientos y acciones. No les des importancia a molestias nimias ni a achaques menores. Pregúntate: “¿Este pensamiento o esta acción va a acercarme más a mi meta en la vida?”. La meta del judío es que su vida sea un ejemplo viviente de los valores de la Torá. Si lo que estás haciendo o pensando no va de acuerdo con aquellos valores, detente. Modifica tus pensamientos y tu conducta.

Séptimo, esfuérzate por alcanzar el equilibrio. Tienes que criar a tus hijos, trabajar arduamente, pero encuentra también tiempo para ti misma. Recuerda: Si no soy para mí, ¿quién será para mí? Pero si soy sólo para mí, ¿qué soy? (AVOT 1:14) No te anotas ningún punto adicional en el Cielo sufriendo innecesariamente o descuidando de tu propia persona. El autocastigo no es una señal de salud mental. El hombre debe apuntar a mantener la salud y el vigor físicos […] pues es imposible comprender […] y meditar […] cuando se está hambriento o enfermo o cuando cualquiera de los miembros está adolorido. (HILJOT DEOT 3:3)

Octavo, haz que los que te rodean sepan cuán importante es la afirmación positiva para todos los miembros de la familia, incluyéndote a ti. Declárate fuertemente contra el criticismo. El criticismo que se da despreocupadamente es un veneno espiritual. Lo que sale de la boca debe ser tan casher como lo que entra.

Noveno, céntrate en lo positivo. Hay muchísimos momentos de cooperación y alegría en toda familia, momentos en que ves cómo tus hijos se ayudan entre sí, siendo responsables y amorosos, momentos de risas y humor. Conserva un álbum de fotografías mental de aquellas memorias para poder recordarlas cuando las cosas no estén yendo bien. Si estás teniendo dificultades con un hijo en particular, comprende que en ocasiones los niños más difíciles se convierten en los adultos más creativos y dinámicos. Cuanto más inteligente sea el niño, más propenso será a mostrarse muy activo, curioso e inquisitivo. Comprende que tú, tu marido y tus hijos pasarán por muchas etapas y fases y que si permaneces amorosa y segura de ti misma, verás con el tiempo resultados positivos en tus empeños.

Décimo, sé realista. ¡Todas las madres y los padres emocionalmente honestos nos sentimos a veces incompetentes porque lo somos! Todos cometemos errores y fallamos. No somos omniscientes, omnipotentes ni omnipresentes. No tenemos todas las respuestas. Haz lo mejor que puedas. Acepta tus limitaciones al tiempo de esforzarte por hacer lo máximo que te sea posible. No eres un fracaso; ¡eres sencillamente inexperta o estás exhausta!

Miriam Adaham

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